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Domingo

Textos y arte contra faunos


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…amo los desnudos en que la ninfa huye
y el fauno tiende los brazos
Rubén Darío (El velo de la reina Mab).

Hace mucho que se vienen revelando con sus textos y arte en toda América Latina. Primero lo hicieron tras la timidez del hábito y fueron sores y monjas de clausura durante la Colonia. Sor Juana Inés de la Cruz, la más famosa advertía:

Hombres necios que acusáis 

a la mujer sin razón, 

sin ver que sois la ocasión 

de lo mismo que culpáis.

Un día tiraron los hábitos y se quedaron con las letras. Partiendo de su experiencia como mujeres adoptaron la actitud de las amazonas que vieron al tuerto Francisco de Orellana en la conquista de Perú, el mismo que fue literalmente tragado por el fabuloso caudal del río que lleva el nombre de las mujeres guerreras.

Las armas de las amazonas modernas son libros, pinturas, instalaciones. Y sobre todo la conciencia de sí mismas, de la necesidad de no ser objetos del hombre y tornarse en sujetos o seres para sí. Se cansaron de ser “el Otro”, el segundo sexo de Simone de Beauvoir (Le Deuxième Sexe). Los faunos de Rubén Darío resultan niños mitológicos de pecho en comparación con sus congéneres posmodernos, que se la pasan oprimiendo, negando y censurando a las ninfas que se atrevan a escribir algo “de su propia inspiración” y no leer en cambio los obligados textos patriarcales de esos mismos faunos.  

Las amazonas actuales están cuestionando todo el poder patriarcal. ¿Cómo es ese poder? La historiadora Gerda  Lerner  tiene una definición espléndida: “la manifestación e institucionalización del dominio masculino sobre las mujeres y niños/as de la familia y la ampliación de ese dominio sobre las  mujeres en la sociedad en general”.  

El orden patriarcal fundado por los “Padres de la Patria” está siendo desarmado. Paso a paso. Los faunos están despavoridos. Y furiosos, por lo tanto más peligrosos que nunca. Porque la discriminación literaria sigue reduciéndose. Porque las mujeres escriben, publican y son leídas. Las amazonas ya no necesitan negar sus preferencias sexuales, como Gabriela Mistral que nunca pudo salir del armario y abrazar públicamente a su Doris Dana. No ha sido una concesión sino el resultado de una lucha. Ya no tienen que recurrir al Seconal, como Alejandra Pizarnik ni tirarse al mar para siempre a lo Storni, la mujer que sufrió en carne propia las mordidas del fauno que la llamaba por teléfono y a quien dejó este mensaje:

Si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido.

Cuando la académica Hélene Cixous advirtió que a la mujer la condenaban a la mudez, o sea que le era vedado escribir, abría un debate aplazado por décadas: la negación de la mujer en la organización patriarcal de la literatura. Cixous demanda que “la mujer debe escribir sobre sí: debe escribir sobre mujeres y traer a  mujeres a escribir”. Porque hay un “sujeto universal femenino” que  escribe desde su propio cuerpo para romper el régimen falso centrado.

Ana María Rodas es la poeta guatemalteca que se adelantó a su época, es decir al tiempo patriarcal hoy cuestionado. Sus poemas marcan un hito en el continente latinoamericano. De Rodas se ha dicho: “En su poesía, sensual o acre, pero perdurable, denuncia la hipocresía de la opresión. Con su libro Poemas de la Izquierda Erótica escandalizó a la sociedad pacata y convencional y llevó al plano humano más íntimo la cuestión de la libertad”. Rodas cuestiona toda la nomenclatura machista desmontando el discurso patriarcal:

La gramática miente

(como todo invento masculino)

Femenino no es género, es un adjetivo

que significa inferior, inconsciente, utilizable,

accesible, fácil de manejar,

desechable. Y sobre todo

violable. Eso primero, antes que cualquier

otra significación preconcebida.

Una novela relevante y pionera de la literatura femenina y feminista es Hasta no verte Jesús mío, de Elena Poniatowska (1969), cuya protagonista Jesusa Palancareses es una oaxaqueña que brinda con su vida un testimonio de las vicisitudes y asimetrías de una mujer pobre que recorre los escenarios rurales y urbanos de México, participando en las luchas de la Revolución y terminando como obrera en el Distrito. 

La también mexicana Ángeles Mastretta  ha plasmado en su obra  Arráncame la vida (1985) la perspectiva feminista del mundo. Nos aclara la autora sobre su novela: 

Es la historia de una mujer enamorada y su educación: cómo aprende que no puede ser solamente una mujer enamorada de su esposo sino que tiene que ser atrevida, beligerante y sobre todo, en control de su propia vida. También quise responder a mis propias dudas sobre la relación entre los hombres y las mujeres.

Las clarividencias y adivinaciones de Clara Trueba de la novela La casa de los espíritus, de Isabel Allende, construyen simbólicamente un poder femenino clandestino. No resulta extraño que muchos escritores y críticos hombres hayan querido desvalorizar la obra de Isabel Allende. Roberto Bolaño la llamó “escribidora”.   

La autora nicaragüense Gioconda Belli logra en La mujer habitada (1988) y en Sofía de los Presagios (1996), a través de un narrador autobiográfico, ficcionar el proceso de identidad femenina en un mundo dominado por hombres. Por su parte, la novelista chilena Marcela Serrano en El albergue de la mujeres tristes (1998) narra la vida de una joven historiadora, Floreana, que se retrae a la isla de Chiloé a donde acuden mujeres desencantadas de sus relaciones amorosas con sus hombres, resaltándose como tema de fondo la insatisfacción de la mujer y su búsqueda de autonomía. El tema se retoma de otra manera en otra de sus novelas Nosotros que nos quisimos tanto (2012), cuya trama está basada en el encuentro de cuatro mujeres maduras con amplia vida profesional que van tejiendo relatos desgarradores y situaciones existenciales desde la perspectiva de mujeres que necesitan expresar lo que la sociedad patriarcal les niega.

Las novísimas amazonas son ahora los comandos élites en la exterminación de faunos. Y lo hacen con destreza e intensidad a lo largo de toda América Latina. Damos tres ejemplos:

En Chile Natalia Berbelagua publicó Valporno, libro de relatos controversiales, contestatarios e irreverentes. Alguien lo calificó de porno terrorismo. Las mujeres personajes de Valporno desafían las fronteras de lo masculinamente permitido. Se toman sus derechos y lo asumen con sus acciones. Sobresale el relato La comunidad del azote, que en palabras del crítico Patricio Jara es “la historia de un grupo de mujeres jóvenes y profesionales que conforman una sociedad secreta dispuesta a cumplir la fantasía del macho castigado.” 

La joven poeta mexicana Adelaida Caballero ha producido una obra consistente. El poemario que la lanzara internacionalmente fue Mecánica del fuego. La vida de Adelaida Caballero comienza cuando su madre resulta embarazada por medio de inseminación artificial. Desde niña escribe y publica por primera vez a los 14 años. Su proceso creativo está marcado por viajes e incursiones en la música y el arte. En un recital en Estocolmo explicaba que si bien sus libros han sido bien recibidos, y algunos premiados internacionalmente, ciertas expresiones en sus versos le han cerrado el paso de un universo dominado por hombres conservadores. Luego leía un poema que presenta el paso de una mujer por el mundo que al final decide “arrancarle los testículos a dios”.

Regina José Galindo, artista y poeta guatemalteca, ha venido significándose con instalaciones y performances donde utiliza su cuerpo, llegando algunas veces al tremendismo. Galindo llama a sus presentaciones “poesía visual”. Se propone denunciar “la situación de indefensión de las mujeres en su país y en toda América Latina”.  Obtuvo hace un tiempo el premio León de Oro en la Bienal de Venecia con el performance Himenoplastia. Galindo se hizo coser el himen para “volver a ser virgen”, en directa alusión al ideal machista de matrimonio. La poesía de Galindo es una extensión magnífica (o viceversa) de sus propuestas plásticas. 

 

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