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Domingo

La Feria de Jocotenango se traslada al espacio virtual


Este año, la Feria de Jocotenango se celebra en casa. Es la primera vez, en más de dos siglos, que la tradición se interrumpe. Pero solo en lo presencial. Porque las atracciones y los paseos se harán por FB Live y Google Meet. En esas plataformas habrá conciertos, velaciones y conferencias. El colorido será virtual. Sin embargo, solo unos pocos comerciantes podrán participar de eso.

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Si tiene antojo de plataninas, molletes o garnachas, tendrá que pedirlos por teléfono para que le lleven la orden a la puerta de su casa. Negocios como los Churros Modelo, cuyo propietario es Exmeling Fernández, fue uno de los pocos que logró adaptarse a la modalidad de ofrecer comida en línea durante las ferias agostinas.

Fernández confiesa que los últimos cinco meses han sido “cuesta arriba” para él. Con la esperanza de obtener algunos ingresos, decidió enganchar una moto. Esto le permitió inscribirse en la Municipalidad de Guatemala para encajar en el catálogo de repartos a domicilio que empezó el jueves 13 y que se prolongará hasta el próximo 20 de agosto.

La Feria de Jocotenango combina devoción, diversión y folclore. Es el punto donde acuden más de dos millones de visitantes durante diez días de actividades. Los comerciantes consideran que es la que genera mayores ganancias a lo largo del año. En esta ocasión, solo 20 negocios de comida estarán funcionando con pedidos en línea, en contraste con un estimado de 320 espacios que usualmente se autorizan.

La Avenida Simeón Cañas, en la zona 2, luce cotidianamente normal. Como si fuera marzo o noviembre, pero no agosto. Esto implica sentimientos encontrados entre los vecinos. Para los comerciantes, desolación.

Este domingo 16, la Parroquia dedicará la Eucaristía a los comerciantes de la feria.

Quedaron fuera

Aunque se desconoce su impacto real en la economía, todos concuerdan en que la feria agostina es el evento más esperado del año por las ganancias que representa. También es una de las más organizadas. En esta intervienen: la Dirección de Comercio Popular de la Municipalidad capitalina, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, los comités de barrio y los comerciantes. Así funcionan para dar curso a las actividades religiosas, culturales y de diversión, que este año dependen de una multitud virtual y remota.

Dentro de los comerciantes hay cuatro grupos: la Asociación de Comerciantes de Ferias de Guatemala (Acofegua) y los Comités: Copari, Apandulip y Metroiglesias que se reparten sus puestos de venta en los alrededores de la parroquia de la Asunción, la Avenida Simeón Cañas y el parque Minerva. Conservan derechos que se han heredado a lo largo de varias generaciones.

Luis Castellanos, presidente de Acofegua, es uno de los que mantienen con orgullo esta tradición. Lo hace con el juego de la lotería. El reconoce la gravedad de la crisis sanitaria, así como el esfuerzo de las autoridades municipales para organizar la feria bajo la modalidad virtual. Sin embargo, ve con desasosiego cómo se desvanecen los ingresos que tenía contemplados para este mes. “La del Hipódromo me daba para subsistir hasta por tres meses”, afirma.

Acofegua tiene asignados 175 espacios que se ubican en los alrededores del Mapa en Relieve. Las ventas incluyen los comedores de garnachas, las estaciones de golosinas y los infaltables juegos mecánicos. Cada local consta de 15 metros de longitud. En la mayoría de estos, las familias “dueñas” los dividen en tres o cuatro partes, conforme los hijos van creciendo y necesitan de un ingreso. De manera que solo en esta asociación hay unos 500 grupos familiares que trabajan en la feria, asegura Castellanos.

La gastronomía guatemalteca es reflejo del mestizaje cultural y guarda un conocimiento a lo largo de varias generaciones.

“La mayoría nos quedamos sin poder participar, ya que ahora solo tenemos ingresos para pasar el día”, comenta. Los miembros de Acofegua no son candidatos a préstamos bancarios. Tampoco lo son para recibir el apoyo del Gobierno durante esta crisis.

Muchos de ellos viven como un pueblo ambulante. Entre ellos se cumple el dicho de “andar de feria en feria”. No tienen bienes inmuebles, pues recorren el país según las celebraciones patronales de cada barrio, pueblo o ciudad. “Cada mes se celebran en distintos puntos del país hasta 20 ferias simultáneas”, dice Castellanos. De ahí que unas 15 mil familias a nivel nacional basen su economía en estas celebraciones.

La feria es su nido

La vida de Sergio Rodríguez, de 46 años, se remite a un lugar común: las ferias. Estas han sido el espacio donde nació, creció, estudió y formó un hogar, debido a que sus padres y abuelos se han dedicado a estas actividades desde hace muchos años.

Su negocio es el tiro al blanco, y en algunas ocasiones, los juegos mecánicos. La feria de Jocotenango era rentable, pues le producía ganancias netas de hasta Q10 mil. Pero esto implicaba enormes sacrificios, pues Rodríguez y su familia acostumbran a dormir en los pisos que rentan. Cuando viene otra, se movilizan. Es decir, su casa es un puesto de feria.

“No pude participar en el negocio virtual, pues no tengo dinero para invertir en insumos o en un vehículo para repartir a domicilio”, explica. En estos meses se ha dedicado a vender mariscos en el mercado, pero las ganancias han sido escasas.

Sus palabras refuerzan lo dicho por Castellanos: la imposibilidad de ser sujetos de crédito por ser parte de la economía informal. De momento, solo ha recibido una entrega del Bono Familia. “Me siento maniatado para trabajar. Ninguna entidad se ha preocupado de conocer la precaria situación que atravieso junto a mi familia”, enfatiza.

Oscar Orozco trabaja como ayudante de cocina en la feria de Jocotenango. Este año pide ayuda con una pancarta en la sexta avenida.

Organizan donación

La visión de los residentes de Jocotenango es diferente. Silvia Pérez es presidenta del Comité Único de Barrio Francisco Vela. Después de más de 50 años de vivir en este lugar, algunas de sus preocupaciones incluyen la seguridad de los propios vecinos, de sus casas, así como la higiene y movilidad en este sector por la cantidad de ventas. Sin embargo, destaca que no ha habido revolución, guerras o desastres naturales que hayan interrumpido esta feria desde 1801. Solo la pandemia.

En el afán de apoyar a los 320 vendedores tradicionales (según sus cifras) y por iniciativa de un grupo de vecinos, varios se abocaron a la organización United Way Guatemala y su programa “El Amor en caja”. Ello, para solicitarles una donación para los comerciantes. Lograron una caja de alimentos y artículos de higiene por familia.

“Accedieron por tratarse de una tradición tan arraigada, así como por la interrupción de esta por primera vez y la falta de trabajo. Pero se necesitaba recaudar fondos, pues el valor de la caja es de Q250”, indica Pérez.

Para lograr este objetivo se organizó un concierto de bandas de jazz, que dieron un recital el pasado domingo, que se transmitió a través de las distintas redes sociales. De momento, lo que se sabe es que este donativo será entregado hasta fin de mes.

United Way Guatemala reúne fondos para donar a los comerciantes de la feria por medio del programa “El amor en caja”.

Apoyo virtual

En cuanto a las celebraciones religiosas en honor a la Virgen de la Asunción, patrona de la ciudad, los vecinos pueden consultar las transmisiones en línea de las velaciones y otras actividades. En la parte cultural, el programa incluye una variedad de conferencias sobre historia, arte y tradición organizadas por la Universidad de San Carlos, la parroquia y la Municipalidad.

Desde el pasado jueves, ya está lista la guía virtual de gastronomía popular para que los vecinos hagan sus pedidos en línea, informa Carlos Soberanis, síndico I de la Municipalidad, en la que 19 comerciantes se organizaron para distribuir la comida en las principales zonas de la ciudad. A ellos se unió una tienda de recuerdos.

“Coordinar la feria requiere de varios meses de trabajo anticipado. Algunos puestos como los juegos tienen una dinámica distinta. Debido a eso, y por la pandemia, solo nos quedó organizarnos con las ventas de gastronomía. Instalar el servicio a domicilio significó todo un reto”, dice.

El control de las normas de sanidad está bajo la supervisión de la Dirección de Comercio Popular. Sin embargo, para cumplir con los protocolos del Ministerio de Salud se dieron una serie de capacitaciones. Esto lo confirma Exmeling Fernández, quien debió mandar fotos y videos de cómo preparaba sus productos con las respectivas indicaciones de higiene.

Los Churros Modelo hacen una entrega a domicilio.

Sueños en marcha

Las crisis dejan lecciones. A partir de esta dura experiencia, el presidente de Acofegua medita en cuanto a la necesidad de organizar la economía informal como pequeños contribuyentes al fisco. Demanda la necesidad de sentarse a dialogar con las autoridades, especialmente debido a su calidad de comercio histórico y tradicional, el cual piensa defender “a capa y espada”.

Silvia Pérez, en cambio, comparte el sueño de crear una especie de plaza permanente donde se disponga de instalaciones decorosas para los comerciantes. Incluso un hospedaje para quienes llegan de otros departamentos a vender y usualmente pasan la noche en sus puestos de venta.

Resalta la necesidad de unir esfuerzos entre los distintos actores: vecinos, autoridades, parroquia y comerciantes para hacer de esta feria un espacio más digno, seguro y confiable. “Tengo sentimientos encontrados. Crecí con la feria, era nuestro parque. Pero ya no cabemos. Los estacionamientos se han salido de control”, comenta.

Carlos Soberanis pide el apoyo de los capitalinos para que hagan sus pedidos. No solo por disfrutar de estas delicias, sino para apoyar a los vendedores y a la tradición.

Los churros, las garnachas y los elotes están listos. Solo es cuestión de que la gente marque el número y pida el antojo de su preferencia. Seguro este año las mujeres visitantes extrañarán el “¿qué va a querer chula?” o el “pase adelante, tenemos mesas”. De momento, queda imaginar que en 2021 la gente podrá regocijarse con la dulzura de una manzana acaramelada y ganarse un peluche en el tiro al blanco.

Para millones de visitantes solo queda imaginar la diversión del próximo año.

Más de dos siglos en la capital

• La feria de Jocotenango nace en 1620, en el pueblo del mismo nombre en Santiago de Guatemala, en el valle de Panchoy.

• Con el traslado a la Nueva Guatemala de la Asunción, la feria vuelve a celebrarse en 1801 en el barrio aledaño de Jocotenango, de acuerdo con el cronista Miguel Álvarez Arévalo.

• Este era un pueblo de tierras ejidales pertenecientes a los pueblos indígenas, hasta que en 1879, los liberales lo convierten en barrio. Se urbaniza el campo de la feria y se traslada a este punto, expropiando a sus antiguos pobladores.

• Durante el siglo XIX, también se le consideró un mercado de artesanías importante, con objetos que venían de Chiapas y El Salvador.

• En 1928 el presidente Lázaro Chacón le otorga el título de feria nacional e integra un comité para organizarla.

• Hasta 1935 tuvo una vocación ganadera. Luego el presidente Jorge Ubico la traslada hacia los terrenos de la finca La Aurora para celebrarla en noviembre.

• El presidente Juan José Arévalo le devuelve el carácter de feria nacional.

Link catálogo de productos en línea

https://issuu.com/municipalidaddeguatemala/docs/directorio_de_productos

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