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Domingo

Trump: el americano feo


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Desde su victoria como un auténtico y popular Pizza and Hamburger President, en 2016, las memorables actuaciones del presidente Trump en Política Exterior no hacen sino recordar el contenido del olvidado libro, El americano feo, escrito por Eugene Burdick y William Lederer, como una ficción, en el contexto de la Guerra Fría, en 1958. La novela básicamente describe, los fracasos del cuerpo diplomático de EE. UU. en el sudeste asiático debido a la insensibilidad de los diplomáticos americanos en relación a la cultura, costumbres e idiomas de los países a donde habían sido asignados, y su obcecación por intentar imponer su imperial visión del mundo.

El libro tuvo tanto éxito, que, en su momento, Marlon Brando representó a dicho americano en la película con ese mismo título. En la novela, el ficticio embajador estadounidense Lucky Lou Sears se limita a su confortable recinto diplomático en la capital del imaginario país de Sarkan, mientras que El embajador soviético habla el idioma local y comprende la cultura local. El Embajador Soviético “informa” a sus superiores de Moscú que Sears “mantiene a su gente ocupada con reuniones, eventos sociales y saludando e informando a las decenas de senadores, congresistas, generales, almirantes, subsecretarios de Estado y Defensa, etcétera, que pasan por aquí para buscarse a sí mismos”.

La malas maneras del presidente Trump, en la Cumbre de la OTAN en 2017, cuando empujo al Primer Ministro de Montenegro para salir de primero en la foto oficial, su falta de cortesía con la anciana reina del Reino Unido, Isabel II, a quien en visita oficial en 2018 hizo esperar varios minutos y a quien dejó atrás, al caminar, durante la revisión de tropas, su desprecio y celos por el Primer Ministro de Canadá, a quien llamó despectivamente “Justin de Canadá”, su declaración desde Israel que “acaba de llegar de Medio Oriente” porque acababa de llegar de “Arabia Saudita” y no entendía bien que Israel también se encuentra en la misma región, su legendaria prepotencia con varios de los líderes europeos, a quienes consideraba súbditos, constituyen tan solo alguno de los legendarios y épicos momentos de la Política Exterior del Americano Feo.

En el libro The Room Where it happened: A White House Memoir escrito por John Bolton el prestigioso diplomático republicano, abogado y exconsejero para Seguridad Nacional del presidente Trump, el autor reafirma de alguna manera esa personalidad del Americano Feo del presidente Trump, que no tenía ni la más remota idea de los países que visitaba, que no estudiaba ni leía los informes que le enviaban y cuyos conocimientos de geografía eran muy limitados, así como su memoria política, la cual solía traicionarlo, haciéndole olvidar, a menudo, los nombres de otros mandatarios. 

Guatemala, país bananero y shithole country que el presidente Trump pensaba que estaba en México, tampoco fue la excepción. Histórica es la foto de la firma de oscuros acuerdos migratorios de “Tercer País Seguro” entre Guatemala y 

EE. UU., durante la administración del presidente Morales, en el 2019, cuando bajo la paternal mirada del presidente Trump y palmaditas en el hombro para ambos, el secretario interino de Seguridad Nacional Kevin McAleenan y el extasiado ministro de Gobernación Enrique Degenhart firmaron dicho acuerdo en la Casa Blanca. Los retazos de la cacareada soberanía nacional a precio de quemazón.

En dicha ocasión, el presidente Trump comentó que en los últimos años habían “lidiado” con Guatemala, pero que “ahora estamos en un punto en el que nos llevamos bien, hacen lo que les pedimos que hagan. Creo que será algo bueno para Guatemala. Ellos no quieren estos problemas tampoco. Gracias a eso pudimos hacer este acuerdo relativamente rápido”. 

Pocos días antes, el presidente Trump, había anunciado que, si Morales no accedía a firmar un acuerdo para controlar la migración hacia el norte, estaría dispuesto a subir los aranceles con Guatemala e, incluso, llegaría a prohibir a los guatemaltecos viajar a EE. UU. Después de la firma del acuerdo, desde Guatemala, el presidente Morales tenía la certeza que el presidente Trump no solo era su aliado sino también su amigo y prometió felicitarlo para su cumpleaños, cada año, vía Twitter. 

Este Americano Feo fue hasta ahora, por cuatro años, la imagen principal de Estados Unidos ante el mundo en la escena internacional. Su crudeza, su irrespeto por los demás, su egocentrismo, su injerencia sin escrúpulos, le hicieron acreedor tanto al odio como a la idolatría de millones dentro y fuera de las fronteras de su país. Su calidad de outsider de los círculos de poder en Washington, fueron determinantes en su derrota en estas últimas elecciones; sin embargo, bien valdría la pena preguntarse, si Trump no es, la otra cara de los presidentes guapos y sus embajadores, solo que sin el retoque y el maquillaje de la hipocresía.

Independientemente de la respuesta, las dos caras de los Estados Unidos de América, –la “fea” y la “guapa”– son las dos caras de un país, sumergido en enorme crisis de identidad, urgido por recuperar su espacio en la comunidad internacional, a costa de China y dividido por las agendas internas impulsadas por nuevos grupos de ciudadanos que no necesariamente coinciden con los principios y valores que encarnan los seguidores del presidente Trump, que son millones. Gracias a una demencial campaña electoral, Estados Unidos es hoy en día una Nación expuesta, una democracia fracturada, con los riesgos que ello implica en el ámbito internacional.

En abono a los argumentos del presidente Trump, en contra de sus adversarios políticos, el mismo William Lederer, quien por cierto, fue un exoficial de la Armada norteamericana, publicó en 1961, Una nación de borregos en donde en un profundo análisis del “ethos” norteamericano llega a la conclusión que su país era una “Nación sumisa, ignorante y aletargada por los medios de comunicación” en donde la opinión pública era manejada a sabor y antojo por las elites político, militares y empresariales del país. Miedo y esperanza. Déjà vu.

Sesenta años después, valdría la pena preguntarse, si la Nación descrita por Lederer sigue siendo la misma, y más importante aún, a favor de quién, balan los borregos. El eterno silence of the Lambs un reto digno de Clarice Starling y su caníbal preferido Hannibal Lecter.

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