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Domingo

Guatemala: Estado suicida; la democracia como simulacro


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El infierno está de fiesta. En un delirante, permanente y surrealista striptease, tanto el Presidente como algunos de sus ministros, diputados, funcionarios y empresarios emergentes, entre otros, en una auténtica orgía sin fin, se han ido despojando, al vertiginoso ritmo de la corrupción sin límites, del escaso ropaje de decencia y principios que su escasa educación y su oscuro origen les permite, dejando al descubierto su obscena y adiposa falta de honestidad y principios. 

Desnudo, expuesto, el Pacto de Corrutos, lidereado por el Presidente de la Republica, hoy más unido que nunca, está dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, y cometer un suicidio político colectivo, contra viento y marea, sin importarle la indignación ciudadana y la presión de la nueva administración Biden. Con la misma lógica de los narcotraficantes y los mareros que saben que tarde o temprano terminarán fugados o en prisión, el Pacto de Corruptos prefiere el cielo ahora, sabiendo que el infierno será eterno. Se suicidarán con las botas puestas, sin importarles ni la vergüenza, ni el apellido, si es que tienen, partida de nacimiento.

Estamos gobernados por una variopinta plebe política, descastada, desconocida y sin pedigrí político alguno, conformada por eunucos de ocasión, maquillados delincuentes que acusan de perversa a la prensa que no le es afín, narcotraficantes de toda laya y condición, comerciantes departamentales sin escrúpulos y meretrices de ocasión, todos ellos, rescatados de su pocilga local para figurar en el gran chiquero nacional, por el Presidente de la República. A la sombra del gran impostor, esta tribu política, engolosinada por la temporalidad del poder, creyendo que es eterno, hinchada de finas viandas que su fino paladar nunca había degustado, atrincherada en el Palacio Nacional, el Congreso de la República, en ministerios y cortes, con sus caletas a salvo, por el momento, se atascan de dinero y comida en una alucinante bacanal con olor a corrupción, llenando de mentiras al país, mientras sin pudor alguno, vacían el Erario nacional.

En tan solo 13 meses, el Presidente, contumaz y tropical emulo del flautista de Hamelin, sin mascara, sin antifaz, desnudo, despojado de credibilidad, integridad y respeto, conduce al Estado y al nido de ratas que conforman el Pacto de Corruptos, a un anunciado suicidio político, consensuado entre los tres poderes del Estado, convirtiendo, de paso, nuestra frágil y débil democracia en un burdo simulacro de democracia convertida en disfrazada dictadura.

Mientras Charles-Louis de Secondat, barón de La Brede et de Montesquieu, se revuelca en su tumba en la iglesia de Saint-Sulpice, en París, custodiado por dos magníficos cuadros de Delacroix, en Guatemala, el Presidente, que presume de italiano, y que seguramente nunca leyó De l’esprit des lois, ha conseguido, con aparente éxito, hacerse con el poder absoluto, respetando claro está,  la cáscara democrática de las instituciones, convirtiendo nuestra joven democracia en un permanente simulacro, sin el mínimo respeto a la opinión pública y a las apariencias. No se podía esperar menos de un gobierno indigno e ilegítimo, en donde hasta la hombría, constituye un permanente simulacro presidencial.

Poco de lo que ocurre en Guatemala es realidad, todo es un simulacro. La democracia, el Estado, la Justicia, todo es un simulacro. No avanzamos, no resolvemos nada; la vida política de Guatemala es semejante a la vida de las tribus africanas, solo simulacros, mentiras, crisis y muerte. Somos una perversa colección de tribus distópicas, cada una velando por sus propios intereses, en donde el año siempre termina como comienza, y en donde el último gobierno siempre es peor que el anterior. La permanente degradación de la condición humana.

Sin vacunas para el COVID-19, a una viceministra de Salud se le ocurre la genial estupidez de organizar un simulacro de vacunación para que el pueblo sepa que la vacuna se pone en el brazo y no en los glúteos. Frente a la corrupción del Centro de Gobierno, el Presidente simula cancelarlo para nombrar a sus exfuncionarios en otros cargos. Confrontado con el horrendo crimen de comprar pruebas falsas de COVID-19, el Gobierno simula una investigación, señalando un error administrativo, mientras tanto, las fuerzas de seguridad también realizan simulacros.  

Los corruptos no se redimen suicidándose políticamente, pero algo es algo, preferimos suicidas y no mártires, con la gran ventaja que los suicidas, afortunadamente, nunca regresan a la escena del crimen. Sin embargo, tristemente, paralelamente, a cuentagotas, el pueblo también se suicida, porque como diría Manu Chao, la resignación es un suicidio cotidiano.

 

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