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Domingo

No más iba


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En la insufrible y tétricamente esperada cadena presidencial, del domingo 12 de julio, era determinante, para muchas decisiones personales que sumadas implican esperanza o mayor desasosiego. Don Julio, un vendedor de automóviles esperaba el lunes 13, la respuesta de su cliente –Helmut– que el lunes le “iba” a confirmar su compra. El vendedor, en la expectativa de su añorada comisión “iba” a pedir una pizza después de “la cadena”, para celebrar con su familia la venta del automóvil que –en estos tiempos– caía como “agua de mayo”. Rómulo, el emprendedor vendedor de pizzas “iba” a recibir un pedido y el repartidor –Andrés– “iba” a ganarse su propina.

En otra parte, el constructor de un proyecto de diez casas –el arquitecto Pérez– que dejó a medias con el cierre del país, “iba” a reiniciarlo, porque consiguió renegociar el préstamo con el Banco, institución que a su vez “iba” a resolver un crédito insolvente y el encargado de cobros –Estuardo– “iba” a recibir un emolumento extra, por haber resuelto el caso. El abogado –Juárez– “iba” a realizar la escritura para reestructurar el crédito y el procurador –Neto– “iba” a mantener su trabajo, con motivo de este y otros trámites que se reiniciarían el lunes 13.

La gasolinera –Don King– se preparaba porque se “iba” a levantar la absurda medida de la circulación, por placas par e impar… y para el despachador de combustible –don Jorge– esto “iba” a representar, ganar su salario completo y no estar sufriendo turnos cada quince días, con lo que gana solamente la mitad. El dueño de la aceitera –don Guayo– al fin “iba” a recibir más clientes y el dependiente que hasta abril, le ayudaba –Tonito– “iba” a recuperar su trabajo.

El padre ilusionado –don Sergio– “iba” a comprar el carrito usado para su hijo, porque este había conseguido un trabajo, en el cual el vehículo “iba” a ser indispensable. El muchacho –Diego– a su vez, “iba” a alquilar un parqueo cerca del trabajo e “iba” a tener que comprar su almuerzo, con la señora que provee el servicio en la empresa. La laboriosa cocinera –doña Concha– “iba” a empezar a pagar el pago mínimo de su tarjeta, porque ya había hecho un arreglo que “iba” a cumplir, con la reapertura de la empresa a donde está llegando apenas el treinta por ciento del personal y con los pocos almuerzos que vende, no le alcanza para vivir.

El chofer del bus –don Aurelio– “iba” a regresar, conforme con una ocupación limitada y todas las restricciones que la prevención implica. El vendedor de estuches de celulares, cargadores y otros accesorios
–Lico– “iba” a abordar los buses para tratar de vender sus cositas y quien espera en el semáforo –Arturo– con el mismo propósito también pensó que “iba” a vender más, por mayor flujo de vehículos. La joven madre soltera –Lupe– que aún mantiene su trabajo, pensó que “iba” a “hacer su súper” el sábado en la tarde, porque en la mañana “iba” a entregar unas mascarillas que estaba cosiendo por encargo. La persona que se las “iba” a comprar –doña Rosa– canceló su pedido, porque su amiga –Jeny– le “iba” a conseguir algunas robadas de la fábrica de mascarillas que está montando el “güebierno”.

Los muchachos del “Carwash” –Fredy, Rigo, Morgan y Esvin– que ahora se ven desesperados, en la calle, frente al negocio, intentando atraer automovilistas, haciendo señas con toallas, pensaron que los sábados “iban” a reponerse –entre lavados y propinas– porque los meses han sido complicadísimos. El dueño del “Carwash” –Benny– le había ofrecido al propietario del terreno que alquila donde funciona su negocio que, antes de fin de mes se “iba” a poner al día con la renta. El propietario –don Daniel– le había ofrecido que, si así lo hacía, le “iba” a reducir la renta un 20 por ciento para ayudarlo. Nadie contó con que el malogrado aspirante a monarca “iba” a restringir la movilización, aún más, pensando que “iba” a reducir los contagios, cuando lo que “iba” a hacer era multiplicarlos, mientras ahondaba la miseria y daba lustre a su ego.

El dentista –Dr. Duarte– “iba” a atender seis pacientes cada sábado, pero le cancelaron cuatro, porque el tráfico se volvió imposible, gracias a las restricciones caprichosas; entonces decidió no abrir la clínica ese día y la recepcionista –Marcela– que “iba” a recibir su día de pago (ahora trabaja a destajo porque la cosa no da para más) se quedó sin su ingreso. El cuida carros
–Matías– próximo a la clínica del dentista calculó que “iba” a recibir Q60 por sábado y se quedó sin un centavo. El barbero –don Nando– que espera el sábado, como mejor día de la semana, calculó que con dos fines de semana “iba” a tener para pagar la cuota del celular de su hija –Betty– enferma que lo llama todo el día, también había ofrecido a su exayudante –Quincho– hoy desempleado que le “iba” a recontratar, pues las cosas estaban mejorando.

El matrimonio –Esteves– que “iba” a comprar su nuevo sofá, difirió la decisión, el almacén de La Bolívar no vendió; el vendedor –Élber– que había invertido lucha e ilusión, e “iba” a recibir un “pistillo”, se vio frustrado y triste. El corredor de bienes raíces –don Carlos– quien “iba” a recibir dos visitas para mostrar un apartamento, el fin de semana, no recibió ninguna, ni generó la comisión que se “iba” a ganar. El comerciante de electrodomésticos –Dante– tenía la expectativa de vender la línea blanca, para ese proyecto de apartamentos y con ello “iba” a hacer su próximo pedido, pero también lo difiere, con profundo desazón.

Así funciona la rueda de la economía; el dinero no lo genera ningún gobierno, este solo lo gasta y, por cierto, nunca con decencia. La “calidad del gasto” es pestilente y por ello vemos: plazas de complacencia, todos los apetitos –de diputados, presidente, ministros y demás mequetrefes– satisfechos con holguras, “asesores”, amantes y amiguetes a diestra y siniestra… en fin, todo el desperdicio inimaginable; lo que no se ve nunca, es lo que prometieron “iban” a hacer por el país. El gobierno tampoco puede “reactivar” la economía, puede y debe solamente, ser decente (este ya no puede), garantizar las condiciones de certeza jurídica, seguridad y tributarias… además –claro está– de no estorbar.

¿El gobierno puede ahorrar? No, sería un contrasentido, porque ahorra quien es el generador de riqueza, sea por la vía del emprendimiento o de emolumentos generados con honradez. El gobierno que diga que ahorra, miente. En la cosa pública se puede optimizar el gasto y hacerlo transparente, pero ahorrar –por definición– es imposible. Así las cosas, el gobierno gasta sin ningún escrúpulo y desde que amorales –colegas– economistas pregonan que la “deuda es baja”, endeudan al país de forma obscena.

Si con las decisiones presidenciales de hoy, se continúa con la aciaga dictadura, todo lo que se “iba” a recuperar con la reapertura atropellada de un semáforo ridículo e inoperante no se logrará… el daño está hecho. Si usted creyó que la deuda pública no “iba” a ser asunto suyo, se equivoca; los desmanes públicos y los robos de políticos traidores y sus socios… son las únicas dos cosas que se “democratizan” ¡Piénselo!

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