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Domingo

“La capacidad creativa no se acaba, pero deben establecerse estructuras para hacerla sólida”


Clara Mónica Zapata es una experta colombiana en gestión y cooperación cultural. Es miembro de la Corporación Banasta, ubicada en Medellín, en la cual se ofrece gestión, asesoría, producción y ejecución de proyectos y procesos culturales. En esta conversación, comparte la experiencia de su país, el cual es un referente en América Latina.

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¿Cómo le ha ido a la industria cultural en su país a partir de la pandemia?

– Se está viviendo un periodo interesante, pero parto de un contexto. Para el presidente Iván Duque es una bandera de su gobierno, ya que es el coautor de un documento sobre Economía Naranja durante su periodo en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). No es algo nuevo, es un proceso que viene desde hace dos décadas.

A través del liderazgo de Duque, se creó una ley de Economía Naranja, un viceministerio y un consejo nacional de este tipo. Otros sectores no lo veían relevante, hoy está consolidado como una política pública nacional.

¿Cuánto genera este sector en la economía del país? 

– Durante el 2018, dio 539 mil 933 empleos, según el reporte de 2019. Un alto porcentaje de estos empleos es por la contratación de servicios, no son plazas permanentes. 

En cuanto a generación económica, en 2018, se produjo una riqueza de US$28.4 billones, un nivel superior a lo que produjeron sectores como el de suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado (US$21.3 billones) y el de información y comunicaciones (US$27.7 billones), según el medio Dinero. 

¿Esta fortaleza se debe al respaldo de una política pública?

– Sí, pero todavía no lo resuelve todo. Las pequeñas y medianas empresas siguen siendo frágiles porque no cuentan con la infraestructura para formalizarse. 

¿Cuántas operan de manera informal?

– Estimo que un 70 por ciento de las empresas culturales no son formales, lo cual no garantiza su sostenibilidad.

¿Qué sucede a partir de la pandemia?

– Se dan dos fenómenos. Primero, la fragilidad del sector informal detonó. Los gobiernos locales buscaron alternativas de apoyo al sector. Se crearon fondos de emergencia para la cultura. Nunca serán equiparables a las necesidades, los flujos no han sido rápidos, pero ha habido bonos especiales y varias convocatorias de apoyo. 

Segundo, se produce una oferta virtual y se generan nuevos aprendizajes para encontrar nichos importantes. Ha habido mucha actividad a través de las plataformas online. Pero todavía no se tiene un valor cuantitativo. Hoy con los procesos de reapertura se trabaja en la proximidad y los sistemas de bioseguridad.

¿Cómo cambió el escenario desde su experiencia personal? 

– En Banasta el balance es estable. Ha sido positivo en cuanto a difusión de proyectos, pero no tanto en el flujo de caja. Hemos estado muy activos en agendas que empiezan a formalizar, compartido muchos proyectos. Por su diversidad, el modelo de empresa ha conservado su estatus. 

¿Qué aprendizajes ha dejado esta crisis en las empresas culturales?

– Varios. Primero, las empresas culturales y creativas deben estar más organizadas con modelos y planes de negocios claros. La mayoría vive al día, no hay reservas. Allí está la fragilidad. Hay que buscar alternativas para lograr la estabilidad. Segundo, adoptar tecnologías de la información. Muchas nos actualizamos, tenemos procesos en línea. Ahora es parte del know-how. 

Tercero, la gestión colectiva, la necesidad del trabajo colaborativo. Y cuarto, fortalecer el modelo de alianzas público-privadas. 

Se dice que la gente creativa no es buena para los negocios. Entonces el gran reto reside en combinar dos mundos, en donde la creatividad se acompañe con un balance de racionalidad.

– Sin duda. Una empresa cultural y creativa no puede funcionar si no tiene claridad en sus planes de negocio ni en sus metas. La fuerza creativa es el capital simbólico per se, porque nunca se acaba.

En teoría somos portadores de una economía de la abundancia. La capacidad creativa no se acaba, pero deben establecerse estructuras para hacerla sólida. También debe existir una política pública que acompañe estos desarrollos. Pero el sector tiene que ser corresponsable, estar a la vanguardia y establecer plataformas que sean sostenibles.

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