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Domingo

La educación pública manejada desde un celular


Las madres resuelven con una recarga de Q10 o Q30 a su teléfono celular, las interacciones y tareas escolares de sus hijas e hijos y, aunque la tarea se les complique por la falta de tiempo y su limitación de conocimiento en algunas materias, quieren involucrarse más en su proceso de aprendizaje.

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Sentada en la base que sostiene la escultura de doña Dolores Bedoya de Molina, Nancy Arreaga, madre de una niña de ocho años, dice que no sabe usar el correo electrónico. La preocupación surgió después de que la maestra le informara que esa sería la forma de enviar y recibir las tareas de su hija que ingresa a primero primaria. La pandemia ha puesto, aún más, a madres y a padres de familia al frente del aprendizaje de sus hijos e hijas. Es 17 de febrero y la niña empezará clases el 22 de febrero. 

Nancy Arreaga tiene la mano manchada de rojo, con la cual sostiene el único teléfono inteligente que existe en su casa. Lo rojo en sus manos son sus apuntes: “24 de febrero entrega de útiles y víveres”. En esa misma mano escribió el correo electrónico de la maestra. Todo lo hace desde el teléfono, dice. Ese todo, del que habla Nancy,  es descargar y subir fotografías de la lista de las lecturas, ejercicios y tareas de su hija. Ve las fotos y copia en un cuaderno lo que la niña debe  hacer. Termina todas las asignaciones y las envía. 

Nancy tiene otro hijo, que está en segundo básico, y su experiencia con él era solo supervisar que fuera a la escuela, que ganara las asignaturas y que hiciera sus tareas. Con su hija, la pandemia ha hecho que también tenga que enseñarle cómo se forman y leen palabras, como se suman y restan los números, y además confirmar su capacidad de comprensión.

En la Ciudad de Guatemala, niños, niñas y adolescentes del sistema educativo público no regresarán a clases presenciales. El semáforo en la comuna capitalina se encuentra en rojo y, bajo esa alerta, el Ministerio de Educación (Mineduc) ha prohibido reunir a los alumnos en las escuelas. La tasa de contagio en la ciudad es de 236.27 personas por cada 100 mil habitantes y suman un total de 2 mil 847 enfermos de COVID-19. En esa área se encuentra la Escuela de Niñas Dolores Bedoya de Molina. Y 163 pequeñas, nueve menos que 2020, empezarán un nuevo ciclo escolar. Y ahí la hija de nueve años de Nancy Arreaga comenzará su proceso de aprendizaje académico. Pese a que la mayor parte del ciclo escolar 2020 en la ciudad fue a distancia, el sistema educativo público aún no está preparado para asumir la situación. 

Un regreso anhelado 

Aurelia Hernández es otra de las madres, que al igual que Nancy Arrega, asistieron el 17 de febrero a la reunión de padres y madres de familia de la Escuela de Niñas Dolores Bedoya de Molina. Ninguna de las dos tiene servicio de Internet en su casa y solo cuentan con un teléfono celular para ayudar a sus hijas. Ambas tienen que recurrir a recargas de Q10 y Q30 para tener Internet  y estar pendiente de los mensajes de los grupos de WhatsApp, las publicaciones en la página de Facebook de la escuela  y el correo electrónico. Aunque en esa misma reunión también les indicaron que  tienen la opción de llegar al centro escolar los martes, miércoles y jueves para recibir y entregar tareas, las madres prefieren aprender a usar de mejor manera su teléfono celular. 

Las madres durante la reunión en donde se les proporcionó el correo electrónico al que deben enviar y recibir las tareas. También se discutió sobre la necesidad de comprar libros.

La hija de Aurelia empezará segundo primaria. Dice estar conforme porque aprendió a leer en 2020 y que lo único que no aprendió bien fueron las sumas, restas y otras operaciones relacionadas con matemáticas. Aurelia se atribuye el logro de que su hija haya aprendido a leer, pero entiende que fue porque ella tuvo más tiempo para estar con ella, porque la pandemia la dejó sin empleo. Sin embargo, sus conocimientos son limitados y no cree que la pueda ayudar de igual forma ahora que cursará segundo primaria. Entre marzo y septiembre de 2020, Aurelia se vio forzada a cerrar su venta de plantas medicinales en el mercado La Placita y sin otra opción, tuvo que quedarse en casa. Ahora su venta está abierta y dice que tiene que modificar su horario para atender su local y a su hija. No quiere llevarla al mercado por miedo a que la pequeña se infecte, o algo peor, que pueda ser víctima de algún abuso. Las desapariciones y asesinatos de niñas la tienen muy preocupada. 

Ambas madres anhelan que sus hijas puedan regresar a los salones de clases, que las maestras sean las que se encarguen de explicar y de confirmar que las niñas aprendan. 

Ese día la directora de la Escuela de Niñas Dolores Bedoya de Molina, Carmen Cabrera, lidiaba con atender las dudas de los padres y madres y las preguntas de la Policía Nacional Civil (PNC). Un día antes quebraron una de las ventanas de la escuela y se robaron unas grabadoras. En medio de este ir y venir, de dar información sobre el robo o de revisar papelería para la inscripción y venta de libros, Cabrera se  muestra optimista. Dice que espera que después de la segunda quincena de abril, las niñas puedan volver a los salones de clases. Sin embargo, por la reglamentación existente, tanto de parte del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) como del Mineduc, el regreso a las escuelas en la Ciudad de Guatemala dependerá de si los contagios de COVID-19 se reducen y el semáforo se torna amarillo. 

La directora, Carmen Cabrera, atendió a agentes de la PNC para ampliar su denuncia sobre el robo en la escuela, el cual ocurrió dos días antes de la primera reunión de padres y madres de familia.

También dependerá de la llegada de la vacuna contra el COVID-19 al país. Según el plan de vacunación, los maestros se encuentran en la fase III y serían el tercer grupo de esa fase en ser vacunados. Los maestros van después de los policías, agentes de tránsito y militares. 

Para Cabrera es importante que los niños vuelvan. A diferencia de los colegios privados, las niñas y niños de escuelas públicas no reciben clases virtuales. En el caso de la escuela Dolores Bedoya de Molina, la mayoría de familias que tienen inscritas a sus hijas no tienen dinero para comprar una computadora, ni los suficientes ingresos para instalar de forma permanente el Internet en sus casas. Por otra parte, a pesar de lo ocurrido en 2020, el Mineduc no instaló en las escuelas las herramientas requeridas para dar clases de forma virtual, la línea de Internet que poseen actualmente no permite que todos los maestros puedan conectarse al mismo tiempo. La directora dice que cuentan con 12 computadoras, sin embargo, por temas de seguridad no pueden mantenerlas en las clases. Aunque la PNC le ha dicho que enviará patrullas para que cuiden el perímetro, se siente frustrada de que no se pueda investigar el robo, ya que por el monto de las cosas extraídas, el caso solo queda en denuncia. 

Lo que sucede en la Escuela de Niñas Dolores Bedoya de Molina es el reflejo de lo que sucede en los centros educativos públicos de la Ciudad de Guatemala. Aurelia Hernández enfrenta la misma situación con otro hijo que estudia en la Escuela Pedro Molina, ubicada también en la zona 1. Tareas, ejercicios, lecturas e informes realizados desde WhatsApp, Facebook y correo electrónico. Todos manejados desde su teléfono, el cual cuida mucho, es su única opción para que sus hijos puedan seguir estudiando en estos momentos difíciles. 

Las dos maestras de tercero primaria de la Escuela Dolores Bedoya de Molina muestran a las madres la forma en que se comunicarán mientras la educación sea a distancia debido a la pandemia.

Todo depende del semáforo 

El MSPAS registra que 51 municipios se encuentran en alerta roja. La mayoría de estos pertenecen al departamento de Guatemala y por lo tanto no pueden realizar clases presenciales. El resto de comunas se encuentra en alerta anaranjada (189) y alerta amarilla (100). En estos 289 municipios, el Acuerdo Ministerial 300-2020 les permite realizar clases presenciales de una forma “híbrida”. Esto quiere decir que pueden dividir las clases en grupos y que un grupo asista dos o tres días a la semana y el otro el resto de días. 

En los municipios que se encuentran en el semáforo de alerta amarilla, los padres, madres de familia, los directores y autoridades de salud han autorizado clases presenciales. En departamentos como Jutiapa, donde 13  de 17 municipios se encuentran en amarillo y dos en anaranjado, los profesores de manera anónima han informado a elPeriódico que los niños y niñas asistirán todos los días a clases. 

Pero algo contradictorio pasa en esta modalidad. Durante la pandemia se ha resaltado lo importante que es el constante lavado de manos, sin embargo, las escuelas en esos municipios carecen de servicio de agua potable. Los maestros cuentan que para solucionar este problema, los niños deben llevar a diario un bote grande lleno de agua para poder lavarse las manos.  

La directora, Carmen Cabrera, indicó que se ha reducido el número de niñas inscritas. Espera que esto cambie conforme avance el ciclo escolar.

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