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Domingo

Del Volksempfänger al Móvil


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El mundo entró a una nebulosa letal y en términos generales, el ciudadano común de cualquier nación, tiene una idea distorsionada de lo que está en realidad pasando, porque el acceso a la información “múltiple”, “inmediata” y “variada”, es realmente, la exposición a una clara propaganda de guerra, por medio de la cual, se busca confundir, adoctrinar, dividir y triunfar, usando como principal herramienta… el miedo.

Los medios de comunicación sufrieron una transformación insospechada, desde la Segunda Guerra Mundial. Los escritos y aún la radio cedieron su inmediatez, ante la imposibilidad de competir con otros, mucho más eficientes, en ello. Las primeras planas, salvo contadas excepciones, vinculadas a trabajos de investigación sesudos de temática local, básicamente no impresionan a nadie. Uno puede ver –en el “teléfono”– todo lo que, quienes dirigen la información de guerra, desean que uno sepa, replique y conozca… nada más que eso. Las líneas editoriales y ética, en el ambiente de “redes”, carecen de importancia; cada individuo es un reportero y una vez reproduzca, lo que la agenda impone, tendrá muchos “seguidores” y libertinaje (no libertad), para insultar, despotricar y desacreditar a quien guste. Los pseudónimos y anónimos son vergonzosamente bienvenidos, como fuente de verdad; de esa suerte, el sistema propone –con toda desfachatez– censurar a quien, dé la cara y firme con su nombre, sus posturas, pero al que se agazapa, ocultando su identidad, se le permite todo.

Si alguien no está convencido que vivimos una tercera guerra mundial, sin reglas ni escrúpulos y manipulación de mentes soberbia, me temo que no se ha fijado bien, en la vorágine de densa turbiedad en la que le envolvieron. Han cambiado el uso de las palabras, inventaron vocablos confusos y alienantes que distorsionan el idioma y se propone que todos los que no estén de acuerdo, con una ideología, se constituyen en agresores y pregoneros del odio. Por su parte, quienes hacen semejantes acusaciones, exponen –en cada comunicación– radicalidad y precisamente odio; los que claman por tolerancia, son los más intolerantes.

La estrategia no es nueva y justamente, quien la usó, con un éxito perverso, fue Adolf Hitler. En su libro “Mi lucha”, un punto que queda claro es la propaganda, como herramienta para manipulación de masas. El principio fue hacerse escuchar él, mientras sofocaba las voces disonantes, a través de argucias variopintas de bloqueo y censura. En todo caso, lo moderno de aquellos lejanos años (1933 a 1945), era la radio, a niveles tan importantes que ya había empezado a desplazar a los periódicos, en virtud de que éstos, estaban expuestos a mucho mayor censura y limitación geográfica de circulación; la radio –en cambio– traspasaba fronteras y permitió al Nazismo: confundir, infundir terror y dominar las mentes de franceses e ingleses, entre otras poblaciones. Las estrategias hitlerianas, incluyeron trasladar mensajes, en otros idiomas, para lograr sus despropósitos, es decir “universalizó” la comunicación, dentro de los territorios que planeó dominar.

En 1936, Hitler, declararía en Nuremberg: “La propaganda nos llevó y nos hará conservar el poder”. A partir de estas ideas, su estratega de comunicación Joseph Goebbels, recomendaría repetir una y otra vez mentiras horrorosas que se convertirían –interinamente, mientras durara el régimen Nazi– en “verdades pétreas”. Las ideas “nacional-socialistas”, eran la base de todo y en 1933, en los albores del poder de Hitler, fue presentado en la Feria Internacional de la Radio, en Berlín, un modesto modelo de receptor de radio, diseñado por Walter Kersting, el cual se constituiría en el punto de partida de la estrategia masiva de comunicación Nazi, denominándosele “Volksempfänger” o Receptor del Pueblo. Evidentemente, la historia lo ha demostrado, quienes hablan “en nombre del pueblo”, suelen ser los más peligrosos.

En 1941, la radio se había popularizado tanto, entregándose a un precio módico y hasta gratis (lo que en esta era se hace con los teléfonos inteligentes), al pueblo alemán que existían más de quince millones de receptores, mismos que –obviamente– trasladaban de forma exclusiva, los mensajes que el régimen deseaba, siendo el resto de las ideas, expulsadas de la programación radial de guerra. Quizás el mayor reconocimiento a la estrategia de Hitler, lo hizo la BBC de Londres, emulando la forma y manera de trasladar mensajes radiales, por parte del grupo de aliados, para subir la moral a poblaciones bajo asedio.

Los mensajes del Nazismo, a diferencia de buscar el razonamiento y la argumentación, se enfocaron en promover la manipulación de sentimientos. Por medio de estos mensajes que unidad del pueblo, solidaridad y grandeza, Hitler logró fundamentar el odio en millones de personas… un sentimiento tenebroso o despropósito, vestido de “buenos propósitos”; consiguió –por ejemplo– impregnar de romanticismo la muerte, exactamente como hoy se hace, con el tema del aborto, hambre y el desprecio a los viejos… ni más ni menos. La genialidad del monstruo consistió en convertir en una idea “positiva”, el uso de la fuerza letal, contra –cabalmente– los más débiles y vulnerables, todo en nombre del pueblo y la hermandad alemana.

La estrategia mediática –radial– no era todo; ella constituía “el abrazo cercano del tirano”, visto como héroe; por otra parte, estaba, la inoculación del miedo. Un Ejército vistoso, controlador, con muchísima actividad secreta e infiltrados en todos los lugares posibles, lo cual garantizaba la sensación de que el Estado podría resolver a cada ciudadano su vida y el libre albedrío, “no valía la pena” ejercerlo … justo como ahora. Se le arrebató al pueblo, la posibilidad de discernir, porque debían creer, solamente lo que, los “dueños” de la información, desearan trasladarles, como verdad.

EE. UU. está hoy, en una encrucijada terrible, tanto o más que la Alemania de entonces. La guerra se ha trasladado al interno de su territorio, golpe que empezó a perpetrarse, en el infausto septiembre de 2001. Casi 20 años después, nos encontramos –tristemente– con un imperio dividido que vivió unas elecciones opacas, sustentadas en una estrategia mediática tendenciosa y repugnante. Los Volksempfänger de ahora, son los móviles, transmisores y receptores, cuya inteligencia es obviamente dirigida, desde la oscuridad y supera, en muchas ocasiones, la capacidad de discernimiento de sus portadores. A partir de la censura –sin importar a quien se censure– las redes sociales, portadoras de gran cantidad de basura y degradación, han dejado de ser símbolo de libertad de expresión y se convierten en verdugos de ésta, imitando la estrategia hitleriana. Si a la libertad se le erige un muro perimetral, deja –por definición– de ser tal cosa ¡Piénselo!

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