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Domingo

Liderazgo y comunicación


Sociedad de Plumas

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Los grandes líderes surgen en tiempos de crisis y de transición. Su ejemplo, reciedumbre y claridad de ideas son faros luminosos que guían a los demás a tierra firme y segura. Porque una situación como esta, pone en evidencia la honradez, sabiduría y don de lenguas de los verdaderos líderes. Y, por supuesto, también exhibe sus defectos.

Gracias a los medios de comunicación y las redes sociales, estamos viendo en tiempo real el carácter, la prudencia y la asertividad de las decisiones de algunos presidentes y líderes mundiales. En ciertos casos, se advierte su credibilidad, su capacidad de forjar alianzas y enviar mensajes que generen certidumbre y contención en la sociedad. Y en otros, sus actuaciones dan mucha inquietud y generan más incertidumbre.

Y no obstante el descrédito y la desconfianza que desde hace tiempo nos provocan muchos políticos y gobernantes, en esta grave crisis apreciamos que estén a la altura de las circunstancias. Porque ahora los ciudadanos estamos más al tanto de todo, nos preocupamos más por lo que nos rodea y hemos aumentado nuestra atención en lo que los políticos dicen y hacen.

Por eso, si realmente son líderes, en sus intervenciones públicas se reflejarán sus virtudes, su sentido del deber, así como su habilidad para promover iniciativas, decisiones y propuestas. Están totalmente expuestos, sin máscaras y de frente a todo el mundo, como en un gran escaparate. Y su buena o desgraciada actuación quedará documentada para la historia. En esta compleja realidad, identifico tres claves de comunicación que los grandes líderes hacen para gestionar bien la crisis:

Informan de forma completa, transparente y fluida. En su presencia frecuente en los medios aportan datos precisos, actuales y fiables, sin medias tintas ni ambigüedades. Sin ocultar información relevante, porque al hacerlo generan desconfianza. En su lugar, ponen en contexto los hechos, los interpretan con objetividad y exponen las decisiones con fundamento. Saben bien lo que dicen, dicen bien lo que saben. No abusan del lenguaje, no se adornan con excesos, ni usan términos técnicos o complejos. Son sencillos y claros a la hora de explicar, y cuidan el tono y manera. Y sus declaraciones tienen ritmo, son breves y se programan a la misma hora cada día.

Tienen experiencia en liderar crisis y forjar alianzas. Cuando hablan, lo hacen con propiedad desde su experiencia ejecutiva en gestión de crisis. No improvisan ni se lanzan temerariamente a lo desconocido. Es verdad que esta crisis del COVID-19 es inédita y de consecuencias inciertas, pero la prudencia, templanza y sensatez son virtudes esenciales en esta y cualquier otra crisis. Además, no están solos ni aislados. Buscan a los mejores especialistas en su área de acción, para integrar un equipo multidisciplinar de expertos y sabios, que más allá del talento técnico, tengan una gran humildad para buscar la verdad. Y desde luego, procuran de forma sincera un apoyo sistemático de otros líderes políticos, empresariales, sociales y religiosos.

Saben gestionar el miedo y la incertidumbre. Tienen una idea clara de la peligrosidad de la amenaza. Sin exagerarla ni provocar un falso alarmismo, pero tampoco disfrazan su gravedad. Esto no es fácil de lograr, porque como dice un experto, se tiene la sensación de que un líder debe eliminar el miedo y generar una sensación de relativa normalidad en la sociedad. Pero en una crisis como esta, es importante infundir serenidad sin restar peso a los riesgos que hay en juego, porque entonces las personas dejan de cuidarse y de tomar precauciones. Y se exponen a contagiarse y a contagiar. En realidad, la clave es dar a cada cosa su lugar, sin eufemismos ni contradicciones, y nunca aprovecharse de esta situación para abusar del poder, porque el fin no justifica los medios.

Al fin y al cabo, esto no es un simulacro ni un videojuego en el que uno controla algunas variables. Es una crisis en toda regla y requiere de un plan concreto que tenga claros los protocolos de acción, los medios disponibles y el detalle paso a paso de las fases de atención de la emergencia, tanto sanitaria como económica.

En este caso, el conocimiento reunido, la experiencia acumulada y el sentido común de los integrantes de un excelente equipo, contribuyen decisivamente a que el líder tome las mejores decisiones y a evitar que se bloquee, se precipite, se endiose o se duerma en sus laureles. Encomendemos que nuestros líderes sean magnánimos, humildes y buenos comunicadores, es decir: ¡líderes virtuosos!

(*) Doctor en Comunicación Pública


Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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