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Domingo

Corazones valientes


Sociedad de plumas

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Tener el corazón valiente es propio de personas singulares, que tienen el ánimo grande y firme determinación. Personas dispuestas y generosas, lanzadas y de armas tomar, que están prestas a entrar en acción cuando la ocasión lo requiere. 

Hombres y mujeres, de carne y hueso, que han forjado su carácter a golpe de cincel, en la prueba y en el dolor, en la amistad y el honor, con sus notables virtudes y sus respectivos defectos. Seres humanos de gran valía, que no han caído del cielo, sino que están en medio de nosotros.

¡Cuánto bien hacen a los suyos las personas de corazón valiente en tiempos de adversidad! Son como faros luminosos que iluminan el camino en medio de la tempestad. Su ejemplo de fortaleza, claridad y decisión es fundamental para superar las crisis. 

Las crisis, por lo general, son sinónimo de prueba, incertidumbre y contradicción, porque cada vez que se presentan nos ofrecen una doble cara de desafío y oportunidad. Dos caras de una misma moneda que siempre se dan la espalda, en la medida que cada uno de sus lados nos muestra su cara o cruz en nuestra vida. 

Lo cierto es que superar una dificultad tiene un sabor agridulce, porque la victoria se paga cara y no deja margen para el gozo completo. Siempre quedan vestigios del esfuerzo, cansancio y sacrificio que conlleva llegar a la meta, y del precio que hay que pagar. Pero a pesar de todo, ese dolor es redentor y de un gran valor para quien lo vive en carne propia.  

Creo acertar si digo que la pandemia del COVID-19 nos cambió la vida y, tristemente para muchos, sus efectos seguirán impactando por los próximos años en su realidad personal y familiar. 

Pienso que después de enfrentar una prueba o adversidad, se pueden obtener varios aprendizajes personales de gran valor, que pueden ser aprovechados en cualquier coyuntura que se nos presente en la vida.

Lo primero es considerar que en una crisis sobresalen el liderazgo genuino y las virtudes humanas. Por ejemplo, la virtud de la humildad, que nos permite reconocer nuestros verdaderos límites, pero también las grandes potencialidades y talentos que cada uno dispone para multiplicar y sacar partido. Y, por añadidura, la virtud de la magnanimidad, ese ánimo grande y generoso, que nos hace capaces de grandes empresas y nos dota con la llama luminosa de la entrega a los demás.

Lo segundo es estar convencido de los propósitos por los que luchamos. Es decir, cuáles son los para qué y porqué de nuestra motivación como personas. Sí, propósitos, no intereses, porque los propósitos son anclas firmes en donde se asientan los valores, las ideas claras y el sentido de futuro, mientras que los intereses son fugaces y finitos, cuyo cálculo nos hace solo pensar en la conveniencia propia y cerrada en mí mismo. En efecto, los propósitos sintetizan el pasado, presente y futuro de una persona con rectitud de intención y buena voluntad. Sabe de dónde viene, dónde está parado y hacia dónde quiere llegar.

Lo tercero es contar con gente comprometida que esté a nuestro lado, para sumar apoyos contra cualquier enemigo que amenace nuestra fortaleza. Un equipo con la pasión y el talento necesario para multiplicar las defensas y generar sinergia suficiente para acometer el ataque por encima de cualquier esfuerzo individual o solitario. 

Por ello, también es crucial forjar amistades sólidas en el camino, que nos retroalimenten en la vida con ideas, consejos y aportes constructivos, para enriquecer la visión limitada de nuestra realidad inmediata y dar respuestas nuevas a problemas que no atinamos a resolver por falta de contexto, información o recursos disponibles.

Es mi deseo que este recuento de aprendizajes sea un aporte para tomar lo que más convenga en cada caso y contribuya a ver las crisis con una mirada de esperanza y con mayores posibilidades de éxito. ¡Vivan los corazones valientes que nos abren el paso y señalan el camino en las diversas encrucijadas de la vida!

(*) Doctor en Comunicación Pública

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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