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Domingo

Relatos de una injusticia


Cuatro personas que vivieron en carne propia la brutalidad policial del pasado sábado 21 de noviembre y un abogado que defendió a los detenidos narran sus vivencias. Tres de ellos durmieron sobre el cemento frío de las carceletas de la Torre de Tribunales, uno en la cama de un hospital luego de recibir un disparo de bomba lacrimógena en el ojo y el otro acompañó, desde el Juzgado de Turno, a los capturados por manifestar pacíficamente. Sus voces se filtran por las secuelas de lo ocurrido. Estas son sus inexorables historias, que no son muy distintas de las de otros manifestantes.

Keneth López:
“Sentí un golpe directo, no hubo tiempo de reaccionar”

Los antimotines se acercaban más y más. Me descuidé y sentí un golpe en el ojo. Estaban a diez o quince metros de mí. No tuve tiempo de reaccionar. Me asusté y vi todo rojo. ¡Cerré los ojos completamente! Solo escuché y traté de entender qué estaba pasando a mi alrededor. Los compañeros que estaban cerca me llevaron con los bomberos. 

Yo llegué a la Plaza alrededor de las dos y media con mi mamá y mi papá, veníamos desde Villa Nueva porque sentíamos una responsabilidad de ir, por el país, porque las cosas no están bien. 

En la Plaza estaba ayudando a las personas heridas. Llegué a la octava calle y octava avenida de la zona 1 porque vi que muchos subían con los ojos llorosos. Les repartí vinagre y agua pura. La Policía no paraba, estaba lanzando bombas lacrimógenas. Nosotros tratábamos de tranquilizarlos y, cuando me di cuenta, estaba en el asfalto.

Me acordaba de todo eso mientras la ambulancia me trasladaba al Hospital San Juan de Dios y el bombero trataba de tranquilizarme. Cuando llegamos dijeron que no había especialista y que teníamos que ir al Hospital Roosevelt. 

Al llegar esperé en una camilla, solo, por 45 minutos. Alguien estaba a mi lado. No lo pude ver, pero me ayudó a llamar a mi mamá. Saqué el teléfono del pantalón y respiré. Traté de mantener la calma para no alarmarla, pero los doctores me dijeron que mi situación era grave, tenía una fractura maxilofacial y tendrían que retirar mi ojo izquierdo por completo. 

El dolor fue soportable, quería lamentarme pero mi familia y amigos estuvieron allí. Solo quedaba esperar. La cirugía fue programada a las ocho de la noche del domingo, pero, llegaron más pacientes y no pudieron hacerla hasta las 12:30 horas. La operación duró 11 horas a pesar de que dijeron que solo serían tres. 

Mi hermano me acompañó el lunes en el hospital, pidieron permiso para que él estuviera conmigo. Luego de cuatro días, el martes, regresé a casa, concentrado en mi recuperación. Aún no sé qué pueda pasar, solo espero poder retomar mis estudios y conseguir trabajo. 

Kenneth tiene 21 años, en 2020 cerró su segundo año de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas en la Universidad de San Carlos de Guatemala. 

Autora: Evelin Vásquez.

Milton Pérez Morales:
“No quiero ser un chivo expiatorio del gobierno”

A las 16:00 horas salí de mi casa, en mi bicicleta, junto con un amigo. Queríamos pasar un rato a la manifestación en la Plaza de la Constitución, luego ir al Parque Minerva. Pensaba terminar mi tarde haciendo ciclismo pero terminé en una carceleta.

Estuve en la Plaza hasta las 20:00 horas, luego decidí regresar a mi casa. Llegué hasta el Parque Jocotenango. Un anciano me alertó de que me estaban siguiendo. Vi cuatro hombres civiles, me alcanzaron. Empezaron a golpearme e insultarme. Cuando levanté la cabeza vi a tres policías. “¡Hoy si te va a llevar la gran puta porque mirá cómo dejaste a mi compañero!”, me gritó uno. Me pusieron las esposas, tomaron fotografías, pidieron datos personales y me llevaron a la Torre de Tribunales. Eramos 31 personas detenidas en una celda. No dormí esa noche. 

Mi audiencia fue el domingo 22. Inició a las 9:00 horas. Se canceló porque la jueza se inhibió de conocer mi expediente y fue trasladado a otro juzgado. Me regresaron a la carceleta. Esa noche, tampoco dormí. 

El lunes la audiencia inició y me imputaron el delito de atentado. Presentaron un trozo de concreto, que se suponía yo había lanzado a un policía. El acta de embalaje se hizo el domingo a las 23:00 horas. El parte policial decía que la persona detenida tenía playera blanca y pantalón rojo. Yo vestía playera negra y pantalón morado. El fiscal dijo que me había cambiado de ropa en la carceleta pero las fotografías de mi arresto mostraban que tenía la misma ropa. El juez decretó la falta de mérito a mi favor por las inconsistencias en la imputación y ordenó a la Fiscalía investigar a los policías por las agresiones en mi contra. 

Cuando me arrestaron me quitaron mi bicicleta, mochila, un casco, mi DPI y una gorra. En la audiencia dijeron que no habían consignado nada. Hice un oficio y lo presenté a la Comisaría 11. La patrulla en la que me llevaron era de esa sede. Me dijeron que no tenían registro de mi detención. Al día siguiente me llamaron para devolverme mis cosas. La bicicleta estaba dañada y las llantas tenían cortes. “Comprale parches de Q0.50”, me dijeron los policías. 

Estoy temeroso, veo hacia todos lados. El hecho de que el ministro Gendri Reyes, haya dicho que somos “terroristas” me pone intranquilo. Sé que no debería preocuparme, pero podríamos ser el chivo expiatorio de un plan del gobierno. 

Milton Pérez Morales es abogado graduado de la Universidad Mariano Gálvez. Fue arrestado en la Calle Martí, lejos de los enfrentamientos entre manifestantes y la PNC. 

Autora: Luisa Paredes.

Roxana Coronado y Pablo Puente:
“Nos dijeron que si no nos callábamos, nos lanzaban una granada”

Pablo: Como a las 16:00 horas estábamos en la Plaza y lanzaron una bomba lacrimógena; como llevábamos agua con vinagre asistimos a la gente. Después de estar un rato ahí nos fuimos.

 Roxana: Íbamos al Transmetro cuando vimos que habían quemado la estación, entonces me puse a grabar con mi teléfono; le dije a los muchachos: “Qué diferencia con la manifestación de la Plaza”.

 Pablo: Estábamos caminando –junto con mi  mamá y mis primas– cuando escuchamos gritar a la gente que corriéramos. Venía una estampida y salimos corriendo. Mi mamá tiene 51 años y no podía correr tan rápido, entonces yo me puse detrás de ella por si pasaban golpeando.

 Roxana: Escuché que mi sobrina gritó: “¡Mirá, tiraron a Pablo!”, yo intenté razonar con los policías pero ya habían agarrado también a mi sobrina. Mientras Pablo era casi arrastrado hasta la patrulla un antimotines me golpeó el brazo y me dijo que me fuera, que lo dejara. Yo como pude me aferré a él y les dije que si se lo llevaban me llevaran a mí también.

 Pablo: Mi mamá se subió a la palangana de la patrulla y un policía la quería empujar para tirarla. Uno de los policías me llevaba la bota en el cuello.

 Roxana: había frío porque había llovido e íbamos mojadas, estábamos en una carceleta, separadas de Pablo, pero a lo lejos escuchábamos las vuvuzelas que nos hacían saber que no estábamos solas. Nos costó dormir porque estábamos sobre un plástico, con frío y nunca apagaron la luz.

 Pablo: en la carceleta habíamos más de 30 personas en un espacio súper reducido; nos turnábamos para sentarnos y era cansado. Estando encerrados un policía penitenciario nos gritó: “Ya sho, cerotes, que si no les vamos a tirar una granada acá adentro”, siempre nos trataron con fuerza desmedida.

 Roxana: conforme escuchábamos que iban dejando libres a algunos sentíamos esperanza porque sabíamos que no habíamos hecho nada malo. Cuando salimos estaban muchos amigos y familiares, nos quemaron cohetes. Todo lo que vivimos generó un trauma no solo para nosotros sino para nuestros familiares, para toda la comunidad.

 Pablo: Lo primero que hice al salir fue abrazar a mi papá, quien se puso a llorar; eran muchas emociones encontradas. Después fuimos a la casa y solo quería bañarme y lavarme los dientes, porque ahí no nos dejaron hacer nada de eso. 

Roxana Coronado y Pablo Puente, madre e hijo que participaron en la manifestación pacífica del 21 de noviembre, fueron capturados sin justificación. Encerrados en las carceletas recibieron amenazas. El juez declaró falta de mérito en su caso.

Autor: Rony Ríos.

Francisco Vivar:
“Al salir de la carceleta su derecho a manifestar pacíficamente seguía vivo”

Fuimos a brindar asistencia técnico-legal a los detenidos en la manifestación; el sábado estábamos ahí en Torre de Tribunales para ayudar a las personas.

Cuando llegamos vimos que había otras organizaciones de defensores de derechos humanos y abogados particulares; todos acudimos al llamado. Comenzamos con entrevistas y nos dimos cuenta que la mayoría fueron detenidos de forma injusta.

Al escuchar a los capturados lamentábamos la forma en la que los detuvieron, porque casi todos estaban manifestando de forma pacífica.

Para nosotros era importante servir de enlace entre los detenidos y los familiares, les explicamos de qué los señalaban, los posibles escenarios que se podían dar y también escuchábamos la preocupación de la familia.

En la primera audiencia demostramos que los señalamientos no eran creíbles porque había circunstancias como supuestas agresiones a los policías que eran inverosímiles porque existían fotografías y videos en las redes sociales, también que los agentes que los habían capturado no eran los mismos que declaraban.

A las familias había que explicarles que a pesar de que los dejaban libres por tres delitos debían continuar encerrados porque había un delito que no podía ser conocido por el mismo juez y nos teníamos que ir a otra audiencia.

El sábado y domingo tuvimos audiencias que terminaron en la madrugada, pero era emocionante saber que al salir de la carceleta su derecho a manifestar pacíficamente seguía vivo en ellos, porque salieron cantando consignas, emocionados por lograr su libertad. 

Francisco Vivar, abogado del Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH), ejerció la defensa de cuatro de los detenidos en la manifestación y brindó una asesoría al periodista que fue herido por los antimotines durante la cobertura.

Autor: Rony Ríos.

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