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Domingo

Cuando un amigo se va


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“Que mis lágrimas de amigo sostengan fresca una flor que nunca deberá marchitarse en la memoria.”
— Alejandro Maldonado Aguirre

 

¡Ah…! Qué oportuno en estos días Alberto Cortez para recordar aquellos amigos diáfanos que alumbraron una amistad de medio siglo, y que al partir, arrancada su raíz, nos queda vibrando el alma de frío.  

Rubén Alfonso Ramírez Enríquez

Recordado innovador de muchas cosas, entre ellas, la educación primaria de adultos, emprendida con enorme visión por Carlos Mazariegos Meoño, quien como viceministro del ramo impulsó con entusiasmo la formación de maestros en CREFAL (México) a la que enviamos los primeros cien educadores para su formación de varias semanas. Rubén Alfonso fue el director encargado de revolucionar el sistema, que tomando en cuenta la vivencia propia de los adultos se redujo a una escolaridad de cuatro en lugar de la de seis años. Se adaptaron los programas a las vivencias necesarias de los adultos, diferentes a las de los niños, y se procedió a adquirir cien mil paquetes de material didáctico adecuado a la edad y los intereses de las personas mayores. Las escuelas nocturnas se llenaron pronto de más y más alumnos, muchos de ellos ahora profesionales universitarios. No fue solo eso, fue la cobertura total del sistema que necesitó de su calidad técnica, ética y humanista. Usted, amigo, mantuvo persistencia por la formación humana en una sociedad cada vez más competitiva, divulgando siempre los valores infinitos de la cultura, el saber y la conducta. Y la multiplicó con paciencia y puntualidad acompañado siempre de alumnos padres y de maestros. 

Invocando al gran poeta Werner Ovalle López: “Hay héroes que llevan su dolor de biblioteca como una cruz eterna y luminosa”. Rubén Alfonso fue nuestro docente día a día con perseverancia y admirable entusiasmo. Parte a la eternidad y queda viviente en nuestra memoria y gratitud. Lo decimos con la voz sabia de José Martí: “Se hizo maestro para hacerse creador”. 

Aquiles Pinto Flores 

Dijo de usted el poeta argentino José Pedroni: “…le canta a la vida; le canta alegremente, con voz  henchida y verdadera, y es bueno que lo haga así. Y saludable. Bueno y saludable, porque en los tiempos que corren no tienen sentido ni el lirismo moribundo, ni la poesía de evasión. El poeta sostenedor del hombre, no tiene derecho a ser triste, ni oscuro, ni ininteligible. Alegra y alienta, pues, un poeta como el Del Tiempo al Alba que canta a la vida, y más si lo hace como nuestro poeta, con calidad y acento entrañables.”

La editorial Pineda Ibarra caminaba muy al cuidado de usted, poeta. Casi un millón de ejemplares de libros. Inicio del programa de producción del cuaderno escolar, instalando equipo de maquinaria especial. Construcción del edificio en Las Charcas en terreno que donó, por gestión ministerial, doña María José Emilia Raskín Diechhoff de Piñol (nombre ilustre que se consigna completo, en particular por la estafa a su memoria al desnaturalizar posteriores administraciones, el fin de su liberalidad); impresión de folletos, revistas, boletines, periódicos, títulos, diplomas, por 10 millones de ejemplares. Las estadísticas no lo dicen todo, pues la labor editorial contó con el esmero de pintores guatemaltecos que no reclamaron un centavo. Pura simpatía con el editor, quien puso cariño con la edición facsimilar de cinco mil ejemplares de lujo del Popol Vuh con paleografía y notas de Agustín Estrada Monroy y de la misma, un tiraje popular de 20 mil ejemplares. El folleto El Quetzal de Carlos Samayoa Chinchilla, con prólogo de Salvador Aguado Adreut, publicado en inglés, francés, mam, kekchí y kakchiquel.

Amigo de medio siglo, algunos apuntes que guardo de sus poesías, adquieren dimensión memorial hoy que usted ha partido: Cualquiera que diga: “–soy el tiempo, deberá tener más libertad que el aire./ Cualquiera que diga: –Soy el alba, será el diario cincel de la esperanza / Cuando no tengas un dolor, hermano, ¡dejarás de ser hombre!”.

Juan José Rodas Martínez

Cuando llegué con mi familia a Nueva York, lo encontré como secretario de la embajada de Guatemala ante la ONU. Trabajamos juntos la representación con todas las limitaciones propias de los países carentes de fondos para atender una agenda de dimensión universal. Pero le entramos a las tareas prioritarias. Entre ellos el caso Belice, muy mal enfocado en ese foro por nuestra Cancillería, apegada a la dialéctica tradicional. En los espacios de tiempo, tuvimos ocasión de que nuestras familias compartieran recreación y afecto. Desde entonces cultivamos empatía, perspectivas y valores humanos y sociales. Nos encontramos en muchas partes y variados foros. Usted siempre atento, cortés y amable. Su amplio campo de amistades lo puso a nuestro alcance, incluyendo reuniones memorables y alegres de música, poesía y gourmet quetzalteco. Siempre inquieto no descansó en su formación profesional cursando doctorados en el extranjero. No hay duda que obtuvo el Summa Cum Laude como caballero, servidor y gran guatemalteco, amigo de todos y de todos amigo.

Haroldo Rodas Melgar

Hace más de 40 años nos encontramos con Haroldo en Ginebra, Suiza. Yo representante de Guatemala en la oficina de la ONU y él enviado por SICA para representar los intereses regionales centroamericanos. A los embajadores de C. A. nos era imposible, con muy poco personal técnico, cubrir la agenda política, mucho menos la económica- comercial del mundo en reuniones permanentes. Haroldo nos ayudaba, nos mantenía informados y nos hacía pronósticos de las negociaciones a nivel global. Esto es, el reparto de las superpotencias. Esas tareas nos llevaron a Arusha en África y Manila, Filipinas. Casi un mes en este último, para que al final no se logrará que más de cien delegaciones del tercer mundo obtuvieran nada concreto… más que pura retórica. Calibré el valor moral de Haroldo, su disciplina y seriedad, su compromiso, su juicio certero y su fraterna amistad. También él nos ha dejado en la nostalgia por su sabiduría y su gran habilidad para el análisis y la discusión. Amigo inolvidable, descanse en paz.

 

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