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Domingo

Negacionistas y Segregacionistas


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Se le atribuye al pensador y escritor español Jorge Agustín Ruiz de Santayana (George Santayana), el sabio enunciado: “Quien olvida su historia, está condenado a repetirla”. Lo cito con el ánimo de aclarar, en medio del mar de desinformación mediática que tristemente, favorece el borreguismo, algunos conceptos que se están usando, para descalificar el análisis y la reflexión individual. 

La población –legítimamente aterrorizada– por el COVID-19, actúa de forma extraña, lo cual es del todo comprensible, sin que la razón deba despreciarse. Es un proceso tan confuso que está lejos de ser “histórico” y se ha constituido en un presente, con sabor a interminable que lo único seguro que ha logrado, es la división, aún más profunda de la humanidad, en dos grupos; los sujetos de la narrativa oficial y los nuevos “parias”, es decir quienes la cuestionan. Este no es un acto espontáneo, ni humanitario, sino el resultado programático de una estrategia y es menester notarlo. El objetivo es “dividir para vencer” y posteriormente controlar absolutamente, las mentes ya alicaídas de la humanidad, cuya “realidad y verdad”, se reduce a lo que digan las noticias, a través del móvil, con mayor razón si lo dicen los “referentes” de la Medicina moderna que son “periodistas”, políticos, tecnológicos o burócratas, ajenos a la Medicina. 

Un grupo, aún grande pensamos que la muerte no se puede soslayar, otros, en cambio –quizá la mayoría– creen que la muerte solo tiene una causa y deben evitarla a ultranza. En realidad, la enfermedad y la vacuna, se venden y promocionan, como ningún otro “producto” se ha hecho jamás, de la siguiente forma: 1- La enfermedad es mortal, 2- La vacuna es segura, 3- Quien se la pone está a salvo, 4- Quien no se la pone es una amenaza para la humanidad. A los primeros dos numerales debe agregárseles el “puede ser” y eliminar el “es”, porque eso es lo demostrable. Los otros dos, son falacias inmorales que se usan, como una práctica de psicología de masas… una práctica no nueva, sino al contrario, muy vieja, pero en la que nadie quiere indagar, a pesar de tener tan cerca los ejemplos de Nicaragua, Venezuela o Cuba. El camino al  infierno, en esos países, fue el mismo: 1- Dividir, 2- Crear odio de pobres contra todo el que no lo fuera, no necesariamente “ricos” y 3- Someter a sus poblaciones al “cuidado del Estado”… esas son tres historias reales y claramente documentadas. 

Quiero citar otra menos reciente. Hablo del nazismo, cuya criminalidad sobrepasó cualquier imaginario. El exterminio –inexcusable y cruel– de millones de judíos, es reconocido como El Holocausto y se llevó a cabo, entre 1941 y 1945. El negacionismo, surge cabalmente de oponerse a aceptar ese hecho histórico, ampliamente registrado e innegable. La culminación de la tortura a ese sufrido pueblo, fue asesinarlos masivamente, evento conocido como la “solución final”, pero quiero invitarle a que revise la historia. En primer término, el genocidio, abarcó a otros grupos étnicos y políticos. Pero veamos la historia previa a esos hechos mortales. 

El principio de todo está en la segregación. Si un demente o grupo de enajenados codiciosos enfermos de poder y control, quiere quedarse con los bienes y legado de un grupo amplio, debe hacer que –la mayoría– lo odie… debe segregarlo, a partir de allí, todo “marcha sobre ruedas”. 

En 1933 Hitler se estrenaba en el poder… la guerra mundial empezaría seis años después. Note usted lo que ocurrió previamente: En marzo 1933 se suspendieron por órdenes del encargado de salud de Hitler, beneficios sociales a los médicos judíos. Un mes después se inicia la expulsión de los judíos de la burocracia y se limita la admisión de estudiantes judíos en la educación pública, para entonces ya los abogados judíos estaban inhabilitados. En julio del mismo año, se revoca la ciudadanía y se declara indeseable a los judíos nacionalizados; poco tiempo después los judíos no pueden intervenir en la actividad editorial. 

Para 1935 se expulsa a los judíos de las fuerzas armadas y se publican las leyes raciales Núremberg que llegan a prohibir las relaciones íntimas y matrimonios de judíos con ciudadanos de “sangre alemana” (muchos judíos lo eran). Los judíos para entonces estaban ya excluidos del sistema alemán y sometidos al inicio de su esclavitud. 

En los años siguientes (1936 a 1939), se expulsa a los judíos de diversas profesiones, no pudiendo ejercer más y por ende dejándoles sin su sustento lícito; los maestros judíos no tienen posibilidad de enseñar más. En Berlín se prohíbe el ingreso definitivo de niños judíos a las escuelas. Los judíos ya no pueden portar ni comercializar armas; se les exige declaración patrimonial, se les prohíbe la atención en centros de Salud y también cambiar su nombre. Finalmente llega el momento de expropiarles sus bienes que deben ser transferidos a alemanes no judíos; de igual manera, mediante decreto, se conmina a los judíos a entregar todas sus joyas al Estado. 

Notamos en el doloroso proceso de seis años –poco conocido por el negacionismo real– que el “etiquetado” –como parias– de los judíos, fue insufriblemente largo y no a partir de encerrarlos al guetos e imponerles portar la Estrella de David, para uniformarlos o conducirlos luego,  a campos de tortura, trabajo forzado y exterminio. En estos largos años, estuvieron solos; la comunidad internacional no intervino a su favor, tampoco la Iglesia; muchos de sus vecinos y amigos, los denunciaron y estuvieron al acecho. Eran promocionados por el nazismo como una subespecie, como seres de maldad y codicia, sus centros de culto fueron quemados y sometidos a la humillación. La intervención de los aliados, derivó de la amenaza de Hitler y sus achichincles para el planeta, no motivó la segregación judía. 

Leyendo las declaraciones del dictador en ciernes, Macron y las odas de sus admiradores en el mundo… incluyendo muchos chapines, clamando por mano de hierro, pensé que es justamente como empezaron las cosas en Alemania. Ahora el francés propone segregar y sacar del sistema, a todo aquel que no se ponga una vacuna. Algo apesta cuando se acusa y señala a un segmento de la humanidad “como culpable”,  buscando que otro estrato lo odie y purgue. Algo apesta y mucho, cuando no vemos en los medios de comunicación análisis histórico, objetividad de los hechos, sino convertidos en cajas de resonancia del estatismo y colectivismo… caminos invariables del sometimiento.  Paradójicamente el mundo reconoce que la corrupción política es global, en diferentes grados, pero clama porque sean los corruptos y mentirosos, quienes planifiquen su futuro y el de sus hijos. La libertad no tiene sustituto ¡Piénselo! 

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