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Domingo

El manual de los vacunados


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Mientras el presidente Biden exige, desde Washington, a sus Agencias de Inteligencia, un informe detallado para establecer, a más de un año del surgimiento de la pandemia, si el COVID-19 surgió por primera vez en China de una fuente animal o si fue un accidente de laboratorio y Rusia recurre a varias firmas chinas para fabricar dosis de la vacuna Sputnik V contra el coronavirus, en un esfuerzo por acelerar la producción mientras crece la demanda de su fármaco, en la Guatemala ficticia, –el país de la eterna “robolucion”– bajo el ardiente sol de mediodía, un picop del inepto Ministerio de Salud, transporta en su palangana, un aparente lote de las vacunas rusas Sputnik V. 

Tan solo unos días atrás, la flamante Viceministra técnica del Ministerio de Salud, había afirmado con la “solvencia” y desfachatez que caracteriza al actual Gobierno que “Para el manejo de la cadena de frío de los biológicos, también se fortalecerán los cuartos fríos, en las áreas de Salud –¿Cuáles?– y los medios de transporte para que mantengan la temperatura necesaria”.

Mientras la Sputnik V se calienta bajo el sol citadino, los rusos nos recuerdan que la vacuna Sputnik V es una vacuna termolábil, lo que significa que la misma tiene que ser almacenada en la más completa oscuridad, y no puede ver la luz del sol, hasta el momento en que se la inyectan al crédulo, paciente y agradecido ciudadano guatemalteco.

Transgrediendo la inicial cadena de frío de esta vacuna que requiere una temperatura de congelación de menos de dieciocho grados Celsius (-18° C) o menos para TODAS las etapas de almacenamiento y transporte de la misma, desde el momento de su producción, hasta el momento de su utilización, los vehículos del Ministerio de Salud pasean por las calles de la ciudad, cajas con el logo de la vacuna rusa. 

En el manual actualizado, publicadas por el Centro Nacional Gamaleya de Epidemiología y Microbiología y el Ministerio de Salud de la Federación Rusa, se establece claramente que una vez descongelada la vacuna, las cinco dosis que contiene el vial (frasco) sean administradas en un plazo máximo de dos (2) horas luego de ser descongelada. Esto quiere decir que una vez sacado el frasco ampolla del congelador, el contenido del vial debe descongelarse para su aplicación dependiendo de la temperatura ambiental, en un lapso de siete a 20 minutos y debe administrarse en un plazo máximo de dos horas luego de descongelado. La vacuna una vez descongelada, no se puede volver a congelar.

Contrario a lo que establece el manual actualizado de Gamaleya, el sitio web del Ministerio de Salud de Guatemala afirma, que los lotes de Sputnik V pueden almacenarse entre +2 +8 grados Celsius (+2° +8° C) lo cual quiere decir que la misma podría almacenarse en un refrigerador normal, sin necesidad de invertir en infraestructura adicional de la cadena de frío. Sin embargo, los lotes que recibió Guatemala, requieren -18° C.  ¿Fake pick up? ¿Fake web?

Hasta donde se sabe el Ministerio cuenta tan solo con un cuarto para el resguardo de la vacuna a -18° C que no es más que el Centro Nacional de Biológicos, reacondicionado, y asumimos, las hieleras y refrigeradores del despacho Ministerial. La Sputnik V rebajada a la dimensión de una cerveza bien fría. Falta saber si el Ministerio de Salud tiene la capacidad de implementar la cadena de frío, sobre todo en el área rural, si no la tiene, quiere decir que las muchas de las vacunas Sputnik V serán inservibles, un oneroso placebo, en cuyo caso en lugar de vacunarnos, estaríamos mejor, como diría el finado Abdón, tomándonos una Sputnik.

En realidad, los guatemaltecos estamos acostumbrados a que “nos vacunen” propios y extraños. Entre 1946 y 1949, dentro del marco de un programa patrocinado y ejecutado por el Gobierno de EE. UU.: en Guatemala, médicos, en su mayoría norteamericanos, infectaron, mediante inoculación directa y sin consentimiento ni conocimiento de las víctimas, entre ellos soldados rasos, reos y pacientes psiquiátricos, con sífilis y otras enfermedades venéreas para comprobar la efectividad de nuevos fármacos antibióticos. El infame experimento Tuskegee.

En los años 70 y 80, la agencia católica de noticias Noticias Aliadas y el obispo católico Gerardo Flores, revelaron, en denuncias que nunca fueron investigadas ni verificadas, que, en Guatemala, con fondos provenientes de EE. UU. se realizaron prácticas masivas de esterilización, especialmente en poblaciones indígenas, a través de vacunas anticonceptivas. Naturalmente, también, cotidianamente “nos vacunan” los policías que piden mordida, los miembros del Pacto de Corruptos y los mareros que piden la talacha, entre otros.

En esta danza surrealistas de vacunas y vacunados, entre mentiras y artimañas, los intermediarios rusos de la Sputnik V “vacunaron” al gobierno de Guatemala, por medio de un contrato leonino, exigiéndole por adelantado, el 50 por ciento de la compra de un lote de 16 millones de vacunas, que llegan a cuentagotas, mientras los laboratorios chinos las terminan de fabricar. En las últimas semanas Rusia ha anunciado tres acuerdos con empresas chinas para la producción de 260 millones de dosis para atender la creciente demanda mundial, incluida obviamente la de los guatemaltecos. O sea, la “rusa” Sputnik V que recibiremos algún día, estará hecha en China.

Por su parte, el dúo 

dinámico se “auto vacunó” con la comisión que se recetaron a través de la intermediaria empresa rusa que facilitó la traducción de español a ruso y de ruso a dólares, a ser depositados en algún lugar lejano para cuando llegue el otoño  de las románticas y personales vacunas presidenciales; al mismo tiempo que “vacunaban” al pueblo guatemalteco, en un crimen por omisión, con una vacuna que no solo no termina de llegar, sin saber si existe la capacidad real de guardar la cadena de frío, ante la posibilidad real que a algún funcionario se la ocurra desconectar el único cuarto frío que existe para enchufar su celular. Lo que sí está claro es que los guatemaltecos, quizá por razones históricas, si estamos vacunados contra la rabia.

 

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