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Domingo

Las abejas en resistencia


En 1986, Ezequiel Morales rescató dos colmenas de abejas nativas mayas en los bosques de Pueblo Nuevo Viñas, Santa Rosa. Actualmente, sus hijos han continuado esta labor para salvarlas.

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Los que la rescatan y protegen aseguran que la abeja Melipona beecheii nació cuando empezó a contarse el tiempo en Guatemala. Esta abeja negra con líneas doradas fue domesticada por los mayas, que la consideraban sagrada porque su polen curaba a reyes y reinas. Es la abeja que también sufrió las consecuencias de la colonización tras la invasión española y, desde esa época, vive en resistencia. Su última batalla la enfrenta al cambio climático y a la deforestación de los bosques tropicales. 

Pero no están solas en esa resistencia. Junto a ellas están personas como Víctor Morales del Cid, un hombre xinka de 49 años que junto a su familia rescata colmenas de abejas beecheii elaboradas dentro de árboles que han sido talados, ya que solo ahí anida esta especie. La colmena no es como el tradicional panal de celdas que se conoce, sino que su estructura se asimila a pirámides de pequeñas vasijas negras que se cierran y se abren para almacenar la miel. Su jardín particular, dice Víctor, es un santuario para esas abejas meliponas. 

La miel de las abejas Meliponas Beecheii es más líquida y su color puede ser de un tono claro, anaranjado, hasta negro.

Su meliponario se llama Ezequiel Morales (“Cheque”), en honor a su padre, porque fue él quien empezó la labor de rescatar colmenas de abejas beecheii en 1986. Sin embargo, Víctor se involucró de lleno en esta labor hasta principios de la primera década de este siglo. 

Actualmente tiene 65 colmenas, que habitan en troncos de árboles y cajas de madera que él ha elaborado gracias a conocimientos adquiridos en capacitaciones. Algunas colmenas están sobre tablas y cubiertas por láminas, para que el agua de la lluvia no las pudra. Otras cuelgan de las vigas de madera de pequeños cobertizos. Están a lo largo y ancho de todo su jardín y todas tienen a un costado una pequeña cruz, rastro de las ceremonias de bendición que cada año hace un sacerdote católico.

Ese espacio bendecido es también un pequeño bosque tropical que alberga plantas, cultivos y animales que protegen los nidos de las abejas ancestrales mayas. Se encuentra en la parte trasera de la casa de Víctor, en el casco urbano de Pueblo Nuevo Viñas, Santa Rosa. Víctor dice que eso es posible porque la Melipona beecheii no tiene aguijón, entonces no pica. Además, él las ha domesticado para convivir en el entorno que ha creado, con la ayuda de un hermano y dos hermanas.  

Bajo amenaza 

Al hombre xinka de 49 años se le hace difícil explicar por qué tiene 20 años de dedicarse al rescate de colmenas de meliponas. Se le hace difícil, porque es más un sentimiento que nace de su corazón que un acto derivado de la planificación o los intereses económicos. Las beecheii no son obreras productoras de miel y la colmena que más produce genera cuatro litros. Solo obtiene una cosecha al año y a veces, cuando las abejas se encuentran muy débiles, prefiere dejarles la miel. 

En el meliponario de Víctor Morales también se pueden encontrar otras especies de abejas. Estas son las doncellas, una de las especies más comunes en toda la región. 

Actualmente, Víctor vende al doble de precio el litro de miel de Melipona beecheii a Mielenaria. Esta es una marca social que trabaja con meliponicultores para consolidarlos y conservar a las abejas nativas. Es por esta última causa que su trabajo se coordina con otras organizaciones y ministerios. También colabora con chefs guatemaltecos reconocidos, para que estos creen platillos a base de miel de meliponas, que es menos dulce, se fermenta, su textura es más líquida y su color regularmente es más claro, aunque puede variar a un tono más naranja y hasta negro. 

Víctor ha encontrado sus colmenas tiradas en los bosques talados o las compra a las personas que se dedican a cortar leña. Paga entre Q1,000 y Q1,200 por los nidos de abejas que sin su cuido podrían morirse. Pero cada vez es más difícil ubicarlas. 

La bióloga e investigadora Natalia Escobedo Kenesic ha dedicado los últimos 10 años a investigar sobre las distintas especies de abejas que hay en Guatemala, bajo el liderazgo de la doctora Eunice Enríquez, en el Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos. Pero en los últimos años la Melipona beecheii ha sido parte de las especies que han ido tomando prioridad en sus estudios. 

Los hallazgos no son muy alentadores para las abejas ancestrales mayas. Su población natural se encuentra amenazada. Cada vez es más difícil encontrarlas en áreas silvestres. Esta situación podría colocarlas en peligro de extinción en Guatemala. La medición de volumen de esta especie se hizo solo a nivel nacional, ya que también vive en la selva maya del sur de México. 

Para determinar la amenaza que vive la Melipona beecheii se utilizaron varios métodos de medición, entre los cuales se incluyó el de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que se encarga de generar una lista roja de especies amenazadas o en peligro de extinción. 

El meliponario Ezequiel Morales se encuentra en el jardín y cuenta con una diversidad de fauna y flora adecuada para las abejas. 

Escobedo Kenesic explica que la depredación de los bosques tropicales, los pesticidas, los monocultivos y agroquímicos son las principales causas que amenazan la existencia de estas abejas que se originaron en el territorio hace cientos de años. 

Para la bióloga, la labor que hace Víctor y su familia al rescatar las colmenas es una forma de salvar la especie. Sin embargo, no es suficiente y requiere de más apoyo, porque las poblaciones en el área silvestre son necesarias para que la Melipona beecheii pueda sobrevivir a largo plazo. 

La apicultura y la producción de miel en Guatemala 

Para el empresario y consultor apícola Alejandro Nicol, en
Guatemala existe poca conciencia sobre el trabajo y rol de las abejas en la producción de alimentos. Son las encargadas de polinizar la mayoría de las frutas, verduras y plantas que consumimos. Sin ese polen, la mayoría de los alimentos no podrían existir. 

Víctor Morales construido pequeños cobertizos para colgar y proteger las colmenas de Melipona Beecheii de la lluvia. 

Nicol es experto en la abeja Apis mellifera, que comúnmente se conoce como abeja extranjera. Estas abejas sí cuentan con aguijón y son las mayores productoras de miel. Además, por su gran cantidad, es de ellas que depende la mayor polinización de cultivos y plantas.

Sin embargo, su trabajo no es retribuido con el consumo de miel. A criterio del empresario, los guatemaltecos no ven la miel como un suplemento nutricional que ayuda a fortalecer el cuerpo, sino que la ven como un fármaco al que acuden solo cuando están enfermos. 

Noel Juárez, propietario del restaurante y santuario de abejas Bee Cabañas, acompaña a los técnicos del MAGA que tomaron las muestras de toxicología, la cuál determinará qué químico produjo la muerte de casi un millón de abejas.

Alejandro Nicol cuenta que de marzo a septiembre de 2020 aumentó la compra de miel debido a la pandemia del COVID-19. Sin embargo, actualmente, el consumo ha disminuido y se encuentra similar a 2019. 

“Yo no me alegré porque aumentó el consumo por la pandemia, sino porque la gente entendió los beneficios de la miel para la salud. Pero me decepcioné en septiembre y octubre, cuando la demanda iba para abajo, porque lamentablemente no aprendimos. En países muy desarrollados en apicultura, la gente sí tiene el hábito sostenido de consumo de miel”, indicó el consultor y empresario. 

El Consejo Nacional de Desarrollo Agropecuario vestablece que por año los guatemaltecos consumen al menos una cucharada de miel. Este consumo per cápita es considerado muy bajo. Es por eso que en 2020 Guatemala exportó, a al menos 14 países, 1 millón 189 mil 805 kilos de miel, que significan el 80 por ciento de la miel producida en el país. Esta exportación se tradujo en US$2.4 millones.

Pero no solo el escaso consumo de miel refleja la poca conciencia al trabajo de las abejas. El santuario del restaurante Bee Cabañas, ubicado en la aldea El Hato, Antigua Guatemala, sufrió un gran golpe el 24 de junio. El propietario del santuario y también productor de miel, Noel Juárez, reportó por medio de las redes sociales de su empresa que alrededor de un millón de abejas apis habían sido asesinadas. 

Asegura que la grabación de seguridad captó cómo una persona con el rostro totalmente cubierto entró a su apiario por la noche a colocar el químico que pudo haber envenenado sus colmenas, que eran parte de un tour que desde hacía tres años daba para acercar a las personas al mundo de las abejas y su gran contribución al medioambiente y alimentación. 

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