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Domingo

¿Cuánto vale mi información digital?


En los últimos días, hemos estado sumamente inmersos en el debate acerca de los nuevos términos y condiciones de WhatsApp y su declaratoria de uso de nuestra información para fines de venta a empresas. Entender cuánto vale mi información y qué estoy cediendo a cambio de usar gratis una aplicación de mensajería, es algo de interés para mucha gente que se ha planteado dejar de utilizarla y cambiarse a otra solución.

Para esto, debemos regresar unos siete años en la historia. Mark Zuckerberg, CEO y fundador de Facebook anunciaba que adquiría a WhatsApp, la plataforma de mensajería instantánea que en ese entonces contaba con 600 millones de usuarios activos y, según información que publicaron en febrero de 2020, ya habían alcanzado a 2 millardos (prácticamente una de cada cuatro personas en el mundo, usa WhatsApp). El valor de la compra fue de US$22 millardos (US$20 millardos en efectivo y US$2 millardos en acciones de Facebook para los propietarios de ese entonces de WhatsApp). Cuando Zuckerberg contaba acerca de las razones por las que habían hecho esa adquisición, mencionaba que era por el tamaño de la red, es decir, la cantidad de usuarios. Le preguntaron que cómo iba a recuperar su jugosa inversión y la respuesta fue una muy curiosa: “No tengo idea”.

El consenso en ese entonces en la industria era que estaban comprando usuarios y su información. Hoy en día, la idea de Zuckerberg parece estar mucho más clara para todos. En ese entonces se creía que querían adquirir las columnas de información que les hacía falta: los números de teléfono para identificar a los usuarios que ya tenían cuenta en Facebook, pero no habían dado voluntariamente esta información. 

La duda de todos ahora es: ¿Qué tipo de información puede vender Facebook a través de las nuevas políticas de WhatsApp? Existen dos regulaciones importantes a nivel mundial para la protección de datos: GDPR (Europa) y CCPA (California). Ambas fueron puestas en marcha en 2018 y establecen que las empresas no pueden comercializar información personal identificable (PII en inglés). Este tipo de información identifica datos como nombres, apellidos, código postal, números de identificación tributaria y ciudadana, etcétera. Por lo que, para cumplir con estas regulaciones, las empresas que operen en las jurisdicciones de la Unión Europea y Estados Unidos deben abstenerse de vender estas bases de datos para cualquiera de sus fines. En Latinoamérica, solamente en Brasil hay una regulación vigente a partir de agosto de 2020. En Guatemala, estamos muy lejos de tener una iniciativa de ley relacionada con el tema y esto nos hace recordar algunos abusos de empresas que recolectan nuestros correos electrónicos para después venderlos para campañas masivas. U otras empresas que saben cuánto gastamos en nuestra factura de teléfono, saben qué sitios visitamos en nuestros móviles, para venderlo posteriormente a anunciantes.

Regresando a WhatsApp: ¿venden mis conversaciones? Según sus políticas, ni siquiera las almacenan, a menos que uno decida hacerlo tanto en el dispositivo como en proveedores en la nube como Google Drive. ¿Pueden vender mis conversaciones? En un contexto en donde reconozcan palabras clave, podrían hacerlo. Es decir, si yo hablo con uno de mis contactos acerca de un producto y posteriormente veo un anuncio en Facebook de este, puede formar parte de cómo ellos tienen a un usuario segmentado. 

Hasta hace unos años, nos preguntamos si tenían el micrófono encendido y que algo que justamente acabamos de hablar, nos aparece por arte de magia entre los anuncios que vemos en Facebook o Instagram. Ellos salieron al paso de este rumor y lo desmintieron con una declaración muy sencilla: “No necesitamos tu micrófono encendido”. Como usuarios, llevamos creando información y entregándosela a las redes por años (ubicación con GPS, etiquetando lugares, personas, fotografías y reconocimiento facial) que su base de datos tiene tantos datos de nosotros, que somos ya usuarios que formamos parte de segmentos muy sencillos de predecir y, por lo tanto, nos pueden ofrecer anuncios realmente segmentados. 

No soy partidario del cambio a otras plataformas. Muchos usuarios están cambiándose a Signal, Telegram y otras por un cambio en términos y condiciones en WhatsApp. Estas plataformas probablemente tienen menos ojos puestos por parte de los reguladores internacionales y la tienen más sencilla en posibles violaciones a la privacidad. Regresando al titular de esta columna, ¿realmente nos preocupa que una marca pueda segmentarle anuncios a alguien perfilado, del cuál no sabe su nombre ni apellido? Si nuestro miedo es que lean lo que hablamos con nuestros contactos, la preocupación debería estar más del lado de qué hablo con quién. Hay una mayor probabilidad de que nuestro contacto filtre una conversación a que un ente tercero viole los cifrados y la conversación sea pública. 

Al menos WhatsApp, a través de Facebook, está siendo sincero de cómo está generando ingresos con nuestro uso de la aplicación. O ¿creímos que usar WhatsApp era gratuito porque alguien tuvo una visión altruista de hacer una plataforma sin costo para comunicarnos todos? ¿Mi información tiene el suficiente valor como para que yo pague por un servicio equivalente? Alguien debe pagar la factura. O la pagamos con efectivo, o el producto somos nosotros.

Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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