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Domingo

La ex-Ministra no tenía “tumbao”


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Sin experiencia alguna en la administración pública, y totalmente desconocida en los distintos ámbitos culturales del país; rescatada del anonimato nacional por obra y gracia del presidente Giammattei, sin más credenciales que ser la pareja sentimental-cultural del extécnico del Ministerio de Cultura y Deportes, Denys Ariel Lancerio Hernández –sobrino del conocido exministro de Cultura, Jerónimo Lancerio– y haber sido candidata a concejal titular 2 del partido Vamos por el municipio de Puerto Barrios, Izabal, la psicóloga Silvana Martínez Cayetano ascendió de la nada, para asumir el cargo de Ministra de Cultura y Deportes, convirtiéndose en la tercera mujer, la primera garífuna y la más joven (33 años de edad) en dirigir dicha cartera.

Dotada de esa arrogancia que da la ignorancia y el oculto resentimiento, sin capacidad de diálogo y negociación con los diferentes niveles de toma de decisiones, desconfiada hasta de su propia sombra, teledirigida por el clan Lancerio, ineficiente, excluyente, inaccesible, prepotente y abusiva con sus subalternos, navegando airosa, como la flor de la canela, sobre la polémica ola de la cuota de las minorías, con la rizada cabellera pintada de un opaco rubio aspiracional, ataviada usualmente con zapatos tenis y un par de pantalones de lona, la joven exministra permaneció encerrada a piedra y lodo en su Despacho Ministerial en el Palacio Nacional, escondida, para que nadie se dé cuenta de lo que es obvio; la mediocridad de los estereotipos, esperando su anunciada destitución.

Bien dicen que el primer acto de corrupción, es aceptar un cargo para el que uno no está preparado. Los resultados saltan a la vista, con una ejecución presupuestaria del 31 por ciento al mes de septiembre, en lugar de ejecutar, Miss Martínez se dedicó, en detrimento de los retazos de cultura nacional que van quedando, a cobrar su sueldo, a contratar asesores garífunas (Zúñiga Kelly, Arana Baltazar, Núñez Allen) y a todos los operadores del exministro Lancerio, incluido su hijo Yahel y a convertirse en la estrella semanal del baile del hula hula en Almolonga y en obstinada defensora de la elaboración de la teja y el ladrillo en Chimaltenango.

En plena pandemia, con gente literalmente muriéndose de hambre, con escasez de médicos y enfermeras mal pagados, con el fantasma del desempleo recorriendo el país, es inaudito y vergonzoso que el Ministerio de Cultura haya contratado 971 asesores durante la época de pandemia, en el renglón 029, a un costo de 75 millones de quetzales, convirtiendo el Ministerio en una cueva de plazas fantasma y el Viceministerio del Deporte en un refugio de inútiles parásitos, recomendados de políticos y diputados; mientras que los artistas nacionales se quejan de una absoluta falta de apoyo, salvo claro está, los que se dedican a las actividades circenses. En lugar de fumigar, el nuevo Ministro, cercano al Centro de Gobierno, debería seriamente desparasitar dicho Ministerio.

La CULTURA señora exministra, no es un pasatiempo, es el eje transversal que permite el desarrollo y la transformación de un país, “es en esencia, la percepción que tenemos del mundo (no de Izabal) y la forma en que accedemos al otro (los ciudadanos). Desafortunadamente, nunca pareció entenderlo.

Un pueblo sin CULTURA es un pueblo mudo, es un pueblo sin HISTORIA, es un pueblo sin futuro. Necesitamos llenar nuestro país de libros, de poesía, de teatro, de cine, no de zánganos y de mentiras. Su accionar recuerda, aunque tarde, lo que en alguna ocasión Oscar Wilde dijera “La fuerza bruta es intolerable, pero la razón bruta es insoportable”. Hay que reconocer, sin embargo, no todo fue negativo, la elusiva exministra dio un resultado positivo, el de COVID 19. 

Mientras tanto, en los pasillos de un Palacio Nacional, venido a menos, se escucha la ronca voz de la finada Celia Cruz, cantando: “Esa exministra que va caminando, esa exministra no tiene tumbao y cuando el Congreso la está citando, ella responde de la’0”. Ahora bien, exministra, como acertadamente dijera la insigne Simone de Beauvoir: “Es lícito violar la cultura, pero con la condición de hacerle un hijo”; sin embargo, en los ocho meses que duró en el cargo, nunca vimos señales de embarazo alguno, tan solo, situaciones embarazosas. AZÚCAR.

La presente pieza es una publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.

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