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Domingo

Pasar por alto


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La percepción generalizada, de quienes vivimos desde el trabajo honrado, amamos y hemos formado hijos, añoramos el culto a la virtud y nos preocupamos por los derroteros de la patria, es –lamentablemente– una realidad. En efecto, el mundo está de cabeza, librando una guerra atípica, inesperada y sin ninguna regla convencional; los valores, la propiedad privada, la familia, la libre expresión y la libertad, permanecen bajo asedio. 

Vivimos un cambio de época, marcado por el ocaso del imperio, casi a las puertas de una guerra civil y un “reordenamiento” del caos que realmente nos conducirá a una dictadura global, en la cual, una minoría –nunca tan ínfima– decidirá sobre vidas, quehaceres y emprendimientos. No es la libertad o “igualdad” –como demagógicamente se vende– el destino de esta convulsión tan atormentante, sino una especie de esclavitud planetaria, en la que buscan el sometimiento de la individualidad… a ultranza. 

En el choque de trenes, no hay “buenos”, solamente intereses y lucha por el poder a ultranza… quienes y cuantos caigan en el camino, para estos codiciosos, es básicamente irrelevante. Por estas razones, es importante dejar de “pasar por alto”, el trasfondo del fenómeno, sus motivaciones reales, e intentar descubrir, entre los timadores, a los nefastos principales que, curiosamente, se yerguen como héroes. El mundo no debiera “pasar por alto” que, cuando a un hábil y acaudalado empresario de la información,  se le da el título  de “profeta”…algo anda muy mal. 

Nuestro país, una especie, ya no de patio trasero, sino de chiquero de EE. UU., funge, desde hace cinco años –y de nueva cuenta– como un campo experimental, para ensayar una nueva forma de gobierno remoto, puesto que ha quedado demostrado, la podredumbre no tiene límites y las instituciones de gobierno, están desacreditadas, con sobrada razón. Ahora bien ¿Esto es fortuito o deliberado? Le propongo varias ideas para que analice, lo que “trágicamente” pasamos por alto. 

Los resultados electorales que llevaron a “un chatío” salido de la nada, a presidir el Congreso y a un mitómano, narcisista y fracasado, de proporciones inigualables, a la presidencia, derivan, de variopintas anomalías en el proceso de “elecciones”; ambos –ojo– son sirvientes solamente. Aunque la primera vuelta estuvo colmada de hedentina… “pasamos por alto” el asunto, validamos los resultados y fuimos a la segunda vuelta; como siempre, no existían opciones para votar a esas alturas; no se trata de que los “honrados no se postulen”, sino que, no existe lugar para nadie que no sea pícaro, sirviente o ambas cosas. En este capítulo de la reciente historia falsamente democrática, “pasamos por alto” varias cosas: 1- ¿Quién llevó a estos infames al poder? –ojo– no fueron los votantes. 2- ¿Por qué hasta un candidato a la presidencia que parecía presentable, puso –con los votos a su favor– basura al Congreso? Otra vez, estos protervos, no están traicionando al pueblo, por causa de los votantes, sino por los candidatos de moral distraída y financistas que, en su afán por llegar a ostentar poder, no piensan dos veces en aliarse con el mismo diablo. 

Quienes estuvieron en posición de apoyar mentes brillantes y personas honradas, para participar en las contiendas electorales y eventualmente gobernar, nunca lo hicieron… querían sirvientes solamente y diseñaron un sistema para que cada elección, el rostro del mequetrefe presidente cambiara, mientras todo permanecía invariable. En 2015 su funesta receta, ya había caducado y les estalló en la cara, gracias a las andanzas de la dupla Perezdetti; gente que se les “salió del guacal”, aliándose con todo tipo de criminales y ello llamó la intervención de EE. UU. y las Naciones Unidas. 

Muchos guatemaltecos creen –ingenuamente– aún hoy que fueron ellos los que dieron al traste con aquel aciago gobierno, pero no fue así… “pasan por alto” que fue la acción decidida de “La Embajada” y la coordinación con Naciones Unidas lo que posibilitó –en una no nueva intervención extranjera– que los plantones fueran masivos y que los ladrones fuesen a la cárcel. Negar esta realidad es ser distraído deliberado, es decir… irresponsable. Las cosas luego tomaron un matiz politiquero, dividieron al país, con motivo de la ya para entonces división irreconciliable demócrata/republicana…el resto ya lo sabemos. 

Notemos ahora, las elecciones estadounidenses que necesariamente son torales, para nuestro país, convertido en reducto de la corrupción que –lamentablemente– no arreglaremos guatemaltecos; estamos fraccionados en tristes ideologías, odios y resentimientos… los estadounidenses, también. El imperio dividido, maneja sus relaciones exteriores también en dos rumbos y luchan –entre sí– por conseguir el control de cada territorio alineado; toca ahora “sub alinearse”, con la facción de poder norteña que termine dominando… lo cual no se dirimirá pronto. 

Guatemaltecos confundidos claman por soberanía –a la carta– es decir, de acuerdo a su apetito ideológico y buscando ganar poder… esto es ridículo, pues tristemente la soberanía no existe y quienes organizaron todos los procesos electorales, lamentarán, junto a los que trabajamos duro para construir algo… la gobernanza forzada desde afuera; todo ello consecuencia del fracaso interno y no de ser de “derecha” o “izquierda”, sino de la carencia de arrestos, para hacer algo más que no fuese hablar o mandar WhatsApp, insultando, descalificando o pregonando el miedo. Tuvimos ocasión de ser una democracia, pero la prostituyeron desde el principio. 

Al margen de que las elecciones estadounidenses se aclaren y concedan una victoria opaca a alguno de los contendientes, lo cierto es que la democracia “ejemplo” del mundo, ha sufrido una estocada mortal. Todo está en tela de duda y la mejor prueba, es que los medios, casi en su totalidad, llaman “presidente electo” a Biden, aún y cuando la autoridad electoral de esa gran nación… no ha proclamado, como tal, a ninguno de los contendientes. Se llama a Trump dictador, mientras ejerce su mandato constitucional y ejerce su incuestionable derecho a auditar un proceso que obviamente luce tan gris, como el de cualquier país bananero. El resultado de elecciones democráticas –no hay que “pasar por alto”– jamás deben admitir, tomar partido que no sea el ganador claro y legal, nos simpatice o no.

Pareciera que el atrevimiento suicida del Congreso de aprobar un Presupuesto de cien millardos que nunca conocieron, ni entendieron; la imprudencia absurda, del Ejecutivo al plantearlo, la complicidad silente de la academia, colegio de Economistas, Gremiales, tanques de pensamiento, Junta Monetaria y los bochinches ulteriores, son la parte final de un programa macabro de la función circense que mantenemos con nuestros impuestos y que redistribuirá el poder entre los mismos infames… ¡Cómo duele Guatemala! ¡Piénselo!

 

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