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Domingo

Narcoestados


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“No le tengo miedo a los pendejos, sino que sean tantos y puedan elegir presidentes”.
Facundo Cabral

 

¿Quiénes son los próximos políticos centroamericanos que les darían pronto pastel de calabaza en las prisiones de Estados Unidos? El exjefe del cartel hondureño Los Cachiros, Leonel Rivera, acusa en una corte en Estados Unidos al mismo presidente de Honduras, Orlando Hernández, de estar involucrado en el trasiego de drogas. La noticia le ha dado la vuelta al mundo. Y no pocos analistas resaltan la existencia de un verdadero narcoestado.

Centro América ha sido prácticamente tomada por el narcotráfico. Por las enormes carencias de la población la gente se vende por un plato de lentejas. Además, al no haberse eliminado los poderes ocultos y al haberse institucionalizado la corrupción e impunidad, se abrieron las puertas a los inhumanos e insaciables carteles del narcotráfico, que han envilecido y violentado al Istmo. 

Sin duda, se vienen consolidando los narcoestados, en especial Honduras seguida de cerca por Guatemala. Por el país guatemalteco se traslada un gran porcentaje de las drogas, en especial la cocaína, que tiene por meta final el mercado negro norteamericano. Es un país de paso, más que de producción, y lo mismo sucede con Honduras. La condición primordial para que el trasiego de drogas pueda realizarse en gran escala es que el mismo Estado esté comprometido, en especial sus fuerzas armadas y los controles aduaneros. Pero también implica el involucramiento de la clase política, desde alcaldes y diputados hasta los mismos mandatarios.

Resulta un hecho la complacencia de los grandes empresarios, los “dueños” de las fincas que llaman Repúblicas. No les importa convivir con los narcos, incluso apoyarlos. No les importa el lavado de dinero, incluso participan en esto. Moralmente han roto las barreras de lo tolerable, lo correcto, lo único ético. Y las consecuencias a mediano y largo plazo serán catastróficas para el desarrollo de la región que seguirá sumida en la pobreza, la corrupción, la desnutrición y la falta de educación. 

Están aún frescas las imágenes del encuentro entre el entonces presidente guatemalteco Jimmy Morales y el capo de la droga y prominente político Mario Estrada, hoy condenado en Estados Unidos por narcotráfico. Recordemos que Mario Estrada fue candidato presidencial de la UCN y condenado por vínculos con el cartel de Sinaloa. ¿Qué hablaron Estrada y Jimmy Morales cuando el presidente visitó al primero en su mansión para comer gallina en crema con loroco? Solo puede adivinarse el sabor de esa gallina sazonada probablemente con polvo blanco que no es harina. Mas lo central ahora es que ese narco partido UCN metió 12 diputados al nefasto Congreso y estos parlamentarios forman parte de la alianza oficialista que apoya y se apoya en el presidente Giammattei que desde el principio escogió el lado de los corruptos, del narco, de lo oscuro. 

Durante el mandato de Jimmy Morales el narcotráfico aumentó y continúa haciéndolo en el de Giammattei. Aviones aterrizan y descargan cocaína sin que las autoridades hagan o quieran hacer algo. Jimmy decía que el Ejército bajaba aviones de narcos usando camiones viejos. Pero su exministro de Economía, Acisclo Valladares, se movía en vuelos de primera clase. Es acusado ahora por una fiscalía estadounidense de ayudar a lavar cerca de US$10 millones de ganancias ilegales de drogas. 

El Pacto de Corruptos constituye la columna vertebral del sistema político hoy representado por Giammattei y Allan Rodríguez. Se trata de una clase política funesta, aliada a militares narcocomprometidos, a contratistas del Estado sin escrúpulos y a alcaldes y diputados corruptos. La corrupción estructural del Estado no solo hace ricas a las mafias políticas sino empobrece más a los pobres, debido a la mala calidad del gasto público. Pero lo esconden o lo justifican demagógicamente y por medio de sus portavoces pagados. Todo en nombre de combatir al supuesto “castro chavismo”, a los chairos, al comunismo que siguen viendo hasta debajo de las alfombras, incluso las de Semana Santa.

La caída estrepitosa de Trump les preocupa a los del Pacto de Corruptos. Nunca les preocupó en cambio la niñez migrante ni la población guatemalteca. Solo velan por sus espurios intereses para enriquecerse a costillas de los dineros públicos. Por eso tratan a toda costa de controlar el sistema de Justicia y a todas las instituciones.

Volvamos a Honduras. El gobierno fraudulento del presidente hondureño JO Hernández se ha caracterizado por el aumento colosal de la corrupción y su gestión ineficiente. También por la represión contra el movimiento social y popular, por ejemplo, el asesinato de la activista ambiental Berta Cáceres. Pero las últimas noticias de los juicios por narcotráfico masivo que se llevan a cabo en un tribunal de Manhattan en Nueva York superan todo lo imaginado y son un hito histórico en la lucha contra los carteles y sus socios los narcoestados centroamericanos. 

Las actuales acusaciones hechas en el tribunal de Manhattan en Nueva York definen como superlativo el nivel del narcotráfico planeado y ejecutado bajo el auspicio del Estado hondureño y todas las flechas apuntan al mismo Presidente de la República, pasando desde luego por el aparato militar, policial y administrativo. En pocas palabras lo que se está juzgando ahora no son solo personas sino indirectamente se está cumpliendo un señalamiento con el mismo Estado.

El hermano del mandatario hondureño Tony Hernández ha sido hallado culpable y condenado por narcotráfico y solo se espera la sentencia que ha sido aplazada por la defensa del hondureño por medio de recursos legales siguiendo en el mejor estilo del modelo de litigio malicioso, tan peculiar y característico del trópico centroamericano y llevado ahora a Estados Unidos. Pero es solo una cuestión de tiempo, tal vez de semanas para que el hermano del Presidente hondureño reciba su sentencia.

El país más alejado de la democracia en Centroamérica es Honduras. Las últimas elecciones mostraron las fallas del sistema. También es uno de los Estados menos transparentes del mundo, según la organización Transparencia Internacional que ubica al país hondureño en el lugar 145 entre 170. O sea de los lugares más opacos y corruptos del planeta. La pobreza impide el desarrollo de millones de personas en Honduras al no permitir el acceso a la educación, a la cultura, a la salud y a los demás derechos humanos. Y de ahí las caravanas de migrantes, las maras, la violencia.

Los corruptos pactan, estremecen tan poderosos actores unidos: políticos, militares, jueces, empresarios y carteles. En Guatemala se han tomado las cortes para asegurar la impunidad. Hay demasiadas estructuras de corrupción en el Estado. Se entrelazan y a veces compiten entre ellas. Una cadena nefasta que manipula las instituciones, desde el Congreso a las fuerzas de seguridad y ha penetrado el Ministerio Público. Se teme la consolidación de un narcoestado cooptado por la corrupción y además, por lo mostrado hasta ahora por el presidente Giammattei, una clase política ineficiente, incapaz, inhábil para gestionar y administrar la cosa pública. ¿Caerá la República? Sálvese quien pueda, robe quien pueda. Benito se dio a la fuga. ¿Quién sabe dónde se esconde?

El narcotráfico jamás nos sacará de la pobreza. El narco es en cambio el enemigo del pueblo. Está en todas partes: políticos, instituciones, lavado de dinero. Los tiempos demandan entonces un combate unido y sin cuartel, para extirpar esta hierba mala que no muere por sí sola. Liderazgo y visión de conjunto exige nuestra época. Y cambios sociales y mentales, en el plano de la moral, para rechazar todo lo que huela a narco.   

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