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Domingo

El COVID-19 aumenta en silencio


El personal de salud empieza a ver cómo nuevamente las camas se llenan, los insumos se agotan y los medicamentos son insuficientes.

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A la terapeuta respiratoria, Alexandra Rivera, el sistema de salud público no le respondió. En un video publicado el 12 de enero por la noche, en su cuenta personal de Facebook, Rivera denunció que a su padre se le negó la atención en el Hospital Temporal COVID-19 ubicado en el Parque de la Industria, lugar donde labora desde marzo de 2020. Al minuto cinco con ocho segundos de grabación, a la terapista respiratoria, el llanto le interrumpe la respiración. 

El video refleja el punto de ebullición en el que se encuentra ese hospital. Desde la línea frontal contra la epidemia, un médico también alerta sobre una nueva crisis que se observa a diario en las salas de emergencia y de intensivo del Hospital Temporal Parque de la Industria, ubicado en la zona 9 de la ciudad de Guatemala, que fue el primer centro hospitalario de este tipo que abrió el Gobierno el 23 de marzo de 2020. 

El turno

A las ocho de la mañana, cuando el médico internista Camilo Ebensperger Contreras inició su turno en el hospital del Parque de la Industria, las 36 camas habilitadas para intensivo ya estaban ocupadas, al igual que los únicos 25 respiradores mecánicos que funcionan. 

“¡Estuvo cansado el turno!”, expresó el médico acostumbrado a las arduas jornadas. Ebensperger tiene diez meses de atender a pacientes enfermos del nuevo coronavirus. Él hizo el primer turno de 24 horas que se trabajó en ese hospital improvisado, instalado en un lugar que fue diseñado para albergar eventos sociales y culturales. 

En el galpón más grande de ese sitio, en donde se han realizado eventos como la Feria del Libro o conciertos, se encuentra montada el área hospitalaria y a lo largo de este se encuentran desplegadas las diferentes salas de atención. En ese lugar todos los pacientes comparten el mismo techo y solo los separan unos bloques de tablayeso desmontables. 

Para explicar lo cansado que fue su turno, el médico cuenta que tuvieron que enviar a un hospital del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) a un paciente intubado que necesitaba respiración artificial, porque ellos no le podían dar esa atención debido a que no tenían ventiladores mecánicos disponibles. Era el padre de Alexandra Rivera.

“Yo esperaba que como trabajadora del Parque de la Industria me dieran un poquito de lo mucho que yo he dado a esa institución. Le negaron la atención a mi papá”, dice la terapeuta en un video que muestra su tristeza y frustración con el sistema de salud público de Guatemala. Su padre aún vive. 

En los primeros 15 días de 2021, el médico Camilo Ebensperger ha realizado tres turnos. En estas jornadas ha observado como cada vez más aumenta el número de pacientes.

El video se hizo viral dos días después del turno de Camilo, quien asegura que no sabía que era el padre de Any, que es como la conoce, y que no fue culpa de los médicos negarle atención. Camilo se siente nuevamente frustrado, tiene tres años de experiencia de ejercer la medicina y culpa al sistema de salud que los hospitales no tengan la capacidad de atención que se necesita. La historia se repite, solo que ahora a la audiencia no parece importarle.

Desde uno de los puntos verdes en el Parque de la Industria, que son las partes alejadas de las salas de atención, el médico internista explica que ya se preparan para habilitar de nuevo la sala “COVID2”, porque la sala “COVID1” ha llegado a su máxima capacidad. En estas salas se encuentran los enfermos en estado moderado y juntas tienen una capacidad para atender con camas a 250 personas. Actualmente están encamados 147 pacientes y cada vez ingresan más personas de las que salen.

Para todos esos pacientes, solo hay 18 médicos para cada turno de 24 horas. A veces pueden ser menos, dice Camilo, para explicar que ese día habrá menos en su turno porque dos de sus colegas médicos guardan cuarentena por estar contagiados del nuevo coronavirus.

Los médicos del Parque de la Industria han tenido que salir a denunciar que se les pague o que se les contrate. Para esta fecha sus contratos ya están listos para seis meses más. Ahora la duda es: “¿cuándo nos van a pagar?”, reflexiona el médico que en más de una ocasión ha tenido que salir a leer un comunicado de prensa en representación de todo el personal de salud de ese improvisado hospital.

Además de la crisis que todos los países enfrentaron en 2020 a causa del coronavirus, en 2021 Guatemala tiene otra desventaja: el personal de salud pública aún no sabe cuándo será vacunado. La ministra de Salud Pública y Asistencia Social, Amelia Flores, ha prometido que en febrero empezará a vacunar a los trabajadores de la salud.

Este incremento de pacientes enfermos ha sido paulatino y se empezó a evidenciar en noviembre. Al finalizar su tercer turno de 2021, el médico internista asegura que la saturación de los hospitales es inminente y que si de él dependiera aplicaría de nuevo medidas de prevención del contagio.

“Ya no hay ventiladores disponibles. Estamos hablando de esperar que se muera un paciente para que haya disponible un ventilador. Por muy frío que suene, así es”. Con esas palabras y con un tono que corta el volumen de su voz, Camilo Ebensperger trata de explicar la situación que viven de nuevo él y sus colegas en el hospital del Parque de la Industria. Está cansado, quiere hacer conciencia.

El Hospital de Villa Nueva, que actualmente solo atiende pacientes enfermos de COVID-19, es el más afectado estos primeros días de 2021, debido a la reducción del personal de salud.

Instalaciones del Hospital Temporal de Quetzaltenango, el cual según la oficina del PDH, es el que se encuentra mejor abastecido y con el personal médico necesario.

El aumento de casos 

Según el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), 9 mil 590 casos de personas enfermas de COVID-19 se reportaron durante los primeros 15 días de 2021, siendo el 11 de enero cuando se registraron más enfermos. 1,809 casos se registraron durante esa jornada. En estos primeros días del año se ha registrado la muerte de 11 personas a causa de la enfermedad. Actualmente la incidencia de contagios por cada 100 mil habitantes es de 51.6 por ciento. 

Esta semana, el número de casos positivos a COVID-19 fue similar a los contagios de junio, julio, que fue cuando se observó el pico más alto de esta pandemia.

La mayoría de estos casos de contagio se encuentran ubicados en la Ciudad de Guatemala, que se mantiene en alerta roja, según el tablero que clasifica la incidencia de contagios.  

Un panorama común 

De marzo a septiembre de 2020 el gobierno del presidente, Alejandro Giammattei abrió cinco hospitales temporales para tratar pacientes enfermos de COVID-19 en Zacapa, Petén, Escuintla, Quetzaltenango y la ciudad de Guatemala. Aunque no es temporal, el hospital de Villa Nueva aún funciona solo para personas enfermas de coronavirus, y la infraestructura del lugar tiene más capacidad. También hay más demanda.

La idea de los hospitales tenía como fin evitar la saturación de pacientes en los hospitales nacionales, sin embargo no se logró. 

Zulma Calderón, defensora de la salud de la oficina del Procurador de Derechos Humanos (PDH), explica que durante el año los hospitales Roosevelt, San Juan, y otros ubicados fuera de la Ciudad de Guatemala, se mantuvieron saturados. Esta situación no cambió a finales de 2020, ya que además de pacientes COVID-19 tuvieron que atender a pacientes de consulta externa, servicio que estuvo cerrado en los puntos más graves de la pandemia.

Calderón indicó que en el último monitoreo, realizado el 20 de diciembre de 2020, los hospitales temporales ya enfrentaban las consecuencias de la falta de cuidado y existía una mayor preocupación de la población con respecto al coronavirus.

La defensora de la salud, que desde el inicio de la pandemia en el país no ha dejado de recorrer todos los hospitales, señala que la diferencia entre la crisis hospitalaria actual y la ocurrida en 2020, es que las acciones gubernamentales y la atención ya no se encuentra enfocada en combatir el virus. Esto se puede ver claramente en el recorte de personal, como se evidencia en el hospital de Villa Nueva y en los hospitales temporales de Zacapa y Santa Lucía Cotzumalguapa, explica.

Otro punto en el que se evidencia esta falta de interés, es en la carencia de medicamentos que son claves para que los pacientes en estado crítico puedan vencer la enfermedad. Esta situación la explica de mejor manera un integrante del personal de salud del hospital de Villa Nueva, que por miedo a represalias pide omitir su nombre:

“Después de diez meses los médicos han aprendido a tratar esta enfermedad. Sin embargo, ahora que ya han aprendido no cuentan con los medicamentos necesarios”. Según relata el salubrista, desde noviembre han solicitado a la dirección administrativa del centro hospitalario que se compre Tocilizumab, un medicamento que cuesta alrededor de Q2 mil y que ha sido efectivo en reducir la mortalidad por COVID-19.

Esa medicina estuvo disponible de mayo a octubre en el hospital de Villa Nueva. Sin embargo, ahora que ya no está vigente el Estado de Calamidad que le permitía comprar de forma directa al MSPAS, las adquisiciones de medicamentos esenciales y efectivos se ha restringido y atrasado.

En Villa Nueva también ha incrementado el número de pacientes en estado crítico y moderado. En ese hospital también habilitarán una nueva sala. Sin embargo, este aumento de capacidad receptiva de pacientes no se verá reflejado en el número de médicos, el cual se redujo en diciembre.

Los médicos se fueron. La reducción de salarios, una mejor oportunidad de trabajo o la culminación de su carrera los hizo renunciar. Mientras, el galeno explica cómo en esta nueva ola de contagios en Villa Nueva, los ingresados por COVID-19 ya no son en su mayoría hombres y personas de la tercera edad. “Ahora hay más mujeres y jóvenes. Ya hay de todo”, concluye.

 

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