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Domingo

Izquierda o derecha: la verdad


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Larry Andrade-Abularach:

Una de las mayores paradojas de nuestro tiempo es que el hombre, que inició el período de la modernidad afirmando su propia madurez y autonomía, emprende la andadura del siglo XXI con miedo por sí mismo, asustado por lo que él mismo es capaz de hacer y asustado ante el futuro. En esta situación hemos llegado a un nuevo milenio en el que, en un ambiente aparente de auténtica libertad, la humanidad debe aprender a vencer el miedo y para ello recuperar un espíritu de esperanza y confianza. 

Santo Tomás de Aquino:

De las acciones hechas por el hombre, solo se llaman humanas aquellas que son propias del hombre en cuanto hombre. Se diferencia el hombre de las otras criaturas irracionales en que es dueño de sus actos. Por lo cual solo se llaman propiamente humanas aquellas acciones de las cuales el hombre es dueño. Pero el hombre es dueño de sus actos por la razón y la voluntad, por lo que también el libre albedrío se dice que es la facultad de la voluntad y de la razón. 

Antonio Caso: 

Nada supera ontológicamente ni axiológicamente a la persona. Ser persona es asumir la suprema manifestación de lo real. La naturaleza tiene un fin: la persona. La cultura solo puede concebirse como obra de personas. Dios es persona. Natura y cultura se refieren, por ende, a la significación de una esencia: la personalidad. La personalidad es una individualidad que sabe de sí. Ser persona es ser dueño de sí, esto es ser causa de la propia acción.

Luis Recaséns Siches: 

El hombre ni tiene ni deja de tener albedrío. Sencillamente el hombre es albedrío; es decir, se halla en la ineludible necesidad de tener que decidir entre el repertorio limitado y concreto de las posibilidades que se le ofrecen.

Enmanuel Kant:

Persona es aquel sujeto cuyos actos pueden serle imputados. Pues una persona no está sometida a otras leyes que a las que se ha dado a sí misma, sola o junto a otras.

Octavio N. Derisi:

En su cuerpo y en su vida fisiológica y sensitiva el hombre no se diferencia de los seres que poseen esos mismos caracteres. Pero hay algo en él que esencialmente lo diferencia de todos los seres materiales y lo coloca por encima de todos ellos, hasta el punto que un solo hombre vale más que el universo entero: su espíritu.

Pablo Lucas Verdú:

Hay que pensar que el hombre posee un alma preciosa a los ojos de su Creador, que debe tratársele como autofin, que es menester contemplar y garantizar su dignidad. Pero esto no es individualismo tópico y disolvente: es, sencillamente, personalismo: un concepto y corriente vinculados a la tradición del humanismo cristiano. 

Carlos Sánchez Viamonte:

El individuo es una entidad cuantitativa dentro del conjunto social. La persona humana, en cambio, es una entidad cualitativa. Es particularidad y diversidad en la pluralidad social. Es el aporte particular o singular o autónomo del hombre, como unidad espiritual de la especie.

Héctor Gros Spiell:

Para que la vida humana, respecto de cada ser, de cada persona, pueda ser plena y verdaderamente tal, se requiere que este ser, esa persona, pueda poder saber, poder conocer y poder intentar conocer la verdad. (…) El reconocimiento jurídico, por ende, del derecho a vivir implica la aceptación de la existencia de un derecho a pensar, a informarse, a saber, a conocer y a buscar y conocer la verdad, o lo que se piensa que puede ser la verdad. 

William Shakespeare:

Hamlet: ¡Qué obra maestra es el hombre! ¡Cuán noble por su razón! ¡Cuán infinito en facultades! En su forma y movimientos, ¡cuán expresivo y maravilloso! En sus acciones ¡qué parecido a un ángel! En su inteligencia, ¡qué semejante a un dios! ¡La maravilla del mundo!.

Conclusiones: es difícil formularlas cuando se encuentra tan a menudo el pensar sesgado o torcido por la “ideología” o el “compromiso”. De esa manera, cuando se aborda un breve ensayo o artículo político, desde la lectura del título se adivina la conclusión. Por veces, implacable, condenatoria e irrevocable. Otras, aromadas con incienso santificador o elegías triunfales y heroicas. 

Choques entre fanatismos sangran cualquier palenque, nadie cede, ni rectifica ni verifica. Mucho menos se ocupa en recordar la admonición de Ortega y Gasset. Quizás, por esto, resulte más comedida la menos arrogante de Arturo Pérez-Reverte: Yo no tengo ideología, lo que tengo es biblioteca.

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