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Domingo

Haití, el lado negro de la pobreza


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Un nuevo terremoto ha azotado a Haití. Miles de muertos y heridos. El sábado 14 de agosto de 2021 alrededor de las ocho y media de la mañana la tierra retumbó, registrando los sismógrafos la intensidad 7,2 grados en la escala de Ritcher. Lo que con mucho esfuerzo se había reconstruido a causa del pasado cataclismo del 2010, vuelve de nuevo a ser escombros. La memoria colectiva reconoce los estragos de un cataclismo y vuelven las vivencias de cuerpos soterrados, mutilados, edificios destruidos, destrozos múltiples. 

Por si fuera poco, la tormenta tropical Grace azota el país. Las ruinas de esta sufrida nación parecen no tener límites: hambre, desempleo, epidemias, disturbios, crisis políticas. Unas semanas antes asesinaron a tiros al presidente haitiano Jovenel Moïse en el exclusivo barrio de Pelerin de Puerto Príncipe. El mandatario al asumir en su discurso había dicho:

“Le hago un llamado a la juventud del país, a todos los haitianos que viven en el exterior, a todos los profesionales del país para que se comprometan a mi lado para poner al país de pie, porque Haití está de rodillas”. 

Un magnicidio perpetrado por una banda de narcotraficantes, resaltaron las noticias. Exmilitares colombianos al servicio del crimen organizado, afirmaron distintas fuentes. Otras indican que hay mano de una agencia de inteligencia extranjera. Abundan las especulaciones, pero aún no hay explicaciones razonables. 

Sabemos poco de Haití, siempre ha sido así: el país olvidado al que el poeta de Martinica Aimé Césaire llamó alguna vez “el espantapájaros desechado”. Junto a Guatemala y Honduras, es el más atrasado del continente, acorde a indicadores estándares internacionales. En una palabra: mucha pobreza desde hace décadas, es decir desempleo, sistema de salud colapsado, corrupción, déficit democrático y una gran migración en aumento. Los haitianos no solo buscan emigrar a Estados Unidos, donde no son bienvenidos, sino ahora lo hacen a lugares tan lejanos como Chile y Europa. En la vecina República Dominicana se calcula que viven dos millones de haitianos en forma ilegal. La pobreza y la corrupción empujan a la gente haitiana a dejar su patria, separando familias y corriendo peligros como ahogarse en el mar.

Haití ha sido históricamente dominado por una élite depredadora y una clase política corrupta. La corrupción produce monstruos: miseria y catástrofes sociales y políticas. Es un fenómeno mundial. Lo estamos viviendo hoy en Afganistán, que está al otro lado del mundo y muy lejos de Haití. 

Para comprender un poco las desgracias del arrasado país antillano vayamos atrás en la historia. ¿Cómo obviar que fue en suelo haitiano donde comenzó el proceso de independencia en el continente latinoamericano? Haití había sido un emporio de riqueza para Francia desde el año 1697, después del tratado de Ryswick, que intentó regular las relaciones entre las potencias coloniales. Las plantaciones trabajadas por esclavos rendían frutos muy jugosos. 

Las condiciones eran durísimas; en promedio, los esclavos vivían siete años y tenían que ser importados constantemente de África; 30 mil latifundistas blancos, y una parte de mulatos, recibían los beneficios del trabajo esclavo, viviendo en lujos extremos y tributando a la metrópoli francesa. 

Las poblaciones originales, los arawak, caribes y taínos, habían sido diezmadas por los trabajos forzados, las persecuciones y las epidemias contraídas por la llegada de los peninsulares. Eran unos 300 mil a la temprana llegada de Cristóbal Colón a la isla en 1492. Medio siglo después no llegaban ni a 500. 

En agosto de 1791, Boukman Dutty, un esclavo rebelde nacido en Jamaica, realiza una ceremonia de vudú en una plantación llamada Le Normand de Méz, en el lugar conocido como Bosque Caimán. Asisten un centenar de esclavos que beben durante tres días de paroxismo colectivo la sangre de un cerdo negro y juran luchar hasta el final para liberarse de la opresión. Será el principio del proceso independentista. 

La represión es tan brutal como la violencia de los alzados. Al final, el poder colonial consigue apaciguar el movimiento rebelde, pero la semilla de la lucha queda plantada. Toussaint Louverture, esclavo negro cimarrón, es decir escapado, inicia un movimiento ese mismo año de 1791. Las plantaciones son ocupadas o incendiadas. La violencia no tiene límites: ejecuciones sumarias, mutilaciones, torturas. Las diferencias entre Francia y España facilitan el apoyo del gobernador español en La Dominica al movimiento de Louverture, que recibe armas y entrenamiento. Toussaint Louverture cambia empero después de bando y se vuelve contra los españoles.

Los antagonismos intercoloniales hacen aparecer un nuevo actor: el poder militar británico, que invade la isla. Toussaint Louverture se enfrenta a los ingleses y es nombrado general francés, el primer negro y exesclavo que llega a tan alto cargo. Los británicos sufren grandes pérdidas y bajas. Optan finalmente por retirarse. Pero el nuevo emperador de Francia, Napoleón Bonaparte, no confía en Toussaint Louverture y decide invadir el país para restablecer de una vez por todas el orden colonial. Es enviado un poderoso ejército de 35 mil hombres al mando del general Leclerc, casado con una hermana de Napoleón, Paulina Bonaparte. Los franceses sufren también grandes pérdidas y ofrecen negociar. Toussaint Louverture acepta, pero es engañado y al llegar a la mesa de negociaciones es hecho prisionero y remitido a Francia donde, meses después, muere en prisión en el fuerte de Josu a causa de una pulmonía. 

La lucha continúa bajo el mando de Jean Jacques Desaliñes, un general de Toussaint Louverture. Las bajas francesas llegan a 25 mil; entre estas, 18 generales y el propio Leclerc, cuñado de Napoleón. La mitad de la población haitiana perece a causa de las contiendas. En 1804, Desaliñes proclama la independencia, la primera del continente latinoamericano. 

Pero la cuenta que pasa el poder imperial colonialista en 1825 es enorme: 150 millones de francos. La amenaza es una nueva invasión. El Gobierno haitiano accede a pagar y lo hace durante 122 años. A finales del siglo XIX, los pagos de la deuda ascendían todavía al 80 por ciento del producto nacional bruto. El último pago se realiza en 1947. Haití es un ejemplo enardecido y cruel del saqueo imperial; por lo tanto, del empobrecimiento.

Todo el siglo XX es de dictaduras. La llamada “era Duvalier”, la más exacerbada con sus Tonton Macoutes y sus extravagancias. Afirma Eduardo Galeano:

“Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra era incapaz de gobernarse a sí misma”.

Haití es la historia de la injusticia social, del abuso de las potencias coloniales e imperiales y resulta un testimonio trágico de los efectos de dictadura militares, la corrupción y también del maltrato de los recursos naturales; la deforestación destruyó el 97 por ciento de los bosques durante el siglo pasado. Se calcula que el 80 por ciento de la población vive en estado de pobreza y el país ocupa el puesto 155 de 177 en la escala de desarrollo humano de Naciones Unidas. 

El terremoto de enero de 2010 causó más de 200 mil muertos y dejó un país sin infraestructura. Y ahora de nuevo un terremoto y encima una tormenta tropical después de un magnicidio. El poeta haitiano René Depestre retumba con estos versos:

“¡En el país primer productor mundial

de desdichas y de zombis!

Yo voto por Toussaint Louverture

en contra del eterno retorno del látigo a mi lomo”.

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