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Domingo

De candil a estaca


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Los durables y robustos candiles, capaces de terminar con la más densa de las tinieblas y en ocasiones, alumbrar sobre vidas –aclarando realidades distorsionadas– se fueron apagando… se quedaron sin luz. No con motivo de la electricidad, sino porque la gente, perdió interés en la débil pero real luminosidad y dejó de elucubrar sobre la verdad de las cosas; dejó el pensamiento crítico… y se dejó llevar. 

Los maestros artesanos de la luz fueron desplazados por los fabricantes de artificialidad. A todo el mundo le ensañaron –rápidamente– que la verdad “es relativa”, lo cual puede sonar correcto, en una serie de temas, sin evidencia y que se juzgan de forma subjetiva… pero la gente pensó que, ante lo cansado que resultaba cuestionarse todo, lo mejor sería elegir a otros, para que formularan por ellos, todas las “verdades” y les contaran todas las “realidades”. A cambio de tan generoso servicio, los “dueños de la verdad”, vivirían a expensas todas las personas a quienes “generosamente”, se las compartían; formarían a partir de ese momento, una red formal de informadores que pronto mutarían a una expresión general y aceptada de “verdades” pétreas. 

La gente se acomodó a todo lo que le decían; de pronto costaba discernir entre el bien y el mal. Les impregnaron en su marco moral, toda suerte de ideas relativistas y hasta lograron que delegaran la formación de sus hijos, a un móvil o una pantalla. La gente estaba feliz disfrutando sin candiles; todo era más cómodo ahora, no habría que invertir tiempo, en el azaroso oficio de pensar y la maldad había “desaparecido”, para siempre, porque ya nadie la denunciaba. Las facilidades para impartir “verdades y realidades”, con fecha de vencimiento, fueron muchas, al extremo que, mientras dentro de aquel numeroso gentío, muchos permanecían hambre, falta de acceso a servicios esenciales y podían morir por una diarrea… su móvil y su televisor les hacían sentir importantes y actualizados; el candil dejó de apreciarse y por lo tanto de producirse. La exposición a la basura degradante fue profusa y de pronto, todos llamaron a lo malo, bueno. 

Los pregoneros del engaño surgieron como una especie barata de luces led; brillosas, a veces molestas y siempre de muy mal gusto, pero tuvieron éxito rotundo, porque fueron capaces de anunciar realidades que no existían, dividir –con su resplandeciente colorido– a la gente y someter sus mentes y voluntades; su brillantez invasiva, hizo palidecer al más brillante de los candiles. La gente, para entonces, ya pensaba que los mismos que vivían, a sus costillas, entre opulencia y vanidad, sin cumplir ninguno de sus deberes, ni trabajar, serían quienes les darían todas las soluciones a sus problemas; lo único que ellos debían hacer era cumplir con la fórmula “OV”, obedecer y votar. Las escandalosas luces de colores, encandilaron a todos; ya con la razón semiparalizada, se invitó a la gente a expresarse “libremente”. Cada uno podría ser una barata luz led china; la idea sonaba genial, pues a partir de ahora se podría descalificar, todo lo que se les permitiera. La gente se empoderó y sin darse cuenta empezó a repetir –creyendo era peculio de su “reflexión” y “análisis” las “verdades y realidades” que los pregoneros led, demoniacamente organizados, les habían inculcado. 

La naturaleza pura del candil fue relegada, por siempre. La gente no quiso nunca saber la verdad que alimentaba a aquellas chillonas y feas luces led que los alucinaban y hacían sentir “informados”. Claro, prevaleció una parte de viejos, cuyas reflexiones y sentencias, serían disonantes con la “sabiduría” popular… a éstos se les extinguiría, mientras morían, aboliendo todos sus derechos. La estrategia, de cauterización de conciencias, había sido siniestramente magistral y consistía en tres elementos: 1- Alumbrar solo lo que se cobra, 2- Opacar, mediante el brillo escandaloso, la luz sublime del candil. 3- Cobrar por no alumbrar. 

Todos los días, podemos ver que la información emanada, desde el gobierno, es –sin chistar– trasladada, como válida y exacta, por la mayoría de los medios de comunicación; programas de “análisis” y entrevistas complacientes, para no incomodar a los representantes oficiales. A eso se redujo el “periodismo”, con cada vez más contadas excepciones… cajas de resonancia del gobierno; en ello, nos estamos pareciendo pavorosamente a Cuba o Nicaragua; ya vimos –además– que el fenómeno es global y con agenda estricta de manejo del miedo, las medias verdades y el manipuleo social. 

La mordaza voluntaria o autocensura, se explica sola, al revisar la pauta publicitaria estatal, ésta es el “soporte de supervivencia” de muchos medios y programas de “analistas y periodistas” que, dentro de una malograda economía, atiborrada de desempleo y quiebra de empresas, ven –renunciando a los escrúpulos– en la publicidad oficial, su tabla de salvación. Es obvio, para algunos de nosotros (los que producimos trabajando desde lo privado), su horizonte visual es muy corto; creen, estos “periodistas” –como tanta gente trágicamente ignorante– que, el gobierno genera riqueza y que los dineros que de éste reciben, no tienen límite y prevalecerá, cuando sucumba, ante el asedio, todo emprendimiento privado y reine la escasez. La publicidad oficial, llanamente apesta, debiera de estar prohibida –por corruptora– para eso existen canales de televisión gubernamentales, el diario y radio oficial. 

El pueblo no despierta, está enceguecido por el engaño y quizá no sea su culpa. Los medios terminaron con el cuestionamiento saludable de todo y replican, lo que el poder quiere; no importa la falsa ideología del poder que se trate, hacerlo es inmoral. Note usted con dos ejemplos, la laxitud de los medios que pasa a complacencia. 1- La mayoría replica el número de contagiados de COVID, pero no pregunta: base de cálculo, integración de la muestra, criterios de selección de los hisopados; de tal suerte que para subir los números de la “Plandemia”, solo hay que amañar la muestra en calidad y tamaño; el dichoso semáforo es un mal chiste. 2- Hace poco nos hicieron creer que había saturación de hospitales y que los intensivos estaban repletos. Nadie preguntó por las 3 mil camas del “hospital” Parque de la Industria y el intensivo “más grande de Centroamérica”. El viceministro Coma –tan impresentable como el gobierno mismo– manipula las cifras para inocular miedo; no obstante, el pasado jueves 28, debió reconocer públicamente que en total el país tiene 2 mil 259 camas y el 20 por ciento (450) son para terapia intensiva. Sus declaraciones dejan claro que, al no ampliarse la cobertura hospitalaria, hace falta muy poco para saturar una y otra vez los hospitales. Giammattei ofreció y endeudó al país por más de 3 mil camas nuevas, a nadie parece importarle ese drama, porque la “verdad” a alumbrar es el terror a un virus, herramienta macabra que extingue, no solo vidas, sino libertades y derechos. 

La traición resulta para muchos codiciosos atractiva y rentable… a corto plazo, pero es, definitivamente mucho más costosa que la virtud y sus consecuencias, serán escabrosas. Mientras los medios callan a conveniencia, repiten falacias y manipulan mentes, fustigando a los ancianos y condenando a niños al encierro, también construyen una afilada estaca, donde cada uno resultará sentado, no porque alguno cobre venganza, sino porque ninguno puede escapar a su merecida cosecha. Mientras ese momento llega, podrán engañar a muchos, pero nunca podrán alumbrar su propia casa, ni con la modesta y tenue luz, del más barato, de los candiles del mercado. ¡Piénselo!

 

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