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Domingo

“Yo defino a la prensa nicaragüense como una prensa de resistencia. Para mí la meta ha sido siempre nunca aceptar la censura ni la autocensura”: Carlos Fernando Chamorro Barrios


Hijo menor de la expresidenta de Nicaragua Violeta Barrios de Chamorro y de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director de La Prensa que fue asesinado a tiros por la dictadura de Anastasio Somoza en 1978, Carlos Fernando Chamorro Barrios es uno de los periodistas más reconocidos de su país, fundador de Confidencial, revista digital que combina el periodismo de investigación y el análisis de la actualidad. Hoy se encuentra perseguido por el régimen de Daniel Ortega, que confiscó las oficinas de redacción del medio que dirige, detuvo a dos de sus hermanos, y él se vio obligado a exiliarse en Costa Rica.

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Fotos: elPeriódico > Edgar Pocón

Dentro de la actual crisis nicaragüense ¿cuál es tu situación y la de Confidencial, el medio que dirigís?

– Desde diciembre de 2018, Confidencial fue ocupado por la Policía y quedó confiscado de manera ilegal, y ya confiscado “formalmente” en febrero pasado. Yo salí de Nicaragua hacia Costa Rica en enero de 2019 y regresé en noviembre de ese mismo año. Las oficinas de redacción seguían ocupadas por la Policía y yo regresé sin haber hecho ningún arreglo con nadie. Hubo cierto retorno de exiliados en 2019, cuando excarcelaron a un grupo importante de presos políticos. Entre ellos Miguel Mora y Lucía Pineda, periodistas de 100% Noticias. Entonces regresé en enero de 2019, pero volví a salir en junio pasado, porque el 20 de mayo volvieron a asaltar la redacción. 

¿La expropiaron? 

– No la expropiaron, porque para expropiar te tienen que indemnizar. La confiscaron de manera ilegal, porque la Constitución de Nicaragua dice que no hay confiscación de bienes. El 23 de febrero de este año, realizaron el último acto de confiscación. Con mucha fanfarria, inauguraron una clínica materna y pintaron todo con grandes rótulos. Llegó la Ministra de Salud, llegaron 300 personas, llegaron parturientas y todo. Yo dejé pasar los días y, como a las dos semanas, fueron unas reporteras nuestras a preguntar como pacientes por los servicios que prestaban. Con lo que se encontraron fue con unos recepcionistas que eran policías armados, que les preguntaron qué llegaban a hacer. Ellas respondieron que andaban buscando los servicios de salud. Entonces los policías les dijeron que iban a preguntar… En realidad, lo que el régimen de Ortega hizo fue un lavado de imagen, para decir: “Estos medios que antes eran terroristas, ahora son clínicas de salud”.

Pero bueno, nosotros abrimos una redacción improvisada en un centro comercial. En un edificio corporativo y eso lo volvieron a asaltar el 20 de mayo, luego de que pusieron a mi hermana Cristiana bajo arresto domiciliario. Querían impedir su candidatura a las próximas elecciones y la acusaron de lavado de dinero. Y aunque a mí no me podían atribuir ninguna relación con la Fundación Violeta de Chamorro, que ella dirige y de la que yo fui parte, pero de la que me separé hace muchos años, salió un documento oficial del gobierno diciendo que yo también era responsable de lavado y que a mí me habían dado no sé cuántos millones. Entonces me dije: “Yo estoy aquí de baboso esperando que me prueben algún delito. Estos ya me condenaron, lo único que estoy esperando es a que me capturen, así que mejor me voy”. Salimos con mi familia y como a los ocho días allanaron mi casa, pero ya nosotros no estábamos ahí. 

Este calificativo de terrorista, tan de uso común en la Centroamérica actual, aplicado a Confidencial, ¿de dónde viene? 

– Fue el calificativo que usaron en Nicaragua para criminalizar las protestas de abril de 2018. Cuando la gente salió a protestar, como todo estallido social no tenía rostro, ni líderes, ni organizaciones. Pero llegó un momento en que las protestas paralizaron el país y el régimen decidió reprimir con paramilitares. Fue en julio, tres meses después de la insurrección cívica, cuando por primera vez Daniel Ortega usó el término “golpe de Estado”.

Dijo en un acto público que los obispos eran golpistas, porque él les pidió que mediaran un diálogo y ellos estaban promoviendo un golpe de Estado y una acción terrorista. Fue ahí cuando Ortega aceptó hablar con la prensa internacional y cuando le preguntaron quién era el responsable de todos estos muertos, dijo: “Estos eran unos terroristas”. Entonces, introduce esa narrativa. 

Cuando a Miguel Mora y a Lucía Pineda los asaltaron, después que asaltaron mi oficina, les abrieron un juicio al día siguiente y los acusaron por incitación al odio y por terrorismo. También a la mayoría de presos políticos de esa tanda, que fueron centenares, los acusaban de terroristas. Ahora a estos 37 presos políticos, de junio pasado al día de hoy, los acusan de conspiración, de menoscabo a la integridad nacional y de traición a la patria, en base a una ley que inventaron que se llama Defensa a la Soberanía Nacional. Por el otro lado, lo alternan con el delito de lavado de dinero. 

Ellos crearon a finales del año pasado cuatro leyes. La ley de agentes extranjeros: Si vos sos parte de una fundación o de una iglesia o de cualquier cosa, tenés que registrarte como agente extranjero… 

¿Qué quiere decir para ellos “agente extranjero”? 

– Alguien que trabaja para una “potencia” extranjera y, por lo tanto, si sos parte de una fundación de derechos humanos que trabaja con fondos de la cooperación internacional, sos agente extranjero y perdés tus derechos políticos. 

Esa es una de las leyes. La otra es la defensa de la soberanía, que inventa el delito de conspiración y traición a la patria. Y la tercera es la de ciberdelitos, que es una ley que regula muchas cosas técnicas en Internet, pero también regula el contenido. Dice que las personas, blogueros o periodistas que divulguen información falsa que provoque la desestabilización económica o política, o que cause daños a la honra y moral de las personas, serán castigados con uno a tres años de cárcel. No dice qué cosa es información falsa. Eso lo decide el juez o quién sabe quién. 

¿Cómo logran trabajar ustedes en Confidencial? ¿Cómo logran sobrevivir a todo ese acoso, a todos esos ataques por diferentes frentes? 

– Nosotros hemos tenido la determinación de no dejar de informar nunca. Yo, básicamente, cuando asaltaron la redacción y se robaron todo el equipo, les dije que encontraríamos una solución y al día siguiente estábamos en línea. 

Yo producía también un programa de televisión que lo mandaba hecho al canal. Y, bueno, me fui a grabar al canal en vivo en ese momento. Después tuve que salir al exilio y nos reorganizamos de otra manera. Por otra parte, gracias a las redes sociales y al Internet, porque nos sacaron de la televisión abierta y el cable, nosotros seguimos produciendo y divulgando contenido. 

Es cierto que las redes sociales son un territorio en disputa, pero, por otro lado, representan un canal de salida fundamental de información. 

El problema de Internet o de las redes sociales es la sobrevivencia ¿les permiten a ustedes tener publicidad de empresas nicaragüenses? 

– Hasta hace poco sí, pero ahora eso es cada vez más difícil. A mí me están imputando delitos penales, entonces ya para una empresa o para un anunciante se vuelve una cosa más complicada. 

Nosotros éramos un medio comercial cien por ciento, pero la crisis económica nos llevó a convertirnos en un medio mixto, que recibíamos donaciones de fundaciones internacionales. La tercera pata de la mesa son las donaciones de la audiencia y, luego, la monetización de YouTube. Pero sí, el desafío de la sobrevivencia es enorme. 

Has seguido a Daniel Ortega desde la revolución sandinista del 79. Lo habrás entrevistado varias veces y conocés como nadie su trayectoria política y su desempeño en el poder. ¿En algún momento te esperabas que todo terminara en esto? 

– Cuando Ortega regresó al poder en 2006, ganó la elección por la división de los otros bloques políticos y gracias a la reducción de la Ley Electoral que permitía ganar con poco porcentaje en la primera vuelta. Esto fue posible por el pacto que hizo con Arnoldo Alemán. Se ganaba con el 35 por ciento de los votos y con cinco puntos de diferencia con el segundo lugar. 

Yo tenía el convencimiento de que Ortega regresaba al poder para no salir nunca. ¿Cómo lo iba a hacer? ¿Cómo iba a consolidar su proyecto de atornillarse en el poder? En ese momento no se veía un diseño que permitiera predecir que su gobierno sería una dictadura de un tipo o del otro. Eso se fue viendo en el proceso. Lo primero que hizo fue construir una dictadura institucional, controlando todos los poderes del Estado, cooptando la Policía y el Ejército. Una dictadura apuntalada con la  cooperación venezolana, que resultó para él de más de US$5 millardos, en 10 u 11 años, que le permitió un presupuesto paralelo para fortalecer el gobierno. Pero además hizo una alianza con empresarios de Nicaragua, de otros países de Centroamérica, de México y de Colombia. Entonces el modelo de Ortega fue un modelo autoritario corporativista, que básicamente cogobernaba con los empresarios, ya que estos redactaban las leyes económicas, la ley de impuestos, la ley bancaria y Ortega mantenía el monopolio de la política. Ese modelo, no era un modelo represivo, sino un modelo que mantenía la represión selectiva y que iba cerrando las libertades a costa de la democracia. Que ese modelo se iba a transformar en una dictadura sangrienta y con una proyección más totalitaria, yo creo que nadie se atrevió a predecir eso. 

Y, ¿cómo pasó?

– Pues que las vacas gordas de la cooperación venezolana se estrecharon en 2017, cuando cayó el precio del petróleo y Ortega tuvo que apretar la relación con los empresarios con una ley. Él no había pospuesto leyes tributarias porque tenía el presupuesto paralelo venezolano, pero de pronto viene la reforma a la ley de la seguridad social.  

Sin embargo, ninguna de esas cosas nos hizo pensar que el modelo iba a derivar en una dictadura sangrienta. Lo que ocurrió, en mi interpretación, es que hubo tensiones, él impuso una ley de seguridad social y los empresarios dijeron no estamos de acuerdo, pero el modelo no colapsó por eso. El modelo colapsó porque surgió una primera pequeña protesta. La reprimieron con brutalidad, aunque ese día no mataron a nadie. Pero bueno, las imágenes generaron un estado de indignación entre los estudiantes de las universidades públicas, eso fue el 18 de abril. Entre el 19 y el 21 de abril, ya había 30 muertos, porque el régimen no estaba diseñado para tolerar oposición, para tolerar que le disputaran las calles en una protesta cívica, como la que estalló en esos días. Ahí fue cuando Rosario Murillo dijo, por medio de su lugarteniente Fidel Moreno, “vamos con todo, y vamos con todo, porque vamos a defender la revolución”.  

Vamos con todo quiere decir vamos con una violencia letal con armas de guerra de la Policía y los paramilitares. Ahí empezó la masacre y eso hizo colapsar la alianza con los empresarios. Los empresarios no rompieron con Ortega por razones económicas, sino porque dijeron que, por razones éticas y políticas, no podían seguir manteniendo esta alianza con un régimen que estaba masacrando al país y anulando totalmente las libertades. 

¿Mantienen esa postura? 

– Sí, la mantienen. En algún momento, incluso los empresarios llegaron a demandar elecciones anticipadas y la reforma electoral, apoyaron e hicieron paros generales. Paros de un día, simbólicos, pero bueno, estaban desafiando al régimen.  

Cuando se impuso la represión de Ortega en el sector empresarial, este se replegó a una actitud de inercia, de no tomar ningún riesgo, de no convertirse nunca ellos en actores democráticos. Era como decir: “Aquí estamos, nosotros no somos responsables de cómo se cambia esto, ahí esperamos a ver qué pasa”

¿Creés que pueda haber alguna solución a la crisis, un cambio?

– La pregunta sería si después de las elecciones del 7 de noviembre, Centroamérica, América Latina, Estados Unidos, la Unión Europea van a desconocer al régimen que va a salir de esas votaciones, que no son elecciones, porque no hay competencia política. Todos los opositores políticos están presos y los partidos políticos fueron eliminados. Entonces yo creo que ahí empieza una nueva etapa del régimen, en el sentido de si tendrá o no reconocimiento político y diplomático. 

Creo que hay tres puntos fundamentales en esta crisis. Lo primero es el reconocimiento de Ortega, que cerró la vía electoral como un dictador y eso tiene que tener consecuencias políticas para la legitimidad de su nuevo gobierno. Qué implicaciones puede tener eso en materia económica, en sus relaciones con el Banco Interamericano de Desarrollo, eventualmente con el Banco Centroamericano de Integración Económica, con el Fondo Monetario, bueno, pues pueden pasar muchas cosas que en este momento no están ocurriendo. Mi segundo tema es la demanda de liberación de los presos políticos. En Nicaragua hay 150 presos políticos, de los cuales 37 han sido detenidos entre junio y el día de hoy. Ahí están los siete precandidatos de la oposición. 

¿Los demás vienen de 2018? 

– Sí, señor. Nunca fueron excarcelados en 2018. Sacaron una parte, pero no a todos. Muchos quedaron ahí y otros que fueron capturando en 2019 y 2020. Y ahora estos de 2021, son más rehenes electorales. Ahí están siete precandidatos presidenciales y todo el liderazgo de la oposición a la dictadura. Ahí están Dora María Téllez, Hugo Torres, Víctor Hugo Tinoco, pero también, José Adán Aguerri, expresidente del Consejo Superior de la Empresa Privada, que fue parte del llamémosle modelo corporativo que describí anteriormente. Está preso Luis Rivas, presidente del Bampro. Está preso un tercer empresario, Juan Lorenzo Holmann, mi primo, gerente de La Prensa. La Prensa está cerrada, la ocupó la Policía.

Pero además están presos líderes sociales, del movimiento campesino, líderes estudiantiles, defensores de derechos humanos, periodistas y van a ser sentenciados y condenados, porque el objetivo de la dictadura es inhabilitarlos políticamente, mientras Ortega esté ahí al frente del gobierno, aunque haya un reclamo nacional e internacional a que esos juicios tienen que ser anulados.

El tercer problema,  que es el más complejo, es cómo se restituyen en Nicaragua las libertades civiles. Eventualmente se tendrá que llamar a la anulación de este proceso electoral para convocar a otra elección. Pero, ¿cómo lo vas a hacer? Primero tienen que restituirse las libertades de reunión, de movilización, de prensa, la libertad de expresión y eso solo es posible en el contexto de una presión máxima nacional e internacional. Esas condiciones políticas hoy no existen. 

¿Cuál es la situación de los pesos políticos? 

– Mirá, están los 37 que mencioné. De ellos, hay cuatro que están bajo arresto domiciliario, entre ellos mi hermana Cristiana. Los otros 32, entre ellos mi hermano Pedro Joaquín, están en la cárcel del Chipote que es la Dirección de Auxilio Judicial, con una ley que permite que sean investigados durante 90 días estando presos. Mientras los estaban investigando, los tuvieron completamente aislados. Cuando ya presentaron acusaciones en su contra, permitieron que un familiar los viera una vez durante 30 minutos. O sea, esos presos estuvieron entre 70 y 85 días sin tener contacto con ningún ser humano, más que con sus carceleros. Tampoco les han permitido a las familias llevarles alimentación, solo agua y algunas veces yogur o Ensure. Es decir, es un sistema carcelario de castigo y de aislamiento y eso es tortura.

En el año 2018 y 2019 lo predominante era la tortura física con altos niveles de brutalidad, incluso hubo muchas violaciones sexuales contra mujeres y contra hombres. Ahora esto es una tortura de otra forma y básicamente los han invisibilizado. 

Tenés una vida dedicada al periodismo ¿en algún otro momento te habías encontrado en medio de una situación tan crítica? 

– No, y exiliarse es duro y hacerlo dos veces, más duro. Yo regresé del exilio, a finales de 2019, sin ninguna garantía, sin negociar con nadie, pero con la convicción de que, bueno, de que había que estar ahí, ser parte de un esfuerzo por apoyar, digamos, el proceso desde el periodismo, desde la resistencia civil y, por otro lado, abrir cauces para  la posibilidad de una reforma electoral, de una salida electoral. Todo el mundo estaba claro de que eso era muy poco probable, pero lo que nadie esperaba es que se iba a desatar otra nueva ola de represión como la anterior, aunque diferente, porque en esta ola represiva han controlado la violencia letal. No han cometido asesinatos como los que hicieron en 2018.

Es difícil preguntar sobre el rol que debería de jugar la prensa en esta crisis, cuando en Centroamérica el periodismo está siendo amenazado desde diferentes frentes, tal vez mi pregunta iría más bien sobre el futuro de la prensa independiente.

– Yo defino a la prensa nicaragüense, como una prensa de resistencia y como una prensa de sobrevivencia, en donde para mí la meta ha sido siempre no cerrar, nunca aceptar la censura ni la autocensura, mantener al país informado todo el tiempo. Por otro lado, evitar caer en la tentación del activismo, para preservar la credibilidad. Porque estamos en medio de una polarización extrema, donde cuando no hay ningún mecanismo de protección para la prensa, lo único que nos salva es preservar nuestra credibilidad y nuestra relación con las audiencias. 

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