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Domingo

Las cicatrices en sus manos, la historia de un reencuentro


En 1977, las leyes guatemaltecas permitieron a los abogados y notarios gestionar procesos de adopción, lo que provocó un auge de adopciones desde el extranjero a finales del siglo XX. Carlos Haas, adoptado en 1985 por una familia alemana, explica cómo enfrenta la conciliación de sus dos identidades, después de conocer a su madre biológica.

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En cada mano Carlos Haas  tenía seis dedos, solo que él no lo sabía. Solo conocía las cicatrices que dos de ellos dejaron, cuando de bebé se los removieron. Las marcas que siempre lo acompañaron toda su vida tuvieron una respuesta en 2012, cuando nació su primer hijo y con eso conoció a su primer pariente sanguíneo. Su hijo también nació con seis dedos en cada mano. 

“Es algo que se siente en el alma”, dijo para describir el hilo sanguíneo que había encontrado en su hijo y que le removió dudas sobre su origen. Carlos Haas nació el 28 de febrero de 1985 en Guatemala y ese mismo año fue entregado en adopción a una pareja alemana. Carlos creció en Niedernberg, un pueblo situado en el centro de Alemania. 

Carlos mide 1.65 metros, su cabello es negro, el cual recorta muy delgado en los bordes y al centro deja una capa más larga. Lleva puesta una guayabera roja y un morral de tela típica de los pueblos indígenas de Guatemala. Su voz es aguda, sin embargo, el acento alemán le fluye de vez en cuando y en su español se cuelan palabras pronunciadas con fuerza desde el fondo de su garganta. Tiene 36 años y es historiador. “No conozco a nadie más alemán que a Carlos”, dicen sus amigos alemanes y él reafirma más esta descripción al contar que su tesis de estudios doctorales fue profundizar sobre la Segunda Guerra Mundial y que, además, escucha a los grandes músicos alemanes del siglo XVIII. 

Pero, dos años después de que naciera su hijo, en 2014, mientras se encontraba en un supermercado en Washington D. C., Carlos ya no se vio solo como alemán. Las diferencias en rasgos físicos con el resto de sus compañeros y vecinos de Niedernberg, no las vio en ese lugar lleno de trabajadores migrantes guatemaltecos. Fue un reencuentro con él mismo, que lo inquietó y decidió buscar a su familia biológica. Buscó también otra identidad. 

A casi siete años de ese momento en Washington D. C., Carlos se prepara para tomar un bus que lo llevará de La Antigua Guatemala hacia Huehuetenango. Pasará el fin de semana con su familia biológica y también celebrará su cumpleaños número 36. Pero llegar a ese punto no fue fácil. 

Según Carlos, de pequeño le sangraban mucho las cicatrices que dejaron en sus manos la remoción de los dedos. Nunca supo de qué se trataban esas marcas.

El reencuentro 

El primer paso fue conocer Guatemala. En 2015 viajó junto a su esposa y su hijo. Cuenta que fue a Malacatán, San Marcos, a visitar a un sacerdote que había conocido en 2005 en la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en Colombia. La inquietud seguía y un año después contactó a la Liga de Higiene Mental, quienes desde mayo de 1999 iniciaron el programa Todos por el Reencuentro, el cual tiene como principal objetivo la búsqueda de niños y niñas que habían sido reportados como desaparecidos durante los 36 años del conflicto armado interno que enfrentó el país. 

La decisión de hacer una petición formal tenía como gran acompañante la carga emocional que esto conlleva. No sería fácil para él y tampoco para sus padres adoptivos, quienes lo apoyaron y acompañaron en este proceso. Pero en septiembre de 2016 conoció en Nueva York a la investigadora estadounidense,  Kate Doyle. Ella, una de las principales archivistas del conflicto armado interno en Guatemala, lo animó a dar el gran paso. Así fue como en diciembre de 2016, Carlos pidió al psiquiatra Marco Antonio Garavito, presidente de la Liga de la Higiene Mental, buscar a su madre biológica. 

Para Carlos el proceso fue rápido. Él contaba con el documento de adopción que le había entregado su familia adoptiva. Tenía dudas si encontrarían a su madre. Para ese entonces se había informado más sobre el contexto político en que se dio su adopción y conoció más sobre todos los procesos de adopciones irregulares que se dieron durante los años ochenta, noventa y el primer lustro del siglo XXI. Supo que en estos procesos fueron involucrados políticos, abogados y diplomáticos guatemaltecos. Había conocido casos de otras personas adoptadas en donde el nombre de la madre biológica registrado en los documentos de adopción era falso y que quizás el niño o niña pudo haber sido robado. 

En mayo de 2017 un correo le notificó que habían encontrado a su madre biológica. El miedo se apoderó de Carlos. Ese año no conoció a Victoriana, la mujer que le dio la vida y que es originaria de una aldea de Chiantla, Huehuetenango. Marco Antonio Garavito explica por qué el reencuentro se concretó hasta febrero de 2018. El psiquiatra dice que el objetivo de este proceso no es solo una búsqueda, sino que también es una sanación y reconciliación. Para la Liga de Higiene Mental es muy importante tratar la carga emocional y sentimental que esto conlleva, porque no creen que sea correcto que una persona solo llegue y se presente ante una familia, en la cual el adoptado quizá nunca ha existido. “Puede ser muy doloroso para ambas partes y dejar huellas irreparables”. 

El padre de los primeros tres hijos de Victoriana se integró al Ejército durante el conflicto armado interno y ya no volvió. Volvió a quedarse sola con los tres niños cuando el padre de Carlos murió de una apendicitis, cuando ella estaba embarazada. De nuevo estaba soltera, solo que ahora con cuatro hijos y sin los recursos económicos necesarios para mantenerlos. Ocultó su embarazo y seis semanas después del parto entregó a Carlos para su adopción. Pensó que el niño se quedaría en Guatemala. 

Carlos entiende las circunstancias que rodearon a su madre. Entiende lo difícil que es ser mujer en Guatemala y se imagina que debe ser aún peor ser una madre soltera con cuatro hijos que no podía sostener y con una sociedad que constantemente juzga a las mujeres. La discriminación que vivía era muy grande, señala y él lo entiende y no quiere juzgarla. Dice que aún tiene muchas preguntas, pero que estas no llevan a ninguna dirección y que es mejor no tocarlas. 

Carlos Haas explica, por lo que le indicó su madre biológica, que quizá sí hubo voluntad para ser entregado en adopción. Sin embargo, no cree que haya habido una entera conciencia en el proceso, ya que a su madre en ese entonces se le violaron muchos derechos y ella también desconocía esas garantías. 

Una comunidad 

Marco Antonio Garavito cuenta que en 22 años, con un aproximado de cinco investigadores, han logrado concretar 510 reencuentros. La mayoría de las personas reunificadas con sus parientes sanguíneos se encuentran en Guatemala, pero en 2007 esto cambió. Se creó la Ley de Adopciones, Decreto 77-2007, y con ese debate también se conoció más sobre las adopciones irregulares que tuvieron su mayor auge entre 1980 y 2005, año en que se reformó el Código Penal, para incluir las adopciones irregulares, entre el delito de trata de personas. 

En 1977, en la legislación del país se le permitió a los abogados y a los notarios gestionar los procesos de adopción. Esta oportunidad fue aprovechada por muchos abogados, principalmente por los que se encontraban muy bien relacionados con los gobiernos militares, ya que, por medio de las instituciones públicas podían tener acceso a  niñas y niños, que en un aproximado de 15 días eran enviados en adopción a Estados Unidos, Canadá y Europa. Un proceso incorrecto en una adopción, porque los abogados no velaban por el bienestar de los pequeños y no conocían a las familias a las que se les entregaba a los infantes. 

Otras de las acciones irregulares en torno a este proceso, que llevaban a cabo los abogados, era que los niños y niñas no se encontraban institucionalizados por voluntad o diligencia de sus padres y madres, como quizá fue el caso de Carlos, según como cuenta su historia Victoriana. Sino que muchas veces estos niños eran robados de los hospitales, guarderías, centros de salud y otros espacios del sector público, añade el psiquiatra. 

“Desde 2007 hasta ahora, hemos trabajado sin la ayuda del gobierno. Tenemos el reporte de 42 niños que habían sido separados por el Ejército, porque desaparecieron de la comunidad modelo que habían instalado en la década de los ochenta en Alta Verapaz. De esos 42, 14 fueron encontrados en Italia”, explica Garavito sobre los diferentes casos que envolvían los procesos de adopción que ocurrieron en el país a finales del siglo XX. 

Los guatemaltecos adoptados por extranjeros buscan ahora unir la diversidad que los integra y buscar todas las respuestas sobre sus orígenes. En 2012 se creó el grupo Next Generation Guatemala, que ha agrupado hasta 700 personas que nacieron en Guatemala y fueron adoptados en el extranjero. A este grupo pertenece Carlos Haas y con ellos ha encontrado una comunidad que busca reencontrarse con su identidad guatemalteca. 

“Juntos exploramos lo que significa la autonomía en la discusión sobre la adopción transnacional. Somos muy conscientes de que no tuvimos elección cuando fuimos adoptados siendo pequeños. Por ello, el día de hoy nuestro viaje consiste en reconciliar nuestras identidades biológicas y adoptivas en una sola persona”, explica Carlos Haas sobre Next Generation Guatemala. 

Carlos se encuentra en proceso de reconciliar esas dos identidades. Su vestimenta ahora incluye los trajes tradicionales de Todos Santos Cuchumatanes o de Santa Catarina Palopó. Está en proceso de adquirir su ciudadanía guatemalteca, pero aún espera la respuesta de las instituciones alemanas antes de adquirir un DPI o pasaporte, porque tiene dudas si por ser adoptado podría perder la ciudadanía del país europeo. Mientras tanto, pasa los días de marzo en el archivo del Centro de Estudios Regionales de Mesoamérica (Cirma). Carlos investiga, para el Departamento de Historia de la Universidad de Munich, qué tanto conoció el Grupo de Solidaridad de Alemania lo que ocurría en Centroamérica durante los conflictos armados internos. Quiere documentar qué tanto sabían las autoridades del país donde creció, sobre lo que ocurría en el país donde nació.

El archivo de Cirma ha sido un espacio clave para Carlos, ya que por medio de ellos conoce más sobre el contexto histórico que rodea a la epoca en que fue dado en adopción.

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