[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

Autoritarismo y coronavirus


Los caminos autoritarios se parecen entre sí aunque representen ideologías diferentes, incluso antagónicas. Lo común es el déficit democrático, es decir la imposición y decisiones sin sustento en el pensar de la ciudadanía. La globalización del coronavirus ha puesto al descubierto las carencias democráticas de algunos mandatarios alrededor del mundo. De gigantes como Estados Unidos y Brasil a la pequeña Nicaragua. De la Rusia esteparia y enorme a la reducida república de Bielorrusia.

La pandemia ha puesto sobre el tamiz las estructuras institucionales e infraestructuras sanitarias de una serie de países donde las privatizaciones llevaron a una reducción significativa del sistema público de salud. En Estados Unidos el intento del anterior presidente Obama de construir y levantar un sistema de salud pública que cubriera universalmente a los ciudadanos, aunque planeado por etapas y en esencia bastante tímido, fue sacado de escena por Donald Trump que ha tratado por todos los medios dentro de su ideología de hacer grande a su país de nuevo, llama América a Estados Unidos, de levantar una utopía reaccionaria basada en el egoísmo y la prelación de servir al gran capital antes que a la sociedad en su conjunto.

Trump ha impulsado también un nuevo proteccionismo que choca con el libre comercio y la colaboración internacional, llevando a cabo una geopolítica agresiva que polarizó al mundo y ha producido situaciones bélicas y prebélicas que no favorecen el desarrollo armónico de la humanidad.

Como guinda en el pastel, Trump ha sido un opositor al control del bióxido de carbono y un negador del calentamiento global ante la alarma y el rechazo de la comunidad científica del mundo y de muchos gobiernos y organizaciones. Trump ha tratado por todos los medios de debilitar la colaboración y los acuerdos internacionales. Incluso atacando directamente al sistema de Naciones Unidas de diversas maneras.

El problema más grave creado por el presidente Trump en la presente coyuntura, es su anuncio sorpresivo de suspender la contribución financiera de Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud OMS con el pretexto, muy discutible, de que la OMS actuó mal en la gestión del coronavirus al principio, acusándola de no haber supervisado y exigido más a China, lo que según Trump habría producido un agravamiento de la epidemia y su posterior expansión en el mundo. Trump llegó al grado de acusar a la OMS de irresponsabilidad y culpabilidad en la mortandad causada por el coronavirus.

Las reacciones mundiales no se hicieron esperar y ha sido criticado por gobiernos y organizaciones. Se le ha recordado también, por parte de analistas, que en la fase inicial del coronavirus él mostró una evidente desidia y un peligroso escepticismo, aduciendo razones económicas. Coinciden muchas opiniones en que Trump está buscando únicamente protagonismo político y una “cabeza de turco” a quien culpar de sus propios errores, pensando solo en las elecciones presidenciales de noviembre. Es como una bofetada a la humanidad en una coyuntura que exige aunar todos los esfuerzos para combatir la pandemia. Atacar a la OMS en este momento es inadecuado si se piensa en la urgencia de la coordinación mundial del combate al coronavirus, incluyendo colaboración científica, técnica y humanitaria. Trump quiere distraer la atención y ocultar sus propias carencias y torpezas en el combate al coronavirus.

Si nos movemos a Brasil encontraremos un presidente de ultraderecha al que se le ha dado en llamarlo ”la versión carioca de Trump”. Bolsonaro ha asumido una actitud que se considera irracional por su falta de conocimiento de la cuestión en torno a la pandemia, disminuyendo sus peligros y banalizando las medidas que deben tomarse. Brasil reporta ya 30 mil infectados y 1,800 muertos. Además de tener un sistema de salud debilitado y sin los recursos e infraestructura necesaria para enfrentar una epidemia como la actual, lo que preocupa a los expertos por las trágicas y terribles consecuencias.

El mandatario brasileño se ha enfrentado incluso a su propio ministro de Salud, Luis Enrique Mandetta, y hace unos días renunció por desacuerdo con el Presidente en el tratamiento del coronavirus el director de los servicios de Salud Wanderson de Oliveira. Bolsonaro ha atacado también a algunos políticos que han tratado de organizar cuarentenas, como el gobernador de la ciudad de São Paulo, Joao Doria.

Con machismo lacerante ha dicho que el coronavirus hay que enfrentarlo ”como hombre”, poniéndose él mismo como ejemplo. En Brasil voces críticas que rechazan la actitud y las opiniones del Presidente han llegado a hablar del “Bolosonavirus” que sería tan peligroso como el corona.

Bolsonaro de la misma manera como ha negado el calentamiento global rechaza también la amenaza de la pandemia actual, de nuevo confrontándose con las posiciones y conocimientos de la comunidad científica del mundo y de los mismos expertos  brasileños. Bolsonaro considera que la economía brasileña está primero y puede afectarse con ”esta exageración”. Le han recordado a Bolsonaro que la economía brasileña viene mal desde hace meses y que su gestión no ha sido efectiva para reactivarla.

Pero no se trata solo de mandatarios de derecha, en la pequeña república de Bielorrusia hay un gobierno comunista encabezado por el dictador Alexander Lukasjenko que gobierna con mano de hierro desde 1994. Bielorrusia es una reliquia del antiguo sistema soviético que colapsó en 1991. Lukasjenko ha decidido no tomar ninguna medida significativa para combatir el coronavirus ni seguir las recomendaciones de la OMS. Aduce que es una exageración y ha llegado a afirmar despectivamente que el coronavirus es en realidad una psicosis y exhortado a la ciudadanía a combatirla tomando vodka y baños sauna.

La indolencia arrogante y autoritaria de Lukasjenko recuerda las actitudes y opiniones de un mandatario centroamericano: Daniel Ortega Saavedra de Nicaragua, quien estuvo ausente de la escena cerca de un mes y se rumoraba que padecía graves quebrantos de salud. Ortega ha reaparecido en público y su mensaje a la nación es que la economía nicaragüense debe seguir funcionando y que el coronavirus está totalmente controlado en el país. Ortega insiste en que no se trata de una crisis sanitaria y que no es necesario tomar medidas como cuarentenas y cierre de fronteras.

En Rusia el presidente Putin no se ha interesado demasiado por el coronavirus y repetidas veces ha dicho que está bajo control. En cambio se ha dedicado con ahínco a consolidar su estadía en el poder, el que podría conservar ¡hasta el año 2036! El régimen de Putin ha establecido una estricta censura de prensa y una vigilancia autoritaria y ocultista de la información, incluso ha prohibido el uso de términos como ”emergencia” para caracterizar la crisis sanitaria del coronavirus y se han vertido amenazas abiertas y agresivas advertencias a cualquier medio o persona que cuestione al Estado y su manejo de la pandemia. El control de ciudadanos continúa y la sociedad civil está prácticamente diezmada y desarticulada y la oposición nulificada.

En definitiva, la democracia se afecta con jefes de Estado que utilizan procedimientos autoritarios y retóricas abusivas y sin sustento. La manipulación se ha combinado asimismo con el irrespeto a la prensa y a los medios que no obedecen acríticamente, produciéndose un enfrentamiento desgastante y en algunos casos lamentables como en Rusia, Brasil, Nicaragua, Hungría y Polonia en donde podemos constatar una reducción de los espacios democráticos y de la libre expresión. Los regímenes autoritarios, y más aún las dictaduras, difunden ficciones impuestas como ”realidades” a la opinión pública.

La transparencia, el respeto a los medios de comunicación y a la sociedad civil deben privar en los sistemas democráticos. Una sociedad, un mundo mal informados o desinformados nos aleja de los controles democráticos, si partimos de que libre expresión, información verídica y acceso a la misma constituyen el triángulo equilátero de la democracia. Y en definitiva la salud es un derecho humano que debe estar por encima de intereses privados y mezquinos. El derecho a la salud es uno de los fundamentales.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Méndez Vides
Juventud sin escuelas

‘“Desocupados en la calle o como vampiros en el encierro”’.

noticia Ferdy Montepeque
Mides ha gastado Q32.8 millones en alquiler de exclusivo edificio

Las oficinas centrales del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) funcionan desde 2018 en un lujoso edificio situado en la zona 9 capitalina.

noticia Clara Gámez | EFE
Las grandes tecnológicas dan la batalla contra su regulación

Los gigantes de Sillicon Valley han gastado más de 19 millones de euros en lobby político.



Más en esta sección

Kobe Bryant, un año después

otras-noticias

Solo quedan 160 camas para enfermos de COVID

otras-noticias

Joe Biden impulsa creación de empleo

otras-noticias

Publicidad