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Domingo

Amnesia, pandemia y anemia


El año 2020 fue tan malo que quisiéramos olvidarlo. Pero la historia pasa facturas a los pueblos que olvidan el cómo y el porqué de las cosas. Por ejemplo, no debemos relegar que la desnutrición infantil en Guatemala había aumentado, según cifras oficiales, hasta el 19 de diciembre de 2020 en más del 80 por ciento en comparación con el año anterior 2019. Es decir un claro empeoramiento de un azote social que no solo devasta los organismos infantiles sino produce secuelas como la baja estatura, salud endeble y disminuye el índice de esperanza de vida.

En el 2020 continuaron resonando las voces críticas por el trato inhumano a los niños migrantes. Soledad, separación de los padres, encierro angustiante, enfermedades. Recientemente se hizo pública la denuncia de un grupo de pediatras en Estados Unidos por medio de un artículo publicado en el Diario Oficial de la Academia Estadounidense de Pediatras. Señalan al Gobierno de Estados Unidos de “infligir intencionalmente dolor o sufrimiento físico y psicológico severo” a niñas y niños migrantes. 

Las imputaciones de los pediatras norteamericanos contra el gobierno de Trump resultan alarmantes. Se viene advirtiendo desde hace años la crisis humanitaria de los niños migrantes. Recordemos el nombre de la localidad de Clint, pequeña población de apenas cien habitantes situada en El Paso, Texas, que alcanzó dimensión mundial en el 2019 por la situación de los niños migrantes retenidos en un centro de detención. Trascendió la alarma de hacinamiento, enfermedades y mala nutrición de los infantes ubicados en celdas y patios inadecuados. Un reportaje del The New York Times retrató entonces el centro de detención como una pesadilla, un verdadero campo de concentración sin baños suficientes ni mínimas condiciones higiénicas. “Hay un hedor insoportable”, declaró Elora Mukherjee, directora de la Clínica de derechos de los inmigrantes en la escuela de derecho de Columbia. La doctora Mukherjee afirmó que es lo peor que ha visto en los doce años de su carrera.

La situación de los niños migrantes vino a desvestir a Guatemala con sus asimetrías, sus instituciones fallidas y la falta de cohesión nacional. Un país que no apuesta por la infancia y la mantiene en condiciones flagrantes de precariedad social, desnutrición, escolar y sanitaria no puede pretender llegar al desarrollo. No se llega pasando por encima de miles de infantes que ven sus vidas frustradas, acabadas, maltratadas. La infancia guatemalteca es explotada y se le induce, directa o indirectamente, a la criminalidad. El infanticidio prolifera entre la pobreza y la ignorancia. Y las drogas, la prostitución, el abandono y la violencia. ¿Qué puede esperarse del futuro, si no se cambian las estructuras del infanticidio estructural?

No resulta fácil ser niño en Guatemala ni tampoco ser padre. Las estadísticas de la muerte, la desnutrición y la falta de escolaridad son dolorosas y concretas comprobaciones que el sistema social y político hace rato ha colapsado. Los padres pobres ven con aflicción las enfermedades de sus hijos, la falta de medios para una infancia feliz, la falta de distracciones y juegos, la carencia de seguridad social. Unicef ha dado muchas alarmas sobre la infancia guatemalteca. Sobre todo la desnutrición que padecen los niños, siendo de las más altas de Latinoamérica. 

La Organización Internacional del Trabajo, ha referido que en el país laboran 800 mil menores de edad en malas condiciones. Las estadísticas anuncian apenas las violaciones más extremas de los derechos del niño. Las humillaciones, la orfandad, la falta de escolaridad.

Con la pandemia la situación de la infancia se desmejoró aún más. Vimos en el 2020 como la insensible y moralmente corrupta oligarquía guatemalteca se dedicaba a mostrar sus profundas simpatías con la candidatura de Donald Trump. Son los mismos personajes que combatieron y eliminaron a la CICIG en nombre de la soberanía del país.

El Pacto de Corruptos constituye la columna vertebral del sistema político hoy representado por Giammattei y Allan Rodríguez. Se trata de una clase política funesta, aliada a militares narco comprometidos, a contratistas del Estado sin escrúpulos y a alcaldes y diputados corruptos. La corrupción estructural del Estado no solo hace ricas a las mafias políticas sino empobrece más a los pobres, debido a la mala calidad del gasto público.

La caída estrepitosa de Trump les preocupa a los del Pacto de Corruptos. Nunca les preocupó en cambio la niñez migrante ni la población guatemalteca. Solo velan por sus espurios intereses para enriquecerse a costillas de los dineros públicos. Por eso tratan a toda costa de controlar el sistema de justicia y a todas las instituciones.

La violenta toma de las hordas de Trump del Capitolio no deberá olvidarse nunca. Fue un hecho concreto y brutal donde se mostró el total desprecio por la democracia, el irrespeto al libre juego político y a la voluntad del electorado. Donald Trump trató durante cuatro años de levantar una utopía reaccionaria, basada en el egoísmo y la prioridad de servir al gran capital antes que a la sociedad en su conjunto. 

Trump ha sido un opositor al control del bióxido de carbono y un negador del recalentamiento mundial ante la alarma y el rechazo de la comunidad científica del mundo y de muchos gobiernos y organizaciones. Y ha tratado por todos los medios de debilitar la colaboración y los acuerdos internacionales. Incluso atacando directamente al sistema de Naciones Unidas de diversas maneras.

Un problema grave creado por Trump fue su anuncio sorpresivo de separarse de la Organización Mundial de la Salud OMS y suspender la contribución financiera de Estados Unidos. Trump quería distraer la atención y ocultar sus propias carencias y torpezas en el combate al coronavirus. Ha sido un campeón de las mentiras, la manipulación y las amenazas. En el mero gusto de los oligarcas chapines y sus tenebrosos aliados.

Vivimos, sin embargo, en esta época de pandemia, la evolución de una nueva conciencia sobre el bienestar de la humanidad. Cambios de actitud, reflexiones profundas de muchas mentes y podríamos decir de amplios estratos sociales que ven ahora el mundo desde una perspectiva diferente. Más allá de la distopía que estamos viviendo en la realidad actual, podemos pronosticar que el mundo no será el mismo cuando todo esto haya pasado. La humanidad podrá salir triunfante, a pesar de las enormes pérdidas en vidas y materiales.

El jefe de la OMS ha anunciado los peligros globales de la pandemia y demandó cambios: “No podemos decirlo más alto, más claro o con más frecuencia: todos los países están a tiempo de cambiar el curso de esta pandemia”. Hay que seguir hablando del cambio. De los cambios globales y nacionales. Una transformación global para iniciar una nueva era. 

La pobreza resulta la peor pandemia. Los pobres no tienen acceso a sistemas efectivos de salud. La salud está en muchas partes privatizada. Los pobres carecen de agua potable y jabón. Tienen que vivir hacinados por el déficit habitacional. 

La desigualdad será la gran cuestión a superar cuando la emergencia sanitaria se haya superado. Al neoliberalismo se le acabó el discurso y a lo más que pueden llegar es a seguir hablando a solas, dándole la espalda a la realidad. La pandemia ha venido a demostrar también el valor de la solidaridad. De nuevo hemos visto aportes fantásticos en todo el mundo de voluntarios y profesionales que incluso con riesgo de su salud e integridad física están diariamente trabajando en el combate al coronavirus. 

La gran lección que nos confirma la pandemia del coronavirus es que la pobreza en todas sus formas es negativa para la humanidad. Ya es una cantaleta absurda del trasnochado anticomunismo, ahora hablan de castro-chavismo, el insistir en que la pobreza es un invento o un arma del comunismo internacional. O el discurso inhumano neoliberal del egoísmo. En lo que si no hay duda es que la pobreza expandida en el planeta es el indicador más veraz, con todo su dramatismo, de que la desigualdad debe disminuirse, combatirse, reducirse al mínimo y en su lugar tengamos un mundo más democrático donde la igualdad, la libertad y la fraternidad sean la trilogía imperante.

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