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Domingo

El liderazgo inspirador


Sociedad de plumas

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Hace unos años escuché en una conferencia de un gran comunicador, que los líderes más exitosos son aquellos cuyo don de gentes les permite inspirar confianza en las personas que le rodean y generar buen ambiente en cualquier lugar donde se encuentren. 

Alguien así tiene un efecto decisivo en las personas que dirige, pues consigue en muy poco tiempo conectar con ellas y conectarlas entre sí. Es como un magneto de gran alcance, cuya fuerza de atracción es capaz de acercar todo aquello que está en su rango de acción. 

Se podría pensar que este don es fruto de una singularidad muy especial que lo hace único y diferente en comparación de cualquier otra persona. Pienso que no es solo gracias a un atributo particular o una cualidad especial, sino a una combinación de factores que lo convierten en un referente fiable y cercano, que lo hace ser quien es.

Por eso, su riqueza como líder va más allá de aspectos eminentemente racionales o intelectuales, o incluso de especiales habilidades, destrezas o competencias técnicas, que desde luego suman en su perfil directivo y en su credibilidad personal. En realidad, su principal atractivo radica en la gran capacidad que tiene para conectar con las emociones de las personas que trata. 

Se le puede llamar carisma, empatía, presencia o cualquier término parecido, pero sin duda alguna es una cualidad extraordinaria que cautiva y suscita una rápida conexión humana con los demás, que sienta sus bases en el interior de las personas y es capaz de abrir las puertas de la confianza. Las personas con carisma, como dice Pérez-Latre, “construyen y mantienen relaciones, influyen positivamente en quienes tienen cerca y, en definitiva, son las personas con quienes queremos estar”.

Porque dan mucha pena esos líderes dubitativos e inseguros, que solo velan por sus intereses y carecen de propósitos coherentes, los cuales siempre se hacen rodear de víboras que les hablan continuamente al oído para adularles, asegurar su propio statu quo o para envenenarles la cabeza con ideas negativas sobre los demás.

En realidad, la clave de un líder que inspira confianza no consiste en saberlo todo o acertar siempre con soluciones precisas para los diversos problemas que se le presentan. Pienso que los líderes sabihondos terminan siendo poco fiables, pues siempre quieren dar la impresión de ser muy inteligentes y capaces. Pareciera que no tienen defectos, carencias o flancos vulnerables. Con esta actitud, demuestran un complejo de suficiencia que les resta humanidad y frescura, pues lo propio de un líder humilde y prudente es conocer sus limitaciones a pesar de sus grandes potencialidades. 

En efecto, el líder que practica la prudencia acierta regularmente con las decisiones que toma, porque si no tiene las ideas claras para orientar a otros por el camino correcto, se apoya en quienes lo han recorrido previamente para tener un marco real de referencia y proponer la mejor ruta de acción. En otras palabras, se sube a hombros de gigantes para tener un mejor panorama y ver más allá de sus propias limitaciones. 

Por eso, esta virtud dota al líder de un aura de sabiduría que se refleja en su manera habitual de conducirse. Resulta atractivo aquel que es capaz de mostrar su sensatez, serenidad y autoridad en momentos de prueba, pero todavía mejor si es humilde para aceptar la ayuda de otros y mostrar un espíritu sencillo y modesto en cualquier situación. Porque no hay nada más grave para una familia, institución o sociedad, que tener un líder impulsivo, arrogante y autosuficiente, que solo piensa en su imagen particular.  

El líder que demuestra sencillez, lealtad y autenticidad en su trato directo con las personas, se gana el afecto y la confianza de ellas en forma rápida y segura. No me equivoco si digo que hay muchos relatos de este tipo en la convivencia habitual de las familias, organizaciones y empresas, que hacen honor de un liderazgo que sabe tomar nota de la sabiduría, experiencia y carácter de otras personas, para aprender y mirar más allá de las propias ideas. ¡Cuánta falta nos hacen líderes de este estilo en los diversos ámbitos de la sociedad!

(*) Doctor en Comunicación Pública

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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