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Domingo

Globalización del virus


Sociedad de Plumas

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Siguen avanzando los meses de este 2020 y no dejamos de perder la capacidad de asombro derivada de cómo se van desarrollando los acontecimientos tanto en Guatemala como en el mundo entero.

La enfermedad global llamada Coronavirus nos terminó de confirmar lo que la muerte de la Princesa Diana Spencer ya nos había anticipado en 1997 y es que, por medio de la Globalización, para bien o para mal, todos estamos conectados. ¿Y qué tiene que ver la ilustre y bellísima princesa con lo que estamos viviendo en este momento? Pues bien, Diana, princesa británica, falleció en un accidente ocurrido en el Puente del Alma en Francia, junto a su novio Dodi Al Fayed de nacionalidad egipcia quienes iban en un automóvil alemán. Y es que, así como en un solo acontecimiento se dieron cita personas y productos de diversos países del mundo, hoy se origina en un solo país –China– el virus que infecta a literalmente todo el mundo.

Y es que en noviembre del año pasado se escuchaba a lo lejos el lamento de Wuhan y las tardías advertencias de la Organización Mundial de la Salud sobre el tristemente célebre Coronavirus. Y como reza el dicho: “¡No hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no se llegue!”, así el virus desembarca en América casi en su última escala, dejando estragos en Europa y varios países del resto de continentes. Desde marzo empezamos a transitar una cuarentena que era supuestamente catorcena, y que, por lo menos en Guatemala ya va por trimestre y no se ve que la curva llegue a aplanarse, tal y como los políticos, médicos, curanderos, chamanes y burócratas han pronosticado que tiene que suceder. Como todo en la estadística, las variables son muchas y con la austera provisión de recursos, ni siquiera los economistas y estrategas más prominentes de nuestro país han acertado en los pronósticos.

En Guatemala hay mucha confusión en las cifras, en la magnitud del daño causado a los que saldrán de la crisis sin haberse enfermado del virus y sobre todo en el cómo y cuándo la cuasi normalidad regresará.

Pero si por aquí llueve por Estados Unidos no escampa. Ya venía transitando una crisis política sin precedentes por las diferencias entre el presidente Donald Trump, los políticos demócratas y los medios masivos de comunicación, cuando llega el Coronavirus y, debido a la ley de los grandes números, es uno de los países que registra más número de fallecidos por su causa. Es entonces cuando la oposición le endilga la responsabilidad de la escalada de infectados al gobierno central debido a su negativa de paralizar la economía y por responsabilizar a China y la OMS de la debacle. Pese a que ya era una crisis severa, la economía, aunque con días malos, continúa cosechando éxitos fortaleciendo a Trump frente al americano promedio, que es el votante que decidirá quién llega o se queda en la Casa Blanca por cuatro años más.

Entonces como si fuera poco todo lo que estaba pasando, llega la muerte desafortunada de George Floyd, la cual, como todas las muertes por exceso de fuerza lo son, y ahí sí, se incendia el país. Después de meses de “quédate en casa”, irrumpe el “sal a protestar, quemar y derribar”, pareciera que tanto el distanciamiento social como el temor a morirse por Coronavirus desapareció, pero vuelve y aparece la huella de la globalización que no comenzó con la caída del Muro de Berlín o la Perestroika sino que inició hace 528 años con el Descubrimiento de América. Y es que la indignación y el odio de los manifestantes estadounidenses trasciende el tiempo y de repente arremete en contra de la historia derribando muchos monumentos a próceres o antepasados prominentes como lo fue Cristóbal Colón cuya estatua terminó decapitada en Boston.

Aún no conocemos el trasfondo de tanto caos, tampoco hemos visto el final, ni del Coronavirus, ni de las protestas, pero sí podemos inferir que esto está conectado como la Globalización y tiene que ver con política y economía a muy alto nivel. En virtud de lo anterior, bien por quienes no se dejan llevar por el rebaño y no culpan a nadie del pasado por su realidad presente. Ser responsable, cuidarse, trabajar sin importar el lugar, ayudar al prójimo y liderar con el buen ejemplo son nuestra obligación para que no nos infecte un virus global más letal que el COVID-19 que es la estupidez y mentira disfrazada de indignación. Sigamos adelante mientras llega la nueva normalidad.


Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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