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Domingo

USAID. Una limosnita por el amor de Dios


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Una semana después que la vicepresidenta Kamala Harris visitara Guatemala, la directora de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID por sus siglas en inglés) Samantha Power, visitó nuestro país. Power no es una funcionaria cualquiera, ni una burócrata acomplejada; su hoja de vida es impresionante. Considerada por muchos como “The moral compass of American Diplomacy”, alta y distinguida, Power ha sido entre otras cosas corresponsal de Guerra en Yugoslavia, la embajadora más joven de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, ganadora de un premio Pulitzer, un premio Kissinger, graduada de Yale y Harvard, y según Forbes una de las mujeres más influyentes del mundo, además de ser, amiga cercana del expresidente Obama.

Power, quien en alguna ocasión llamó “monstruo” a Hillary Clinton, y considerada una de las personas que más influyó en la desastrosa decisión del expresidente Obama de intervenir militarmente Libia, se concentró, como Embajadora ante las NU, en temas como derechos para la mujer, derechos LGBT, refugiados, derechos humanos y democracia The American Way. Un verdadero peso pesado cuya visita pasó desapercibida.    

Según la agencia, el propósito de su visita era evaluar y ampliar los programas de desarrollo y las actividades de asistencia humanitaria de USAID en Guatemala, enfocándose en la promoción del crecimiento económico inclusivo y la buena gobernanza. Es necesario tener en cuenta, que solo AID tiene un presupuesto de más de 40 billones de dólares, tres veces más que el presupuesto total de Guatemala y que, además de asistencia técnica y financiera, la AID tiene fondos para programas antigobierno (para gobiernos hostiles a sus intereses), fondos que seguramente habrán sido debidamente utilizados por más de un exembajador de EE. UU. en Guatemala.

Sin embargo, su visita fue eminentemente política, no técnica. Su fotografía oficial con el jefe de la FECI fue un claro mensaje de ello. Nunca se reunió con el “parrandero” ministro del Subdesarrollo y recalcó temas como la corrupción y desafíos de la Justicia, además de ofrecer limosnas y espejitos: alrededor de unos US$100 millones, de los más de US$40 billones que dispone. Una miseria comparada con los US$1.7 MILLONES POR HORA que nuestros migrantes envían al país. Con esos vueltos, la migración irregular nunca se detendrá.

La “ayuda estadounidense” tuvo sus orígenes en Guatemala, en 1954, cuando después de recentarle al Presidente Árbenz una cuarentena que duró hasta su muerte, el secretario de Estado norteamericano,  Foster Dulles, se dio cuenta que  más allá del derrocamiento de Árbenz y la entronización de Castillo Armas, EE. UU. necesitaba una herramienta que justificara la intervención permanente. Es así como surge el concepto de la ayuda económica –foreign aid– como el instrumento de la política exterior de Estados Unidos. Guatemala nuevamente como experimento del “desarrollo” en América Latina.

De esta cuenta, con el apoyo de la Administración de Cooperación Internacional (ICA) precursora de la AID, el Banco Mundial y la firma consultora privada Klein & Sacks, EE. UU. gastó US$90 millones en administrar el Gobierno de Castillo Armas. Tan solo entre 1955 y 1957, Castillo Armas distribuyó 44 bloques petroleros entre 23 petroleras estadounidenses, algunas de ellas asociadas con capitales nacionales, tales como Ohio Oil Co., y Esso. 

Los 90 millones pararon en los bolsillos de las empresas norteamericanas y firmas consultoras como Sacks & Klein, técnicos e ingenieros estadounidenses, encargados de redactar estudios y planes para empresas tales como Tipetts-Abett-McCarthy-Stratton y Gibbs & Hill Inc. y constructoras como Oceanic Constructor Inc. y Nello L. Teer. Por supuesto, también en los bolsillos de Castillo Armas, quien a través de la sociedad “Comercial Guatemalteca 

S. A.” y mediante prestanombres, quiso adueñarse del negocio de las donaciones de maíz de EE. UU. y la importación de frijol y arroz, aportando un capital pagado de Q25 mil.

En los años 60, la ayuda norteamericana, ayudó a crear y a destruir el Mercado Común Centroamericano, en una sórdida lucha contra la CEPAL, teniendo a la SIECA, al BCIE y a ROCAP, como complacientes instrumentos para eliminar los mecanismos de integración regional, subordinando el crecimiento balanceado de la región a un irrestricto “libre comercio” favorable a los intereses corporativos de Estados Unidos.  

Según un revelador reportaje realizado por Natalie Kitroeff y Michael Shear para el New York Times, “En Guatemala, que ha recibido más de US$1 mil 600 millones de ayuda estadounidense en la última década, los índices de pobreza han aumentado, la desnutrición se ha convertido en una crisis nacional, la corrupción está desenfrenada y el país envía más niños a Estados Unidos que cualquier otra parte del mundo.” De capacitaciones y seminarios no se sale de la pobreza.

El reportaje concluye que una de las razones por la cual la ayuda no ha sido efectiva es porque “gran parte de ella se encomienda a empresas estadounidenses, que se tragan gran parte del dinero en salarios, gastos y utilidades a menudo antes que se preste ningún servicio”. “¿Dónde ESTÁ EL DINERO?”, pregunta Elvia Monzón desde San Antonio Huista, “A los pobres puedo decir que no les llega”, concluye. Una evaluación interna realizada por la propia AID revela que entre los años 2006 al 2011, en Guatemala, los ingresos de los habitantes en regiones donde se recibió ayuda de la AID, aumentaron menos que en los lugares donde no se recibió ayuda alguna.

Antes de la visita de Power, La Alianza de los Pueblos Indígenas para los Derechos y el Desarrollo, patrocinados por USAID, requirieron los servicios de una empresa consultora, con el objeto de poder gestionar, desarrollar y gobernar sus propios territorios. ¿Por qué AID no apoya a los apaches, cherokees y cheyennes a hacer lo mismo?

Power habló de corrupción y transparencia. Pero la transparencia comienza por casa. Por ejemplo, en Guatemala, USAID, trabaja con los concesionarios de Petén. Para ello, contrató a Rain Forest Alliance, acusada de violar reglas de financiamiento gubernamental de 

EE. UU. por no pagar su cost sharing, en un proyecto de US$25 millones. Sin embargo, AID no ha hecho nada al respecto, sino que ha ocultado información y continúa contratando a dicha empresa.

Ambassador Power, es posible que para usted estos paisitos frijoleros no signifiquen mucho para su crecimiento político personal. Pero, si de verdad quiere que las cosas cambien en Centroamérica, EE. UU. deberían actuar como el Imperio que todavía son. Por ejemplo, derrocar al presidente de Nicaragua –total usted ya ayudó a derrocar a Gaddafi, un dictador más, no importa–; capturar y extraditar al presidente de Honduras; acompañar al presidente Bukele antes de que se vaya con China y apoyar un golpe, que no sea blando, contra el Pacto de Corruptos en Guatemala, podrían ser escenarios out of the box para las buenas conciencias demócratas de la América Indispensable. Mis respetos, Power(s) to be.

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