[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

Rebeldes en el rebaño


foto-articulo-Domingo

La ciencia nos compara estos días con un hato de ganado atacado por la fiebre aftosa. Y a partir de tan galante verbigracia, llama “inmunidad de rebaño” a cierto estatus de la vacada en el que un 70 por ciento de los semovientes ha adquirido las defensas necesarias para protegerse de la enfermedad. De esa cifra en adelante, sigue diciendo la ciencia, la probabilidad de que el resto del hato se contagie es muy baja y la pandemia comenzará a ceder hasta irse por donde vino.

Con todo y lo esperanzador del dato, empero, me cuesta creer que alcancemos pronto esa cifra, ni siquiera a un elevado ritmo de vacunación. Y el motivo se debe a que una parte del hato se resiste a la vacuna en nombre de la libertad religiosa, la libertad individual, por dejadez o porque sencillamente no le sale del gorro.

Según una encuesta llevada a cabo en Estados Unidos por el Pew Research Center, casi la mitad de los miembros de las iglesias evangélicas no piensan inmunizarse contra el coronavirus. Algunas de ellas han vinculado la vacuna a “la marca de la Bestia”, símbolo de sumisión al Anticristo. Otras alegan que siendo parte del pueblo elegido de Dios, sus miembros están protegidos de toda enfermedad o dolencia. Y no faltan quienes aducen que el COVID tiene origen divino, que las vacunas son un movimiento perverso para rechazar la voluntad del Altísimo y que la pandemia es un mensaje al mundo y a los hombres para que se arrepientan de sus pecados.

En Guatemala las cifras de los negacionistas y de quienes atentan de esta forma contra la vida y la salud del próximo (que es como antes se escribía prójimo) y no creen en las vacunas, pero sí en las sanaciones milagrosas, son seguramente más altas. Dicho lo cual, aun contando con un Gobierno supereficaz a la hora de impartir la marca de Lucifer, habrá siempre un elevado porcentaje del rebaño que seguirá contagiando a los demás, debido a ese componente mágico e irracional que acompaña desde siempre a las creencias.

Este destacado grupo no está sin embargo solo, pues hay otra fracción del hato que se resiste a la vacuna en nombre de la libertad individual. O sea, de la irracionalidad a la racionalización, su prima hermana. Cada quien es dueño de su vida y su salud y puede hacer con ellas lo que le parezca, vienen a decir inconformes como los que días atrás se manifestaban en Francia contra la “dictadura sanitaria” del presidente Macron. En vista de que el COVID había experimentado un rebrote, el presidente francés dispuso decretar la vacunación obligatoria de todas aquellas personas que trabajaban cerca de quienes, por edad u otros motivos, podían ser causa de contagio. A lo cual agregó que extendería la medida a todo hijo de vecino en el caso de que las cifras de la epidemia siguieran en alza.

La respuesta no se hizo esperar. Los rebeldes del rebaño se lanzaron a la calle y armaron la gran alharaca. ¡Liberté! ¡Estado de derecho! ¡Mi salud me pertenece! ¡Abuso de poder! ¡Solo las ovejas se dejan! A primera vista, una demanda racional, como digo. Pero no. Era tan irracional como las justificaciones religiosas para no vacunarse, por más que ambos grupos lo hagan en nombre de dos derechos inalienables: el de la libertad de creer y el de la libertad de elegir.

Ciertos idealismos son así de desalmados y egoístas. No quieren saber, pongo por caso, que el caldo de cultivo de las mutaciones del COVID son las reses que no se vacunan. Y algo peor: que van a continuar generando variantes en tanto se nieguen a hacerlo, algo que a ciertas personas no les entra en la cabeza ni con calzador. Pues si unos creen que será Dios quien les salve, otros piensan que les salvará su ego y su listeza. Y a los demás que les parta un rayo, por supuesto.

En su célebre ensayo On liberty, un clásico del liberalismo, John Stuart Mill justificaba la intervención del Estado en la autonomía y la libertad de las personas cuando es imperativo prevenir que unos individuos hagan daño a otros.

Estamos ante un conflicto, decía Mill, entre la soberanía de la sociedad y la soberanía del individuo, cierto, pero el hecho de vivir en sociedad hace indispensable que cada persona se obligue a llevar cierta línea de conducta respecto de sus semejantes. Y esa línea consiste en no perjudicar los derechos de los demás, así como aceptar los sacrificios indispensables para proteger a la sociedad y sus miembros de todo daño.

La pandemia es uno de esos daños y constituye un peligro que nos afecta a todos. De ahí que los actos de ciertos individuos que perjudican a la comunidad en que viven deben ser corregidos por la ley. En tanto esa conducta dañe la salud y la vida de los demás, la sociedad tiene legítima jurisdicción sobre ellos. Y les guste o no a los inconformes, el Estado debe intervenir para evitar conductas funestas que, en casos como los examinados aquí, equivaldrían a delitos como la agresión, el dolo o incluso el crimen.

El Estado no tiene ningún derecho a entrar en el sanctasanctórum de la conciencia individual, estamos de acuerdo. Sí lo tiene, en cambio, cuando ciertas conductas agreden y arruinan vidas ajenas, que es lo que hacen quienes rechazan la ciencia o, abandonando la sensatez y la razón, se arrojan en brazos del fanatismo, el fundamentalismo o creencias indemostrables o intuitivas. Lo ocurrido en Francia estos días refrenda que estas cosas suceden aún en las sociedades más avanzadas. De ahí que lo decidido por Macron, advirtiendo que en cualquier momento puede implantar la vacuna obligatoria, me parezca algo justo y necesario, como dicen en la misa.

Toda libertad tiene límites que no son de orden moral, pues la moralidad solo obliga en conciencia, sino de carácter legal, cuando el daño a los demás es evidente. Y en el caso que nos ocupa, el método para establecer tales límites parece sencillo. Hasta santurrón, diría yo. ¿Quiere usted contraer matrimonio civil, salir de viaje, renovar la licencia o el DPI, asistir a un estadio, un restaurante, un supermercado, un bar o un megatemplo? Muéstreme su certificado de vacunación: el rebaño se lo agradecerá eternamente.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Europa Press
Temporada de huracanes: superficie del mar Atlántico no será cálida

La actualización de la NOAA al pronóstico de 2021 cubre toda la temporada de huracanes de seis meses, que termina el 30 de noviembre.

noticia Redaccion/elPeriódico
Qué centros de vacunación están habilitados y a quiénes están atendiendo

Esta es la información que necesitas saber acerca de los puestos de vacunación.

noticia AFP
Nike busca reducir desperdicios

La empresa venderá calzado ligeramente usado para contribuir con la reducción de desperdicios.



Más en esta sección

Unos 19 mil haitianos se encuentran varados en la frontera de Colombia y Panamá

otras-noticias

Costa Rica y Nicaragua atienden brote de malaria en comunidad fronteriza

otras-noticias

Nicaragua amplía puestos de vacuna contra la COVID-19 que tiene alta demanda

otras-noticias

Publicidad