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Domingo

Asturias, actualidad permanente


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Miguel Ángel Asturias: enlace entre el indigenismo y las vanguardias, temprano impulsador del realismo mágico que usó para definir su obra y que tomó del poeta francés Pierre Reverdy. Asturias llamó mágico a su realismo para diferenciarlo del realismo socialista. La publicación en Francia de Leyendas de Guatemala (1930), prologada por Paul Valery, es un inicio revelador de la gran potencialidad de Asturias. En Leyendas… se plasma de manera pionera la trasposición de tiempos y espacios y el uso de la oralidad, así como la figuración metafórica de una realidad que se dibuja textualmente como mágica y poética y su lectura hace exclamar a Paul Valery: “¡Qué mezcla esta mezcla de naturaleza tórrida, de botánica confusa, de magia indígena, de teología de Salamanca, donde el Volcán, los frailes, el Hombre-Adormidera, el Mercader de joyas sin precio, las bandas de pericos dominicales, los maestros magos que van a las aldeas a enseñar la fabricación de los tejidos y el valor del Cero, componen el más delirante de los sueños!”. 

Entre las novelas de Asturias, Hombres de maíz resultará siempre una experiencia fascinante de lectura. Desde su publicación en 1949, en Buenos Aires, se convirtió en una de las novelas fundamentales de América Latina. Por el lenguaje metafórico de gran intensidad poética y por la asombrosa magia interna del texto. Asturias conjuga los mitos precolombinos con la denuncia social. Con maestría y originalidad hace uso de las formas literarias de las vanguardias de su siglo. La dramática ruptura provocada por la Conquista emerge de manera simbólica en la lucha entre campesinos tradicionalistas y los maiceros que pretenden una explotación extensiva del maíz. Los primeros liderados por Gaspar Ilom, los segundos protegidos a sangre y fuego por el Coronel Chalo Godoy. La novela se basa en mitología y religión, pero deviene siendo una obra realista. Porque combinando hechos cotidianos con otros fantásticos y sobrenaturales, recrea Asturias la vida de los campesinos, religándolos a sus raíces pero también a las nuevas condiciones históricas y al mestizaje. El resultado no puede ser otro que uno de los primeros y grandes monumentos narrativos del realismo mágico. 

El libro más difundido de Asturias es El Señor Presidente (1946). No solo se inaugura el ciclo de las grandes novelas de dictadores latinoamericanos, sino también una versión innovadora de la novela urbana en Latinoamérica. Asturias utiliza técnicas y usos tomados de las vanguardias, especialmente la experimentación con el lenguaje, el uso de la jitanjáfora, los monólogos internos, el narrador indirecto libre, el humor y la dimensión poética. 

La Real Academia de la Lengua (RAE) en Madrid reeditó el año pasado El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias. Es una edición conmemorativa dentro de la colección de grandes clásicos hispánicos de todos los tiempos. La RAE afirma que Asturias “es uno de los máximos exponentes de la literatura latinoamericana del siglo XX.” Se trata de una colaboración entre la Real Academia Española, la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), la Academia Guatemalteca de la Lengua (AGL) y la editorial Alfaguara. 

La edición ha sido coordinada por Raquel Montenegro, de la Academia Guatemalteca de la Lengua, y con el aporte de la Comisión de la AGL, integrada por los académicos Mario Roberto Morales y Guillermina Herrera. Se incluyen ensayos breves sobre Asturias del venezolano Arturo Uslar Pietri, el premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa, los académicos españoles Darío Villanueva y Luis Mateo Díez, el premio Cervantes de Nicaragua Sergio Ramírez, el crítico británico Gerald Martin y las guatemaltecas Lucrecia Méndez de Penedo y Anabella Acevedo.

Nunca es tarde para leer esta novela. Fundacional para los guatemaltecos. Clásica en la literatura universal. “Haceos un favor, leedla, releedla”, recomienda desde Madrid el crítico español Miguel Ángel Pérez.

¿Quién era el personaje real detrás de la ficción? El licenciado Manuel Estrada Cabrera dejó su marca en el inconsciente colectivo. Tuvo una niñez precaria como la mayoría de los guatemaltecos. El padre biológico fue el Presbítero Raymundo Estrada, que nunca lo determinó. La madre, en cambio, luchó en su ciudad natal, Quetzaltenango, para que su hijo Manuel pudiera salir adelante en la vida. Doña Joaquina lo hizo abogado.

Será recordado por extravagancias y crueldades. Dentro de las primeras se cuentan los Templos de Minerva, mientras no había dinero para pagar a los maestros y se vendían plazas fantasmas. Ejemplos de las segundas fueron los envenenamientos de opositores. El cabrerismo es en tres palabras: corrupción, legalismo, miedo. La corrupción centralizada fue política velada del Estado, donde los colaboradores recibían su parte del pastel, que a su vez repartían dentro de sus subalternos. Estrada Cabrera malversaba los procesos judiciales, manejados como un titiritero mueve los hilos de sus marionetas. Una de sus aficiones era el hacerse de propiedades por medio de argucias jurídicas. Sus decretos y bandos llegaron al extremo de negar una erupción del volcán Santa María, que había producido muchos muertos y pérdidas.

El terror fue gemelo de la corruptela. Redujo el ejército pero creó una policía de esbirros y homicidas. Había tantos agentes secretos y soplones, que se creía que tenía orejas en todas partes. Realizaba elecciones cada cierto tiempo, en las que llegó a contarse más votos que la totalidad de habitantes. Hasta los muertos votaban por Don Manuel y el vivo que no lo hacía podía contarse entre los primeros. 

En 1920 comenzó por fin la población a levantarse y el Partido Unionista, conspirando en la clandestinidad, logró organizar una manifestación que fue enfrentada a balazos. Pero la marea revolucionaria subió hasta llegar al derrocamiento. Tras la capitulación luego de la “Semana Trágica”, del 8 al 16 de abril, el Señor Presidente fue derrocado y arrestado. No se le siguió ningún juicio debido a un diagnóstico de demencia ratificado por la Asamblea Legislativa. Pocos años después moría tranquilo en su cama. ¿Fue realmente gobernada Guatemala durante 22 años (1898-1920) por un loco? 

La primera edición de El Señor Presidente fue realizada en México en 1946, bajo el cuidado del legendario catalán Bartolomé Costa-Amic. Pero no fue sino con la edición argentina en 1948, a cargo de Losada, que El Señor Presidente tuvo impacto mundial y fue traducido a muchos idiomas. Desde entonces han seguido múltiples ediciones, sobresaliendo las de Aguilar y Cátedra, ambas de España, y la de Archivos de la Unesco en Francia. Y en Guatemala es parte de la Biblioteca Miguel Ángel Asturias por F&G Editores. 

La novela comenzó siendo un cuento, que el escritor tituló Los Mendigos Políticos y el cual fue desarrollando hasta las formas definitivas de la novela El Señor Presidente. “Continúa siendo espejo y oráculo, invitación y reto. Una lectura imprescindible para Guatemala y necesaria para el mundo”, apunta el escritor Javier Mosquera Saravia.

Ana María Rodas considera que Miguel Ángel Asturias fundó la nación guatemalteca en la literatura. Afirma Ana María: “Sucede que Asturias está tan cerca de nosotros que no nos damos cuenta de su grandeza. Reunió español, lenguajes indígenas y creó un lenguaje diferente. De él, de nosotros.”

Dante Rafael Galdona, periodista cultural argentino, considera que Asturias es el caminante que marcó el camino de los grandes escritores latinoamericanos de segunda mitad del siglo XX. No solo fue un precursor literario, también adelantó el modo de pensar que dio origen a nuestra literatura regional. 

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