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Domingo

Crimen, castigo y rehabilitación


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Hace bastantes años que Guatemala, por imperativo de ley, alineó en el civilizado cuadro del tratamiento técnico de la rehabilitación de huéspedes del encierro penitenciario, cuando su situación podía revisarse a la mitad del cumplimiento de una condena penal. Supongo que los impulsores y la decisión política legislativa partieron del esquema reflexivo que, según la ciencia criminológica, había reos que alcanzaban un aceptable grado de rehabilitación social y, en consecuencia, confiables para gozar de una libertad condicionada. Resultó así que el país se inscribió en la lista progresista que calificaba el grado de peligrosidad y el de readaptación social de reos de determinados delitos, estudios y disposiciones que correspondían al Instituto de Criminología, adscrito a la Corte Suprema de Justicia. El análisis de personalidad y causales a cargo del Consejo del Instituto, formado por un criminólogo (Benjamín Lemus Morán), un psiquiatra (Carlos Federico Mora), un psicólogo (Jaime Barrios Peña), un abogado para el examen del expediente procesal y una trabajadora social para el historial del entorno familiar. El personal de apoyo técnico estaba formado por estudiantes de la San Carlos, que teníamos a cargo la formación del expediente con datos del desempeño de los reos durante su reclusión. En un tiempo estuve asignado al doctor Barrios Peña, quien me adiestró para aplicar el test de manchas de tinta de Rorschach, de cuyo informe él hacía la interpretación. Producto de las tareas del Instituto fue la tesis Dinámica del Delito, contentiva de una “Casuística” (aplicación de principios teóricos). De ahí, un resumen muy breve de algunos de los centenares de casos.

UN CRIMEN DE PESADILLA.- Xol, procesado por el delito de homicidio, había llegado al teatro del suceso el 23 por la noche y, según costumbre, dispuso pasarla al costado de la iglesia parroquial, donde dormía también otro grupo de aborígenes, entre ellos el victimado Caal. El primero colocó cacaxte y corvo muy cerca suyo y se durmió bastante cansado. Tuvo una pesadilla en la cual soñó que uno de sus compañeros le arrebataba a su mujer. Despertó a medias, recobrando solamente su actividad motriz autónoma y así “asoñado”, como él repite, tomó el machete y lo hundió en el abdomen del sujeto dormido que estuvo más a su alcance. Al acabar de despertarse, después de aquella impulsión subconsciente, se dio cuenta de lo que había hecho y salió corriendo, con el arma ensangrentada en la mano, sin ningún ánimo de huir, como que en cuanto se encontró con un policía le entregó el machete y declaró el hecho. Se dejó conducir a la cárcel y dio su declaración en la misma forma.

El ofendido, por su parte, tuvo oportunidad antes de morir, confirmando que el hecho de que fue víctima había sido por completo intempestivo e inmotivado, renunciando a constituirse en acusador “porque no estaba peleando ni ha tenido nunca enemistad personal (con Xol), ya que hasta aquella fecha en que se juntaron conoció de vista a ese  sujeto”.

El Instituto: Esquematizando las características de ese acto lo enumera en el orden siguiente: a) Perpetración súbita, no provocada, impulsiva, acompañada de un estado emocional no concordante con la circunstancia, realizada de la manera propia de los actos hiponoicos (subconscientes); b) Actor bajo la influencia de una pesadilla en la que se soñaba amenazado en su seguridad afectiva; c) La acción criminal resuelve la ansiedad onírica; d) El agresor recobra plenamente el conocimiento y se entrega a la autoridad sin ocultar nada de lo acontecido ni tratar de justificarse; y e) el mismo ofendido afirma que no hubo ninguna causalidad intencional ni mediaron antecedentes del hecho. 

El dictamen del Consejo del Instituto fue que se trataba de un delincuente ocasional puro (Di Tullio), a los que Ferri clasificaba como “delincuentes locos”, pero únicamente para resaltar su falta de dolo o voluntad para cometer el hecho. Recomendó liberarlo.

LA PASIÓN Y EL CRIMEN. Maximiliano fue condenado por homicidio que cometió contra Víctor en las circunstancias siguientes: El día de autos los sujetos de la relación delictiva se encontraron en una refresquería, habiéndose entablado entre ambos una discusión originada por celos del sujeto activo con respecto de una muchacha del lugar. En la discusión, y sin que constara que el ofendido lo hubiera agredido, como trató de alegar en el juicio, le disparó un balazo que le penetró en el cráneo, causándole la muerte. En seguida corrió con rumbo a la casa en donde vivía la joven por quien discutía y en el frente de esa vivienda se disparó a sí mismo en la parte inferior de la mandíbula con el objeto de quitarse la vida.

Clasificación: este hecho, por sus circunstancias y motivaciones, integra un caso de delincuencia típicamente pasional, en la que el sujeto activo, luego de cometido el delito, trata de privarse de la vida en una acción de compunción y autocastigo.

Pronóstico criminológico: Peligrosidad mínima; adaptabilidad máxima.

TEMOR MÁGICO: Sutuj recibió condena por el homicidio de Corona. No hubo testigos que permitieran la reconstrucción del hecho en sí, aunque circunstancias peridelictivas inducen a suponer la existencia de factores de tipo mesológico: a) nivel cultural del sujeto; b) relación con el medio socio-cultural; c) temor mágico; d) estado de ebriedad agudo. 

El temor mágico (creencia en supersticiones), es elemento desencadenante de agresión criminal del sujeto activo. Este, temeroso de los daños físicos y morales que la actividad de la “bruja” le ocasionaría, estimó que su única salvación consistiría en suprimir a la causante de sus males. No hay en este sujeto motivación intrínseca sino una marcada influencia del medio. 

Clasificación: Mesocriminal preponderante (Veiga). Ocasional por situación (Beeche). Ocasional (Ferri) Pronóstico: Mejor aculturado el sujeto, el pronóstico es benigno. 

DEFICIENTE DESARROLLO DEL SUPEREGO: Los términos de la delincuencia femenina se particularizan de acuerdo con determinadas características. Algunas de estas son propias del sexo femenino y se manifiestan en los delitos que únicamente pueden ser cometidos por o contra mujeres. No obstante téngase presente la observación de Quirós: “en los verdaderos  delitos femeninos, nunca pueden faltar el motivo erótico y el elemento masculino, más o menos próximos”.

“Lorena” se desplaza delictógenamente dentro de ese motivo erótico y ese elemento masculino. Estos factores figuran de manera prominente en los mecanismos de producción del delito. Aparte de ellos, tendrán que estimarse los puramente propios y los exógenos (género de vida, narcomanías y alcoholismo).

En el expediente de Lorena figura su autobiografía, la que, no obstante sus naturales limitaciones y reservas, contiene datos de importancia para su diagnóstico y pronóstico. Comienza afirmando sus fijaciones infantiles agradables: “Fui una niña completamente feliz en el hogar de mis padres …Fui la preferida de mi padre, quien me llevaba de paseo y casi siempre a su oficina donde pasaba yo el tiempo dibujando o jugando”. / “Luego de haber estudiado en mi casa con clases particulares pues me tocó la hora de mandarme al Colegio donde se educaron mis hermanos yo me puse muy triste y mi padre, como siempre, optó porque lo más conveniente era que me quedara en la casa ya que me entristecía tanto quedarme separada de él”.

“Lorena” nació en el seno de un hogar bien organizado y completo. Económica y socialmente integrado. Asistió a la escuela pública, observando en ella una conducta díscola y poco ajustada, obteniendo poco éxito en los exámenes y repitiendo algunos cursos. Su padre, afectuoso y atento a sus caprichos, le procuró una educación propia a su situación pagándole clases particulares que recibía en su casa. Gozaba de alguna habilidad para el dibujo y la composición de poesías. 

Obtuvo algunos empleos en dependencias municipales de la localidad, no tanto como satisfactores económicos, que aparentemente no necesitaba, sino como distracción.

A los diecinueve años de edad contrajo matrimonio. Veamos su relato autobiográfico: “Me casé con alguien a quien había conocido hacía varios años y que volvía nuevamente, pero al casarme con él comprendí que me había casado con un desconocido. Antes de un año nos separamos”. No tramitaron la separación ni el divorcio judicialmente. 

 Dio a luz una niña, la que murió a los cinco meses de nacida. Respecto de este suceso dice: “Me sentí muy infeliz pues la adoraba y solo mi padre supo consolarme en tan inmenso dolor”. 

Arranca una etapa azarosa en la vida de “Lorena”. Tuvo relaciones íntimas con un militar al que suministró, en una ebriedad mutua, un vaso con estricnina. La atención médica inmediata salvó la vida del envenenado. Posteriormente, habiendo continuado sus relaciones, le hizo varios disparos y lo atacó con un cuchillo sin haber logrado lesionarlo. En otra ocasión intentó matar a un sujeto haciéndole varios disparos que no acertaron a su víctima. Finalmente, alcanzando la cúspide de esta carrera, bajo los efectos estupefactivos de la morfina y el licor en que se encontraba con su amante de turno, le hizo varios disparos que le causaron la muerte.

El estudio psicológico de “Lorena” señala aspectos de su personalidad: “se observa deseo de la examinada de presentarse como víctima de las circunstancias y ambiente en que se desenvolvía…” “aparecen abajo de su cultura superficial de aparente amplitud, una manifiesta fijación parental y fijaciones egocéntricas infantiles, de un utilitarismo inmediato y poco valorado, en el cual la figura del padre juega un papel muy importante en el condicionamiento de una actitud dependiente frente a los demás, en la que sobresale un fuerte narcisismo que se resuelve desde temprana edad en búsqueda de satisfactores inmediatos sin mayor diferenciación valorativa y así al alcance de su inmadurez emocional e instintiva”. Observa el estudio una actitud central de duda frente a la vida y sentimientos de inseguridad interna, presión de sus tendencias básicas y frustraciones familiares y sociales. 

Algunos detalles del examen siquiátrico: “… está muy claro que algunos rasgos de su carácter denotan una personalidad sociopática. Puede mencionarse en este concepto distintas manifestaciones de su conducta sexual y social que acusan una deficiencia de la capacidad de adaptación a la norma ética; las motivaciones, detalles de la ejecución y reacciones posdelictivas, en el crimen por el que se le impuso la pena; la inestabilidad, puerilidad y tendencia a actos de conversión  histérica que se han comprobado  durante el tiempo de su encarcelamiento. Es decir que, hallándose su comportamiento fluctuando generalmente entre la normalidad y la morbosidad, se singulariza por desajustes continuos y repetidos que, sin ser típicos de las psicosis o de las siconeurosis se salen de lo normal para constituir modos de reacción disociales y antisociales. Entre lo disocial hay que enumerar las anomalías de la conducta psicosexual, las irregularidades de su vida conyugal, la falta de fijeza en la actividad productiva, la inclinación a las toxicofilias, la naturaleza ostensible edipiana de la relación paterno-filial. Como caracteres antisociales tenemos el acto homicida por el que fue condenada; los otros dos conatos de homicidio sobre los que declararon numerosos testigos; la incapacidad para sujetarse a una disciplina normal en el o los centros de reclusión.”

Clasificación: Desde el punto de vista psiquiátrico: delincuente sociopática de tipo psicosexual y sadista. Desde el punto de vista criminológico: delincuente nata (Ferri); Delincuente con desarrollo deficiente del superego (Abrahamsen): delincuente con anomalía moral (daltonismo) (Ingenieros).

Pronóstico: Alto nivel de temibilidad, mínimas condiciones para la adaptación. 

Meditación: Si esto se practicaba en Guatemala hace unos sesenta años, actualmente con el avance de las ciencias psicológicas y sociales: ¿Qué se está haciendo?

 

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