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Domingo

La justicia constitucional


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“El juez es la figura central del Derecho. Un ordenamiento jurídico se puede pensar sin leyes, pero no sin jueces”,
Francesco Carnelutti.

 

* El control judicial de constitucionalidad ciertamente es uno de los más fascinantes entre las instituciones jurídicas que jamás han sido inventadas por el ingenio del hombre y uno de los más significativos de la época en que vivimos. (Mauro Capelletti).

* Los jueces no serían como los sacerdotes egipcios, los únicos intérpretes de una ciencia oculta. (Alexis de Tocqueville).

 * Asombra que se hable de Estado de derecho y del imperio del Derecho sin reconocer que todo eso es una pura ilusión, cuando no un sarcasmo, si no existe el ordenamiento integral, estable, inviolable e independiente contenido en una Constitución escrita, impuesta con solemnidad y trascendencia de ley moral, y hasta con ciertas características de tabú, en nombre del pueblo y para el logro de su posible felicidad. (Carlos Sánchez Viamonte).

* El control judicial de constitucionalidad ciertamente es uno de los más fascinantes entre las instituciones jurídicas que jamás han sido inventadas por el ingenio del hombre y uno de los más significativos de la época en que vivimos. (Mauro Cappelletti).

* Los jueces no pueden traer a colación sus principios de moralidad personal, ni los ideales y virtudes de la moralidad en general. Todo eso tienen que tratarlo como si fuera irrelevante. Del mismo modo, tampoco pueden invocar puntos de vista, propios o ajenos, religiosos o filosóficos. Lo que deben hacer es apelar a los valores políticos que, a su entender, pertenezcan a la interpretación más razonable de la concepción política y de sus valores políticos de justicia y razón públicas. (John Rawls).  

* El anónimo autor de un libro jurídico titulado De sacris et sacratis afirma que habiendo dos especies de cosas sagradas, las divinas y las humanas, hay dos especies de sacerdotes: los divinos, como los presbíteros, y los humanos, como los magistrados. Y así podrían multiplicarse los ejemplos, pues la distinción entre el sacerdote temporal (juez) y el sacerdote espiritual (presbítero) era un lugar común de la época. Ambos jueces, según Lucas de Penna (hacia 1320-1390), reciben sus poderes de Dios, y el juez secular, en opinión de Juan de Viterbo (juez imperial hacia 1238), está consagrado por la presencia de Dios (iudes Dei presentia consecratur), administra un sacramento (el juramento), tiene sobre la mesa un texto de las Sagradas Escrituras y en materia jurídica es un dios para los hombres. Para completar esta especie de teología jurídica, los juristas, glosando el Digesto, hablan de templum institiae, y su imaginación, reprimida por el preciso racionalismo de su tarea jurídica encuentra a veces rienda suelta imaginando alegorías de tal templo en el que la justicia aparece como diosa, rodeada de sus hermanas las virtudes, teniendo a la ratio sobre su cabeza y a la equitas en sus brazos, imitando las representaciones de la Virgen con el Espíritu Santo en lo alto y el Niño en su regazo. (Manuel García Pelayo).

* El Juez normalmente no conoce la realidad, sino la versión que de la realidad le ofrecen las partes. Si la conociera el proceso sería innecesario. Dios, se ha afirmado con acierto, para juzgar no tiene necesidad de proceso. Pero la limitación humana impone necesariamente que entre la afirmación de las partes y la resolución jurisdiccional se intercale una serie de actos, cuyo conjunto recibe el nombre de proceso. (Manuel Serra Domínguez).

* En relación con los elementos básicos de la muy compleja cultura occidental, cabe pensar en modelos de juez en los que predominen los aportes griegos, romanos, judeocristianos. Las raíces griegas tienden a producir un juez más 

vfilósofo, buscador de referencias humanas profundas; las bases romanas orientan a desempeños judiciales más prácticos; los aportes judeocristianos producen jueces de profundidad religiosa. (…) El mínimo grado de compromiso con la causa parece estar en el juez inspirado en el aporte cultural romano; el más hondo, en el judeocristiano. El juez de inspiración griega o romana juzga más como hombre; el judeocristiano puede considerarse más un instrumento de la divinidad. (Miguel Ángel Ciuro Caldani).

* Cuando se dice homo iudicans se hace entender que una parte juzga a otra parte. Tal es el significado de la admonición de Cristo a los jueces de la adúltera: “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Para juzgar el juez debería estar sin pecado; pero ¿hay un hombre sin pecado? (Francesco Carnelutti).

* Solo el juez autoritario, fascista o comunista, lo mismo da, es el que se cree ungido por no se sabe bien qué fuerza de la divinidad o del destino, para hacer justicia entre los hombres. El liberal y garantista se limita, más modestamente, a pretender hacer efectivo el derecho positivo entre los ciudadanos, a aplicar la ley, entendida esta como expresión de la voluntad democrática expresada por sus representantes en el Parlamento. (Juan Montero Aroca).

* Un abogado defensor francés explicó la severidad de las primeras condenas tras la liberación por “el hecho de que muchos jurados se habían unido tardíamente a la resistencia y estaban ansiosos por demostrar un celo que no habían exhibido antes. Luego, cuando los deportados volvieron de Alemania, tuvimos jurados mucho más juiciosos que no sentían la necesidad de demostrar nada. (Jon Elster).

* Me preocupa, les digo, el protagonismo judicial, me crié dentro de un respeto a la sobriedad, a la austeridad, a la severidad, si se quiere a la sequedad de la actividad judicial; por eso no puedo ver al juez buscando micrófono o pantalla, por eso no puedo ver al juez discutiendo sus providencias en la televisión o por la radio, haciendo rectificaciones de tergiversaciones de la otra rectificación, compitiendo con el político, compitiendo con el presentador o el animador, con el artista o con el intelectual. (Fernando Hinestrosa).

* Pero nosotros jueces no somos ni judíos, ni católicos, ni agnósticos. Todos, absolutamente todos, debemos a la Constitución el mismo respeto y la misma consideración, y nuestros deberes como jueces nos obligan en la misma medida. (juez Félix Frankfurter).

El deber de dictar sentencia podrá tener el apoyo de la 

técnica, pero esa nunca sustituye a la conciencia. Por ello el juez de lo constitucional, que tiene la enorme responsabilidad de pronunciar sus fallos con alcance no solo inter partes, como en el amparo, sino para todos al enjuiciar la ley, no tendría mejor guía como la del lúcido octogenario Francesco Carnelutti cuando resumió: “Se comprende que en ese momento supremo, el juez consciente, sintiendo sobre sí su debilidad y el peso que está por caer sobre sus hombros, invoque la ayuda de Dios.”

 

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