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Domingo

“En El Salvador ocurrió un golpe de Estado blando”


Manuel Escalante Saracais, subdirector del Instituto de Derechos Humanos de la UCA de El Salvador.

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En cinco horas la Asamblea Legislativa de El Salvador destituyó y reemplazó, sin seguir el procedimiento establecido en la Constitución, a los magistrados de la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General. (Foto: MARVIN RECINOS > AFP)

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele (2019-2024), acumuló este año la fuerza política suficiente para controlar todas las instancias de los tres poderes del Estado. Los diputados de su partido político, Nuevas Ideas, representan la mayoría en la Asamblea Legislativa de ese país. En su primera sesión, el 1 de mayo, que se llevó a cabo momentos después de la toma de posesión, el oficialismo, junto a otros tres partidos políticos aliados, votaron para destituir y sustituir de inmediato a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General de la República. 

La causa de la destitución la juzgó el mismo Bukele. Según los diputados oficialistas, los magistrados se extralimitaron en sus funciones por medio de sus sentencias. Los acusaron de  “obstaculizar” el trabajo del Ministerio de Salud en 2020 y de no respetar la separación de poderes, concretamente, con el Organismo Ejecutivo. 

Sin embargo, la separación de poderes entre la Asamblea Legislativa y la Presidencia no aplica. Esto quedó evidenciado el 3 de mayo durante una reunión que Bukele sostuvo con el cuerpo diplomático acreditado en El Salvador. El Presidente fue quien explicó a los embajadores las decisiones ejecutadas por los diputados de Nuevas Ideas. 

En la justificación que Bukele dio a los diplomáticos, les dijo que la Constitución ampara a los diputados a hacer esos cambios. Además les indicó que como el pueblo salvadoreño había votado por ellos, eso les daba la autoridad de nombrar a magistrados y a un Fiscal General afín a él, a su partido y a su gobierno. 

Pero para el subdirector del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (Idhuca), Manuel Escalante Saracais, los diputados de Nuevas Ideas sí violaron la Constitución, porque no siguieron los procesos establecidos para destituir y nombrar a los magistrados y al Fiscal General. 

¿Cómo el presidente Nayib Bukele llegó a acumular el poder político que tiene ahora, al punto que le permitió a la Asamblea Legislativa, dominada por Nuevas Ideas, destituir a magistrados de la Sala de lo Constitucional y al Fiscal General de la República? 

– Hay dos factores fundamentales. Primero está la estrategia publicitaria, además de los muchos años de trabajo de Bukele. Con esto me refiero a que muchos piensan que Bukele surgió en 2019, pero no. La imagen de Nayib Bukele se viene trabajando desde hace 10 años, cuando comenzó con pretensiones de ser alcalde. Hay que ser claros en decir que Bukele no es un outsider. Es un político que viene de los partidos tradicionales, principalmente del FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) y un político que se asocia con quienes vienen de otros partidos tradicionales, como Arena y el Partido Demócrata Cristiano. Nayib Bukele es un personaje que está muy desarrollado a nivel comunicación, publicitario, pero también es un personaje que hunde sus raíces en los partidos tradicionales. 

El siguiente factor que influyó en su ascenso es el sistema político salvadoreño,  el cual constantemente se ha venido desgastando, por acciones de los partidos tradicionales. 

La población estaba cansada de esos partidos políticos y en ese contexto aparece un producto comunicacional diferente, que en realidad no lo es. Entonces, decimos que Bukele se aprovechó de los errores de ese sistema político, cuando él y sus socios han sido parte de esos problemas. 

Manuel Escalante Sacarais es un abogado constitucionalista y es el subdirector del Instituto de Derechos Humanos de la UCA.

¿Cómo se puede explicar que la gente no vincula a Nayib Bukele como un  político que viene de los partidos tradicionales, si su alcaldía en Nuevo Cuscatlán y en San Salvador las ganó con el FMLN? 

– Lo que ocurre es que Nayib Bukele y otros cercanos a él fueron expulsados de sus partidos. Nayib Bukele fue expulsado del FMLN. Entonces, los mismos partidos se encargaron de desvincularse de ellos. Por lo tanto la gente lo asoció así, pero la realidad es que muchos de los problemas de corrupción, de falta de atención social, ocurrieron en gobiernos como el del FMLN cuando Nayib mismo estaba en ese partido. 

En El Salvador hubo una “primavera en pro de la justicia”, en que la Fiscalía General de la República empezó a investigar y revelar todos los actos de corrupción de los últimos gobiernos de Arena y del FMLN. ¿Cree que Bukele también aprovechó ese momento para ganar popularidad política? 

– Claro, porque conocer a profundidad la corrupción generó en la población mayores niveles de hartazgo. Ahora bien, el riesgo que ahora tenemos con Bukele es que justamente estas instituciones de control, como el Instituto de Acceso a la Información Pública, la Unidad de Probidad de la Corte Suprema de Justicia o la Fiscalía, tres instituciones clave para conocer la corrupción de (Antonio) Saca y de Mauricio Funes, son justamente las instituciones que el oficialismo de Nayib Bukele está debilitando: Me aprovecho para debilitar a los demás, señalando su grado de corrupción, mientras me fortalezco ocultando la mía propia. ¿Y cómo lo oculto? debilitando las instituciones de control. 

Lo que sucedió el sábado 1 de mayo, ¿se había vivido antes en la era democrática de El Salvador? 

– Este fenómeno de un partido oficial dominando todas las instituciones del Estado no es algo nuevo para El Salvador, lo vivimos con Arena en los años noventa. 

Cuando se dio el cambio de gobierno, el FMLN intentó hacer lo mismo. Lo que pasa es que el FMLN salió más disminuido y una Sala de lo Constitucional más activa evitó que el Frente lograra su objetivo. Es por eso que digo que lo que vivimos con Bukele, me recuerda a la Arena de los años noventa que con el control total dolarizó la economía salvadoreña. 

Agentes de la PNC de El Salvador instalaron por primera vez una guardia afuera del Palacio Judicial, sede de la Sala de lo Constitucional. (Foto: STANLEY ESTRADA / AFP)

Entonces, por lo que usted explica, el 1 de mayo pasado, El Salvador regresó a los años noventa…

– Yo diría que fue una combinación. Regresó al nivel político de los años noventa. Regresó al protagonismo de las armas de los años ochenta. Y regresó a la toma de decisiones de las dictaduras de antes de los años ochenta. Si vamos a ser estrictos en lo que ocurrió ese sábado en El Salvador, la destitución de unos funcionarios y la elección de otros, estuvo acompañado por las armas. Lo que pasa es que no dispararon, pero estuvieron las armas por medio de la PNC. 

Me recuerda a la Centroamérica del siglo XIX, cuando el terrateniente tenía su abogado y como lo ayudaba, y le tenía confianza lo nombraba presidente de la Corte. Esa actitud está detrás de las acciones de Nayib. 

¿Qué aspectos de la Constitución salvadoreña se violaron con estas destituciones y elecciones de magistrados y de Fiscal? 

– La destitución fue inconstitucional. La Constitución sí establece la posibilidad de destituir un magistrado, en el Artículo 186 y párrafo segundo, pero ese mismo artículo dice que debe ser por causas específicas señaladas por la ley. Y las causa que ellos expresaron, no encajan en lo que establece la Constitución. Es decir, se inventaron las causas. 

La ley dice que la Asamblea Legislativa debe sustituir a los magistrados. Ahora bien, el motivo de sustitución debe ser válido y esto fue inconstitucional. El segundo elemento es que, cuando se habla de sustituir a los magistrados, hay que leer de cara a la Constitución, en donde establece que los magistrados electos hayan sido parte de un grupo de 30 candidatos formado por el Consejo Nacional de Judicatura y la Federación de Abogados. Solo los que estén en esa lista pueden ser electos. A estos magistrados se los sacaron de la manga. 

¿Qué significa para El Salvador lo que sucedió? 

– A nivel de la población significa que nos están mintiendo. Nos dicen que son diferentes a los otros y que hacen las cosas de manera distinta, pero han hecho exactamente lo mismo que otros. Tienen el poder y se imponen ante otros sin concertar el diálogo. Una de las justificaciones que dan, es que los magistrados que destituyeron eran funcionarios de los otros partidos políticos. Pero, entonces, estos de ahora son los funcionarios de Nayib y su partido. Además, entre los recién electos hay funcionarios que fueron parte de los gobiernos de Arena y del FMLN en el pasado. Entonces son los mismos de siempre. 

A nivel de institucionalidad ha habido un golpe de Estado blando. Digo, fue blando porque no se disparó ninguna bala, pero la fuerza pública estuvo ahí. Aquí hubo una ruptura. 

Se dice que con estas acciones Nayib Bukele busca reelegirse o consolidarse en la Presidencia, ¿qué posibilidad hay de que eso suceda? 

– Mientras no cambien la Constitución o no se lancen a violarla aún más, técnicamente él no podría reelegirse. Pero como ya hemos visto en otros países, existe un fenómeno de culto a la persona, y Nayib se unge a sí mismo. Independiente de que si él va o no a la reelección, la estrategia para las elecciones de 2024 será apostarle a la persona que más lo representa a él. 

¿Qué dice la Constitución salvadoreña respecto a la reelección?

– La reelección presidencial no puede reformarse en la Constitución. Pero otro elemento es que quieran crear una nueva Constitución. Ese escenario es posible y cómo sería nueva,  podrían colocar que la reelección sí sea posible. Este es el escenario de Venezuela o Ecuador. Entonces podrían llamar a una Asamblea Constituyente y ahora él puede lograrlo porque tiene un enorme apoyo popular. Solo que en este escenario, Nayib debería tener el apoyo del TSE. Entonces si se da la destitución de los magistrados del TSE, habrá indicios de que estamos frente a una Constituyente. 

¿Se podría decir que la popularidad de Nayib se sustenta en los programas sociales que ha activado? 

– Lo que sí es verdad es el lanzamiento de todos estos programas. Eso no lo podemos negar porque hay hechos. Lo que no tenemos es suficiente información de si realmente estos tienen el alcance que deberían tener. Sabemos lo que ellos nos quieren decir, porque ahora hasta los maestros tienen prohibido hablar sobre lo que sucede. Tenemos mucha publicidad, pero poca transparencia. 

Foto: Presidencia de El Salvador > AFP

¿Quién podría frenar estas acciones de Nayib Bukele y su partido? 

– La comunidad internacional podría ser la única en esta primera etapa, pero no digo que todo dependa de ella. 

¿Es Nayib Bukele un autócrata o un dictador?  ¿O cómo definiría ahora mismo al hombre que gobierna a El Salvador? 

– Se me complica encasillar, principalmente porque esos dos conceptos son muy rígidos. No me atrevería a decir que es dictador o autócrata. Lo que diría yo es que su modo de proceder y el del oficialismo tiene enormes rasgos de autoritarismo. Es un modo de proceder autoritario. Creo también que Nayib Bukele es la cara, pero no creo que todo lo que esté pasando sea concebido por él. Hay distintos grupos de poder y distintos intereses involucrados. La estrategia es también personalizar los aciertos y errores en él, para que los que están atrás no se vean.

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