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Domingo

El arte en la era del distanciamiento


Los artistas, como muchos otros gremios, han dado muestras de creatividad en esta cuarentena para seguir produciendo desde casa. Saben que, a futuro, la distancia física será la nueva norma para conectarse con el público.

Los bailarines debieron empujar sillones de la sala familiar para poder continuar con las rutinas. Otros improvisaron espacios en la terraza. Los cantantes, en cambio, no tienen mayores problemas si de ejercitar la voz se trata; los músicos no deben perder la destreza en sus manos, así como los estudiantes del pincel y la talla, practican el trazo diario, mientras que los de teatro estudian sus guiones y practican sus parlamentos frente al espejo.

La disciplina y la motivación son parte de la brújula que mueve a cada uno de ellos a estar conectados con el grupo, practicar la lección del día y compartir sus avances por medio de un video o clase vía zoom. Ha sido la mayoría, porque no todos han contado con las herramientas tecnológicas.

Los protocolos de distanciamiento mandan que durante un periodo incierto la dinámica de aprendizaje será así. Tocó adaptarse, al igual que los colegios, aunque en este caso, el reto principal para las escuelas de arte será no perder las habilidades de los alumnos, especialmente para los que estaban por culminar cursos este año.

El mundo no volverá a ser el mismo y la forma de conectarnos con el arte tampoco. Desde cinco disciplinas, algunos expertos comparten sus experiencias y visión de mediano plazo, en la era del distanciamiento social.

El mayor reto de practicar en casa es no perder la condición física.

Bailar en casa

Las escuelas de arte municipales de la capital, ubicadas en siete zonas distintas, más el centro principal, ubicado en el antiguo edificio de Correos, solían atender un promedio de 4 mil alumnos. De estos, alrededor del 70 por ciento continuó clases en línea. El resto no pudo integrarse a esta modalidad de enseñanza, expone Aída Bocock, directora de Educación y Cultura de la Municipalidad de Guatemala.

La tarea no ha sido fácil. “Para enseñar arte se requiere la presencia de alumno-maestro. Se pueden adaptar muchas cosas, pero demanda el contacto con el maestro para mostrar, corregir. Es difícil a través de una computadora”, explica.

Así que los 150 maestros-artistas de la escuela municipal debieron organizar sus contenidos a nuevos formatos para impartir alrededor de 1,200 clases semanales en diferentes plataformas y medios. Los alumnos han debido adaptarse a este reto.

Quizás una de las disciplinas más complejas para practicar a distancia sea la danza clásica. El objetivo principal durante el confinamiento es mantener la condición física y la fuerza. “En este momento se ha dado prioridad a los graduandos, para fortalecer su técnica y que salgan con una buena preparación”, explica Bocock.

Una muestra de ello es un video que integra a los alumnos, de todos los niveles de danza, quienes desde diferentes ambientes de la casa, interpretan Bohemian Rhapsody de Queen.

Libros digitales

Otra de las estrategias que trabaja actualmente la Dirección de Educación y Cultura Municipal es generar contenidos de aprendizaje artístico en plataformas digitales, acompañado de una guía docente. Esto servirá para distribuir en colegios e institutos que impartan clases en línea, para los alumnos en edades de 12 a 18 años.

Inés ama los libros. Será una de las vecinas de la ciudad que aprecie el proyecto literario municipal.

Para los vecinos de la ciudad, también se ha contemplado llevarles material educativo, sea en formato digital o impreso. Uno de estos proyectos es la serie de Cajas literarias, en donde la primera de estas contiene materiales como: un libro de un autor guatemalteco, un libro de colorear, el Popol Vuh, historias de Kaminal Juyú, la Revista Galería de G&T, un libro de cuentos Visitando el Centro Histórico con tío Yemo, entre otras variantes. “Es un esfuerzo para nutrir con arte a la sociedad”, expresa Bocock.

El hombre del saxo


Edwin Ramírez se dio a conocer cuando una noche de toque de queda salió a tocar el saxofón desde su ventana, en la zona 1 de la capital. El sonido cadencioso de la pieza Carinhoso en medio del silencio nocturno se volvió viral en las redes sociales.

Esta pieza brasilera, que interpretó en aquella ocasión, es una de sus favoritas. Pero la idea de salir al balcón fue más bien por un reto que se hicieron a manera de broma entre amigos.

Su formación musical viene del Conservatorio Nacional de Música, donde estudió clarinete durante ocho años. Explica que este es un instrumento sinfónico y de bandas. Y con poco espacio en una Orquesta Sinfónica, que solo incluye dos clarinetistas.

“Me di cuenta de esta realidad, entonces me invitaron a tocar el saxo en una marimba orquesta. Fue así como hace unos 40 años, me decidí por este instrumento, por sobrevivencia”, cuenta.

Las diferencias entre el clarinete y el saxo son amplias, explica. “Es como manejar un bus y un carrito pequeño, siendo este último un instrumento más sencillo”.

Edwin Ramírez toca el saxo y canta en el coro nacional.

Otro de sus talentos es el canto. Forma parte del Coro Nacional de Guatemala desde hace 30 años. Por eso recibe un estipendio por parte del Ministerio de Cultura y Deportes.

Otra de sus facetas es que integra con unos amigos un grupo de rock llamado “Generación 70”, con música del recuerdo en español e inglés. Recuerda con nostalgia los fines de semana con una agenda llena de actividades. Ahora algunos de sus compañeros están pasando dificultades económicas. En su caso, dice que se mantiene a flote con el salario que recibe como integrante del coro nacional.

Cuerdas conectadas

La artista Mónica Sarmientos se mueve en el mundo del teatro y de la música. Se mantiene ocupada con su trabajo en la Orquesta Sinfónica, imparte clases de música en lo privado, clases de música en la Universidad Rafael Landívar y en estos días sin obras teatrales, elabora pasteles para la venta.

“Lamenté la cancelación de la obra La epopeya de las Indias Orientales, fue una pérdida”, dice. De manera que no tiene idea de cómo se va a reinventar el teatro, pero fuimos los primeros en cerrar y los últimos en abrir”, expresa.

En cuanto a las clases de música que imparte a distancia, comenta que es incómodo si se carece de una buena conexión de Internet. “Cuesta escucharlos, deben repetir, pero se gana en cuanto a la comodidad de no estar en el tráfico”, dice.

Explica además que hay instrumentos musicales que se dificultan con la enseñanza a distancia, como el violín, especialmente para los principiantes. “Se necesita el contacto para tomarle la mano, ver la posición del arco, el vibrato, la afinación, la colocación de dedos, el arco, su posición en el cuello. Esa riqueza de clases personales se pierde”, explica Sarmientos.

Mónica Sarmientos en una clase en zoom con sus alumnos de la URL.

A pesar de la distancia, las llamadas por videoconferencia han motivado y alegrado a sus nueve alumnos de la URL y a ella también. El hecho de volverse a ver a través de una cámara y seguir interactuando es positivo.

Voces en sintonía lejana

El coro nacional del Ministerio de Cultura y Deportes compartió un video en el que unos 35 miembros, cantan desde su hogar la pieza más conocida de Paco Pérez: Luna de Xelajú.

Edwin Ramírez, miembro del coro, explica que esta ha sido una de las estrategias que les ha permitido darse a conocer durante esta cuarentena. Los ensayos continúan desde casa en forma individual. Pero a las 7 p. m. todos deben conectarse, en forma obligatoria, vía Zoom con el director quien da las indicaciones. “En ese momento, debemos dominar la partitura, considero que ahora se exige más”, dice.

Pinceles, barro y cincel

La enseñanza en casa, tanto en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP), la Escuela Superior de Arte de la Usac y las academias privadas imparten clases en forma virtual con el reto de que los alumnos tenga un espacio en casa para dibujar, pintar, esculpir, diseñar o fotografiar y la tecnología para conectarse en línea con el maestro.

Más allá de la enseñanza, las artes visuales también contemplan la visita a museos en forma virtual, como un contenido educativo y de interés general.

En las últimas semanas, el director del Museo Nacional de Arte Moderno Carlos Mérida, Rudy Cotton, ha producido contenidos digitales específicos para dar a conocer a los artistas que forman parte de la colección, recorridos virtuales de la muestra itinerante de la artista Margarita Azurdia; así como otros materiales en vivo para que las personas puedan visitar el museo desde su computadora.

Cotton comenta que su objetivo en este momento es velar por conservar la colección de arte y por el protocolo a seguir al momento de la reapertura, cuando se ponga en marcha el desconfinamiento, paralelo a un guion museográfico listo para esta apertura.

Sin embargo, sabe que los tiempos de inauguración de exposiciones, de charlas, cocteles y boquitas quedará en el pasado. El mercado del arte seguirá funcionando a puerta cerrada. Además, es probable que este confinamiento marque una nueva etapa donde los valores del arte moderno y contemporáneo sean replanteados. Crisis que den espacio a nuevas expresiones creativas.

Actuación desde cuatro paredes

El maestro Iván Martínez transmite un caudal de emociones desde casa.

El encierro visto desde los ojos de un mimo es una muestra de la calidad interpretativa del maestro Iván Martínez de la Escuela Nacional de Arte Dramático Carlos Figueroa Juárez. Expresiones que pasan del miedo, el desasosiego y la esperanza. Esto es parte del mensaje de los actores con el mensaje “No desesperes, pronto nos veremos. #QuédateEnCasa”.

Roberto Santandrea tiene 42 años de vida artística como actor teatral, productor y director de teatro, locutor profesional y técnico en dirección cinematográfica. Actualmente funge como subdirector de Radioteatro infantil Martha Bolaños de Prado que se transmite en radio TGW?. También es docente de la academia de radio, cine y televisión en dicha emisora.

En estos días de cuarentena pasa los momentos de soledad al lado de su perra Saila y con disciplinas como el dibujo, la guitarra y también la carpintería. La escuela de radioteatro donde trabaja ad honorem desde hace varias décadas, todavía no ha logrado que los 21 alumnos se conecten en forma virtual, pero faltan unos días para concretarlo. Considera que será el teatro el último arte que se integre a la normalidad, pero al mismo tiempo cuestiona la necesidad de entretenimiento del público. Visualiza que el futuro de las tablas irá en la línea de la comedia, pues la gente necesita reírse de sus problemas.

Un retorno estratégico

Los alumnos idearon espacios en casa para continuar sus creaciones.

El Ministerio de Cultura y Deportes explicó que a través de mesas técnicas de la Unidad de Riesgo, está trazando las hojas de ruta para una futura apertura de las distintas instituciones que conforman esta cartera, informó su vocero.

Por parte de la Escuela Municipal de Arte consideran dos variantes. Por un lado, si los padres van a querer enviar a los niños y jóvenes a clases. Por el otro, al regresar, se ha contemplado habilitar nuevos espacios del edificio para convertirlos en aulas y poder cumplir con el distanciamiento, en este caso, el auditórium o las galerías.

Bocock tiene la esperanza de que se pueda regresar pronto a clases. Al igual que Mónica Sarmientos, coincide en la necesidad de que maestros y alumnos se relacionen físicamente, puesto que la formación en arte a través de una pantalla tiene sus limitaciones.

“Debemos adaptarnos a la nueva realidad, microconciertos o pequeñas presentaciones artísticas donde el público pueda ver un montaje desde su casa o balcón”, sugiere Bocock.

Ramírez no es optimista en cuanto a que el público regrese en forma masiva a los escenarios. “Si antes era difícil que la gente fuera gratis al teatro, menos funcionará ahora”, afirma.

Mónica considera que la normalidad va para largo, quizás hasta el año entrante. El miedo del público de regresar a una sala de teatro, como aplicar el distanciamiento para los encargados será difícil y seguramente sin ganancias. “Cincuenta personas en la Gran Sala será como garbanzo en olla”, dice. “Solo pido que la gente recuerde que somos los artistas los que les hacemos pasar este encierro en forma amena, sin cobrarles un centavo. Al final, es una persona importante en la vida diaria”, reflexiona.

Confirma lo que escribió el guionista chileno José Ignacio (Chascas) Valenzuela en su muro: “Descubrí que puedo vivir sin restaurantes, aviones, tiendas o auto. Y confirmé que no puedo vivir sin música, libros y películas. La diferencia entre volverse loco y mantener la cordura la otorga el arte. Por eso, la cultura es un derecho humano de primera necesidad”.

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