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Domingo

El narco operador del presidente Otto Pérez, dueño y señor de las Comisiones de Postulación


A propósito de los procesos de elección de las Cortes, y por considerarlo de actualidad y relevancia, sobre todo luego de que los miembros de la Sala de la Impunidad anularan el proceso penal por estafa de Q350 millones al IGSS, a continuación reproducimos un artículo publicado el 14 de octubre de 2013.

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Entre irritados y contrariados, ese viernes, ya entrada la noche, los abogados abandonaron el lujoso apartamento de la zona 10 que sirvió como centro de reunión. El causante de ese enojo había sido un tipo alto, carotón y de ojos claros, a quien con mucha familiaridad el Secretario Privado del presidente Otto Pérez y la jefa de la Defensoría Pública, Blanca Stalling, se referían como Gato.

El Gato, anfitrión del cónclave, había presidido la reunión, y fue su modo gritón, prepotente y maleducado lo que molestó a los profesionales. Varios manifestaron estar aún más ofendidos porque “ese tipo ni abogado es”.

“El Gato” que saltó a la fama

El Gato en cuestión es Gustavo Adolfo Herrera Castillo, nacido el 4 de abril de 1954. Saltó a la fama en 2003, cuando las autoridades de la banca central detectaron transferencias sospechosas de una operación de lavado. Resultó ser el fraude por Q350 millones del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS).

Eran los tiempos del Frente Republicano Guatemalteco (FRG) en el gobierno, cuando Carlos Wholers, uno de los diputados más cercanos al líder del partido, el general Efraín Ríos Montt, fungía como presidente de la Junta Directiva del Seguro Social.

Wholers, médico y oriundo de Alta Verapaz, tenía en el Gato Herrera a un paisano, compañero de estudios en La Salle de La Antigua Guatemala, y generoso financista de campaña. Esa relación no era un secreto, pues Wholers se encargó de llevar a la cúpula del partido –Francisco Reyes López, Zury Ríos y Haroldo Quej– a cenar a la casa de Herrera en las afueras de Cobán. Por cierto, el Gato quedó tan impactado con la presencia de Zury que, al final de la comida, entre broma y broma, le propuso matrimonio.

Con esa misma familiaridad, el Gato Herrera le recordó a Wholers, ya convertido en presidente del IGSS, el ambicioso proyecto que rumiaron durante años y que era una manera de resarcir el financiamiento de las campañas de 1995 y 1999. Aunque el “resarcimiento” empezó desde 2000, cuando el FRG tomó el poder, mediante el manejo de una poderosa estructura mafiosa en Puerto Quetzal, en sociedad con Julio Girón, César Medina y Leonel Montejo, además de contratos fraudulentos en Fonapaz y la compra amañada de fincas, a veces inexistentes.

El “proyecto” del IGSS consistía en construir enormes complejos habitacionales, bajo el concepto de ciudades en polos de desarrollo, para supuestamente beneficiar a los afiliados del Seguro Social. La ganancia inicial, que sería apenas el comienzo de la jauja, provendría de la sobrevaloración de los terrenos. Convenientemente, el Gato Herrera sugirió a Wholers el nombramiento de César Sandoval como gerente del IGSS, para el manejo de la operación a través de un fideicomiso.

Sandoval traía sus propias credenciales. Había estado preso por vender visas falsas de Estados Unidos. Ese antecedente llamó la atención de las agencias internacionales de seguridad, que comenzaron a seguirle los pasos al ser nombrado como nuevo gerente del Seguro. Además, la operación financiera fue exagerada. “Comieron ansias”, dice un testigo. Hicieron que el IGSS comprara fincas y terrenos de Herrera por 20 veces su valor de mercado, en sitios inhóspitos.

Las voluminosas cifras de dinero transferidas en tan poco tiempo, los delató. “Les urgía”, asegura un funcionario de la época, testigo de las operaciones, “pues venían las elecciones y para ellos era vital que el FRG se mantuviera en el poder; ya no les daba tiempo de consumar sus planes, tenían que financiar al candidato oficial y al de la oposición, y, además, sacar el máximo provecho del proyecto por si las cosas no salían bien”.

Otto Herrera vinculado con Gustavo Herrera por trasiego de droga. Fue extraditado a EE. UU.

César Sandoval fue condenado por el desfalco del Seguro Social. Era recomendado por Herrera.

“Herrera es narco”

El fraude fue desvelado a mediados de 2003, precisamente cuando se abrió la convocatoria electoral. Cayó Wholers y parte de su junta directiva. El Gato Herrera, el mayor beneficiario de la operación fraudulenta, se convirtió en uno de los prófugos más buscados por las fuerzas de seguridad. Ese año, el FRG perdió las elecciones y el gobierno que le sucedió, presidido por Oscar Berger, tenía sed de reivindicación por las tropelías de Portillo y los eferregistas.

A Ríos Montt y a su pequeña cohorte les “perdonaron”, pues tenían una bancada fuerte en el Congreso. Pero hasta esa argolla no llegaban las influencias de el Gato Herrera, para lograr “que le tapara la chamarra de la impunidad”, como dice un antiguo secretario del general Ríos.

El nuevo gobierno de la Gran Alianza Nacional (Gana) desató una verdadera cacería anticorrupción en contra de los funcionarios de Portillo y del FRG. Fue en ese contexto que Otto Pérez denunció a Gustavo Herrera. Pérez, ya habiendo creado el Partido Patriota (PP) y postulando a Harris Whitbeck (antiguo dirigente del FRG y secretario de la Secretaría Ejecutiva de la Presidencia de la República), se unió a Berger con el Gana y en enero de 2004 fue nombrado Comisionado Presidencial de Seguridad. Eso significaba encargarse de una especie de “fuerza de tarea” responsable de investigar, juntar las pruebas y denunciar actos corruptos del gobierno del FRG.

El martes 27 de abril de 2004, el comisionado Pérez aseguró que su “información cruzada” era concluyente: el prófugo Gustavo Herrera “tiene relación y está dedicado al narcotráfico”, posee transporte terrestre, marítimo y aéreo para transportar la droga, agregó. Esas declaraciones fueron recogidas al día siguiente en la página 8 de Siglo Veintiuno.

En esos días, y durante los siguientes tres años, la información proveniente de varios organismos coincidió con Pérez Molina. Desde inicios de los 90, el Gato Herrera se había convertido en operador financiero y político de varios narcos, entre ellos Otto el Loco Turcios, extraditado en octubre de 2010 a Estados Unidos. El Gato usaba sus propias instalaciones comerciales en Alta Verapaz como bodegas de droga. A través de offshore blanqueaba el dinero del narco e invertía en la compra de inmuebles rústicos. Naves aéreas de su propiedad, registradas en un “paraíso fiscal” en Oceanía, fueron identificadas por la DEA como transporte de droga, en sociedad con Otto Herrera, el poderoso narco oriundo de Izabal, finalmente capturado en Colombia en junio de 2007, y también extraditado bajo la acusación de introducir siete toneladas de cocaína a Estados Unidos.

Herrera, el operador estrella

El Gato Herrera hizo honor a su apodo. No solo sobrevivió a la persecución judicial, sino que cayó bien parado. Del limón hizo limonada. Tanto escabullirse de la justicia durante 10 años le llevó a conocer el modo de corromper jueces, magistrados y fiscales. Ahora sabe quién es quién y ha construido una poderosa red de impunidad a su servicio.

Jamás pensó que esa desesperada y carísima defensa de tantos años le serviría de trampolín. Más de una fuente de elPeriódico sostiene que fue Gloria Torres, en medio de la separación con su hermana Sandra, en el fragor de las pasadas elecciones, quien presentó a el Gato Herrera a la entonces aspirante a vicepresidenta, Roxana Baldetti, amiga de Gloria. “Sus modos directos, campechanos y con bromas de doble sentido, les conectaron de inmediato”, dice un testigo de una de las primeras reuniones entre ellos. Otra fuente sostiene que el vínculo de el Gato con Baldetti viene desde los tiempos del FRG, por medio de la estructura de Julio Girón y Montejo en Puerto Quetzal.

El Gato empezó aconsejando a Pérez a través de Baldetti, después hizo ver a la pareja presidencial la importancia de controlar las Comisiones de Postulación, para nombrar en 2014 gente de su confianza al mando del Ministerio Público, el Tribunal Supremo Electoral, la Corte Suprema de Justicia y la Contraloría General de Cuentas “que les cuiden las espaldas” –les insistió– cuando dejen el poder. El Gato fue tan convincente en la descripción de los distintos grupos que pretendían influir en esas elecciones, que Pérez no dudó en aceptar la sugerencia de Baldetti de nombrarlo su operador principal.

¿Olvidó Otto Pérez que el Gato Herrera es el supuesto narco a quien él mismo denunció nueve años antes? Es difícil creer que oficiales entrenados en inteligencia, como Pérez, sufran amnesia; además, el Presidente está rodeado de exagentes de Inteligencia, como su exsecretario Privado, Juan de Dios Rodríguez, ahora presidente del IGSS, y el jefe de la SAAS, Walter Zepeda, sorprendido hace 15 años por la PNC conduciendo un carro robado que transportaba droga. Por cierto, en aquel aprieto Zepeda llamó por teléfono a Pérez, en ese entonces Inspector del Ejército y… parte sin novedad.

Lo cierto es que por ahora el Gato es dueño y señor de las Comisiones de Postulación. En el apartamento en la zona 10, refieren los testigos, cita y dicta la “orden del día” a los decanos de Derecho de las universidades, haciéndose acompañar -colocados en fila, de pie detrás de él- de magistrados y diputados de casi todas las bancadas, y a su costado se coloca el presidente del IGSS, quien le está cerrando convenientemente a el Gato la vieja demanda por fraude de más de Q350 millones al Seguro Social.

Los orígenes de “el Gato” Herrera

Gustavo Herrera se graduó de perito agrónomo, y a finales de los 70 se empleó en el estatal Banco de Desarrollo Agrícola (Bandesa, liquidado en el gobierno de Arzú) y fue asignado a la zona del Polochic, en Alta Verapaz. Su función era evaluar las propiedades de quienes solicitaban crédito. Vivía en casas de huéspedes y pensiones.

En esa región trabó amistad con los comisionados militares y logró una credencial que le permitió portar arma. Esos vínculos le sirvieron en 1984 cuando disparó, en un incidente de tránsito, a una cuadrilla de trabajadores de la Dirección General de Caminos, hiriendo a uno de ellos. La Zona Militar intervino y el expediente contra Herrera quedó cerrado.

Poco después, Herrera conoció a María Elena Acevedo, esposa de Edgar Champney, terrateniente de la región. El Gato y Acevedo planearon un fraude y despojaron a Champney de todas sus propiedades, tierras, ganado y negocios. Cuando la relación entre ellos se hizo pública, abandonaron la región, pero en 1990 Herrera regresó para trabajar las tierras y negocios que había despojado al exesposo de Acevedo. Su expansión fue espectacular: inscribía en promedio dos empresas al año, y llegó a ser el representante de más de 30 sociedades. En 1992 se vinculó a la Financiera Agro-Comercial, donde aprendió las operaciones offshore. En esos tiempos se le relacionó con el asesinato de un coyote que le suministraba café. En 1996 constituyó el Grupo Faquim, que se convirtió en una de las más pujantes empresas de hoja de cuero, bajo la marca Cobán Imperial.

La multiplicación inexplicable de los negocios de Herrera –inmobiliarias, agroexportadoras, empresa de fertilizantes y helicópteros– llamó la atención de las agencias antinarcóticos. En septiembre de 1997, Herrera fue denunciado a través de una publicación de prensa por el Departamento de Operaciones Antinarcóticas como “capo del Cartel de la Costa Sur”, pero este alegó que se trataba de un homónimo. Registros de Aeronáutica reportaron que el narco extraditado, Otto Herrera, viajaba con frecuencia con el piloto Carlos Benjamín Castañaza, empleado de el Gato Herrera. 

En sus días de comisionado de Seguridad del presidente Berger, en declaraciones públicas, Otto Pérez aseveró que Gustavo Herrera era narcotraficante y que en sus helicópteros volaba Otto Herrera, quien sigue preso tras ser extraditado a Estados Unidos por narcotráfico.

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