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Domingo

Unicef: fenómeno Luzbel


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Unicef siempre se ha mercadeado, como una especie de ángel de la guarda, para los niños del mundo; sus siglas en inglés dan origen a su nombre que se traduce como “Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia”. No son pocos los esfuerzos dirigidos por esa entidad, en pro de la niñez, lo cual se agradece, porque son los niños el motivo del quehacer de quienes hemos luchado por nuestras familias y constituyen el futuro de las naciones. En el caso de Guatemala, sabemos –lo he enunciado muchas veces– el futuro es sombrío, en virtud de que la mitad de nuestros niños, padecen desnutrición crónica y, en consecuencia, sus cerebros y vidas quedarán marchitas para siempre… pero ese no es el tema hoy. 

La semana pasada circuló –respecto a Unicef– una noticia que uno quisiera fuese falsa, pero parece que no lo es (puede leerla en C-Fam Center for Family & Human Rights). Resulta que, derivado de un estudio en 19 países europeos, concluye que los materiales para adultos, incluidos los que exponen sexo explícito, pueden estar disponibles para menores, incluyendo niños, en virtud de que impedir su acceso, infringiría sus derechos humanos. Sugieren que todo ello debe ser acorde a la “edad y madurez” de los niños. Es decir, según Unicef, los infantes pueden ver pornografía y ello no resultará en daño alguno para sus mentes y vidas; el organismo va más allá, indicando que los procesos de verificación de “mayoría de edad”, para acceder a sitios con imágenes sexuales, constituyen un “obstáculo” para la “educación sexual”.  Textualmente aseguran: “No hay evidencia concluyente de que los niños expuestos a la pornografía sufran daño”.

Las conclusiones aberrantes de Unicef, se “fundamentan” en que, casi cuatro de cada diez niños estudiados, estaban “felices”, luego de ver pornografía. No pude evitar pensar que también hubiesen estado “felices” después de consumir alcohol, éxtasis o marihuana, pero eso no significa que sea una ingesta constructiva o edificante, para sus vidas. La propuesta de Unicef ha generado agrias críticas, pero –para variar– no de los medios de comunicación globales y dominantes que promueven la decadencia y destrucción de nuestros infantes. De hecho, no vi tampoco a un solo medio de comunicación de este país cuestionando el “gran hallazgo” de Unicef. 

Lisa Thompson, del Instituto de Investigación del Centro Nacional sobre Explotación Sexual, refutó, igual que otros expertos, la propuesta destructiva de Unicef, indicando que se ignora por completo la profusa investigación que existe sobre lo pernicioso de la pornografía infantil en los niños. “La pornografía predominante contiene abuso sexual horrendo, violación, incesto, racismo, todo lo cual los niños no debieran consumir”, afirmó Thompson.

Recuerdo haber visto –hace muchos años– la biografía de Ted Bundy, un violador y homicida serial de los más terribles que se tiene registro, en EE. UU. Él, ante su inminente cita con la muerte, en la silla eléctrica, aconsejaba a los jóvenes a no ver pornografía, porque hacerlo lo condujo a una adicción –concluía– que le llevó a ideas obsesivas con el sexo, violaciones y los muchos homicidios que perpetró. 

Unicef abre la puerta al infierno con sus iniciativas en pro de la pedofilia y todo tipo de abusos, sugiriendo –sin decirlo– que ahora cuidadores, padres y parientes de menores, podrán disfrutar –a gusto– su programación porno preferida, porque ello contribuye a la “libertad” y fomenta “los derechos civiles y humanos” de los infantes que quedarán a expensas 

–con autorización de Naciones Unidas– para ser depredados y destruidos. 

Luzbel “el que emana luz”, se cuenta fue el ángel más hermoso que reinaba en los cielos, siendo el lugarteniente del mismo Dios. Su rebelión lo llevó a convertirse en satanás y como tal –se cree– ejerce influencia sobre todo lo maligno. Personifica al rector de lo torcido: la traición, el odio, la mentira, el hurto, la envidia, los asesinatos y, en general, la corrupción. Parece que Unicef sigue el mismísimo camino que Lucifer y en tal caso, esperamos tenga su mismo final. La pregunta es ¿Vamos a seguir permitiendo que Naciones Unidas destruya a la familia, insulte la verdad y pisotee la moral que ha hecho posible la supervivencia de la raza humana? ¡Piénselo!

 

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