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Domingo

Justificación del Derecho Comparado


“Se puede ser mejor jurista inglés si se conoce un poco de Derecho francés”.

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El Derecho Constitu-cional Comparado, en los tiempos actuales se explica por sí mismo. La naturaleza cosmopolita del humano, de la que hablaba el jurista guatemalteco doctor José Matos, impone el conocimiento de las culturas jurídicas mundiales, para cumplir diferentes fines, entre ellos: facilitar las relaciones extranacionales de la persona, identificar los principios jurídicos universales que permitan el progreso del Derecho propio, adquirir una clara conciencia de las características del Derecho nacional y cumplir una función pedagógica. Ya Del Vecchio advertía sobre el peligro de los parroquianismos, en los que se exageraba hasta el absoluto el valor de la legislación de un pueblo, al extremo de individualizarla como “el Derecho” y no simplemente como un derecho, “de aquí la tendencia de desconocer la importancia y a descuidar el estudio del Derecho de otros pueblos y de otros tiempos, esto en cuanto si al descuido no se añade un cierto menosprecio”.

En principio, el llamado Derecho Comparado es de carácter científico o metodológico, importante para valorar la esencia y la eficacia del positivo, vinculante y obligatorio. Eficaz para analizar los distintos sistemas y sus respectivas consecuencias. Bueno para el estudio, la docencia, la proyección de los ensayos propios y, en algunos casos, las controversias cuando se esgrimen cláusulas de legislación ajena. 

Felipe de Solá Cañizares explica su importancia: El Derecho comparado es un elemento indispensable para el perfeccionamiento de la legislación nacional. Una simple imitación de leyes foráneas conduce con frecuencia al fracaso. El comparatista investiga las causas que han motivado esas leyes y su éxito o la poca fortuna en su aplicación, y las razones de aquel acierto o de su frustración. Todo ello en consideración del medio social y económico en que actúa esa legislación. Y es entonces cuando se puede apreciar cómo deben incorporarse a la legislación nacional. Esto es cauteloso, en especial cuando algunos políticos, para sobresalir, se apresuran a copiar leyes de otros rumbos extraños, sin tomar en cuenta los factores sociales, económicos y culturales que pueden ser muy distintos entre los países. 

Para explicar la razón del apartado anterior, contaré una guasada que le ocurrió a un nuevo embajador que llegó a México con mucho entusiasmo de abrirle puertas a la relación comercial de su país. En una recepción con empresarios, expresó su interés por ofrecer productos industriales a un ejecutivo, quien, atento como suelen ser ellos, le dijo: “Embajador, platiquemos con una buena comida este sábado”. “Encantado de ello, respondió el diplomático, solo dígame en dónde?” -“Pos, como debe ser: en la casa de usted.” De manera que el embajador alertó a su esposa a preparar las deliciosas viandas y los mejores licores para la reunión concertada. Así lo hizo la señora, luciendo la mesa con su mejor cristalería y el más fino mantel, pero… pasaban las horas y entraba la noche y el invitado nunca llegó. Así que el lunes siguiente el diplomático hizo una llamada al teléfono de la oficina del empresario, quien de inmediato, con la delicadeza propia de su clase, le preguntó: “¿Qué pasó embajador que los estuvimos esperando y no llegaron?” Entonces este le respondió, “Disculpe, pero fuimos nosotros los que estuvimos a su espera y nos dejaron con toda la comida”. Para el caso tuvieron que surgir las explicaciones: según la cortesía de los mexicanos “la casa de usted” es la de ellos mismos y la “comida” no es la cena sino el almuerzo. Aclarado el enredo, concluyeron risueños y se concertaron para otra reunión, esta vez en un restaurante. Creo que, aparte de su buena amistad, no convinieron ningún negocio. 

El Derecho Comparado tiene una denominación que no corresponde propiamente a su naturaleza, porque estrictamente no es Derecho, en tanto carece de normatividad, pero su rotulación ha logrado afianzarse por la comprensión que su objeto encierra, bien sea tenido como un método o una técnica de conocimiento de los principios jurídicos de las naciones como de sus posibilidades armónicas o de complemento para establecer rutas de comprensión y entendimiento. En particular, porque su estudio ha permitido que instituciones jurídicas exitosas puedan ser asimiladas por otras naciones que las observen. Qué mejores ejemplos podrían invocarse, que aquellos fallos famosos que por vía de interpretación judicial transformaron su tradición jurídica, y que, como el caso norteamericano, establecieron la “revisión judicial de la constitucionalidad”, o el argentino, que desde el hábeas corpus avanzó hacia el amparo. 

Se ha dicho que así como la filosofía habla griego, el constitucionalismo habla inglés. De esa misma manera, identificando las instituciones por su origen idiomático, el control concentrado de constitucionalidad habla alemán; los derechos del hombre, francés, no obstante ser posterior la Declaración de 1789 a la americana de Virginia; el Ombudsman (traducido como Procurador de los Derechos Humanos) sueco; y el amparo, español-mexicano. Quiere decirse con esta variedad de origen de creaciones que se han extendido universalmente, que el Derecho está constituido por interacciones sociales e históricas que no pueden ser ni aisladas ni ignoradas por ningún nacionalismo. Si alguna duda hubiere, bastaría citar el Código Napoleón para descartar cualquier estrechez que aún ahora quisiera disminuir la importancia del Derecho Comparado.

Los sistemas de Derecho más evolucionados son los que están mejor preparados para asimilar las innovaciones de otros, porque tienen más capacidad para discernir los factores eminentemente humanos, comunes a toda la especie, de aquellos que son puramente autóctonos, cuya aplicación se concibe en cuanto a situaciones concretas y bien determinadas, singulares e irrepetibles. Por esto es que en la dogmática constitucional y en la protección de los derechos fundamentales, es donde mejor puede encontrarse una comunidad de principios, porque estos conciernen a lo más esencial de la vida, que es precisamente el sentido de su dignidad, que grandes  o principales reformas del mundo compartieron. Desconocer esa validez universal conduciría a errores muy caros, por unilateralidad, fanatismo o imposición, como las que lamentablemente incurren los pueblos esclavizados por chamanes que todavía siguen quemando brujas. 

Para abordar el Derecho Comparado (que tiene mucha relación con observar los sistemas políticos) se necesitan técnicas, dedicación, recursos y, esencialmente, buena voluntad para encontrar las identidades que tiendan a unificar o enlazar el accionar regional con fines de alcanzar mejores indicativos de eficiencia dentro de la equidad. O, por el contrario, la percepción de dislates y trampas al desarrollo y la equidad, más aconsejan, como con el virus mortal, saber guardar las distancias. En ambas condiciones, apunta el Derecho Comparado, cuidándose de aquellos que ni derecho legítimo tienen.

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