[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

El viejo del costal


foto-articulo-Domingo

Vivía en España -y entre muchos- un hombre enfermo de tuberculosis; eso fue hace ciento diez años. Desesperado por su inminente muerte, buscó ayuda en la medicina tradicional, de oferta exigua en aquel lugar y no la halló. Finalmente, alguien le refirió a Francisco Letona Romero, a la sazón un barbero -y como se estilaba aún en 1910- también curandero; para no extrañarse, bueno recordar que la historia registra que, los primeros odontólogos empíricos y hasta cirujanos, fueron algunos barberos, quienes practicaron, desde los tratamientos de sanguijuelas, hasta castraciones.

El tuberculoso, de nombre Francisco Ortega, a cambio de la oferta “cierta” de su salud, pagó una jugosa suma de dinero, al curandero y éste -con mente fría de criminal- secuestró al niño Bernardo González, con la ayuda de un cómplice, llevándolo en un saco o costal, hasta una zona remota de Gádor, en Andalucía; lo asesinó, no sin antes extraer las vísceras y su sangre al menor indefenso. La cura para Ortega era ingerir ese “remedio” y librarse, así, de la tuberculosis que le llevaría a la tumba.

Desde entonces, surgió el mito del “hombre del saco” o, como lo conocimos en nuestro país… “el viejo del costal”. Sin más -sin saber la horrible historia, ni querer enterarse- todos, creo, hemos escuchado la amenaza de madres o abuelas: “si no haces caso, te va llevar el viejo del costal”; sentencia que evoca -pese a la ignorancia de los hechos- al cruel hombre de 75 años, sentenciado a morir por “el garrote vil”, una herramienta de ejecución vigente en España, hasta el relativamente cercano 1974 que consistía básicamente en un banco con una columna y un perno que rompía la columna vertebral del sentenciado… Letona, moriría en prisión, sin cumplir su pena, merecidamente ganada.

El viejo del costal es hoy, el sistema que rige y gobierna las directrices mundiales, dispone de vidas, libertades y bienes de millones de inocentes -hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos, iletrados e ilustrados- los atrae con voz de bondad, con sutil engaño de filántropo tecnológico (imposible no pensar en Bill Gates y compañía). Ya sometido al secuestrado -el mundo- cuyo miedo a lo que decía el viejo, lo hizo meterse -voluntariamente- al costal, ofrece una cura a costa de ese sacrificio, vende una esperanza con visos de “certeza” que es imposible creer… pero la mayoría cree, y eso es, porque las mayorías siempre estarán equivocadas. Le compran “la medicina”, al viejo; ceden su libertad y privacidad, renuncian a la formación de sus hijos y “endosan” tal responsabilidad a las decadentes redes sociales y los alienantes móviles que, difunden un engaño vestido de virtud y promueven la esclavitud, disfrazada de solidaridad. La estafa será mayúscula, inimaginable y aún más horrorosa que la trama real del “viejo del Costal”.

Algo pasa con ese ultimátum horrible que con simpleza se hace. Los niños no quieren saber del “viejo del costal” y hacen -la mayoría de las veces- caso a quien les amenaza. Así le ha pasado a la humanidad últimamente, nos han asustado y nos quedamos pávidos, sin percatarnos que: 1- El viejo del costal murió hace más de un siglo, 2- Que si viviera no tendría la capacidad para llevarnos a todos los que disentimos, con el “rebaño” manso. 3- Que somos capaces de cuestionar y discernir.

Hablando de la Tuberculosis, enfermedad que llevó a aquel incauto inescrupuloso, a buscar ayuda, en el peor lugar; ciento diez años después, de la fea historia, infecta cada año, a diez millones de personas… y nadie se despeina; es una pandemia, del mundo pobre, sin publicidad que, según “Stop TB Partnership” (que asocia a unas 1,500 organizaciones alrededor del mundo y planearon, para el año 2000 erradicar la enfermedad), dado el confinamiento obligatorio, en hogares pobres que es lo mismo que hacinamiento -derivado de las prevenciones contra el coronavirus- hará que muchas más personas se contagien de tuberculosis y eventualmente mueran. El confinamiento generará un gran impacto a largo plazo, refirió recientemente el epidemiólogo Nimalan Arinaminpathy del Imperial College London.

Note por favor: La era del “conocimiento”, fue desplazada por la del engaño y la sana costumbre de “cuestionar”, desde donde no solo nació la filosofía, sino todas las ciencias… se sustituyó por la infausta rutina del borreguismo, el sometimiento voluntario y trágico. La humanidad avanzó porque aprendimos cuestionándolo todo, ahora retrocedemos velozmente, porque tenemos miedo, al derecho básico de poner en tela de duda lo que nos “venden” como realidad.

Quiere usted mostrarse como un “sabio”, diga amén a todo… solo note bien, quienes son sus colegas “sabios”. Quiere usted ser descalificado, insultado y denigrado… exprese su opinión, cuestione el circo, exija sus derechos, defienda lo suyo. Será entonces -según la nueva escala de valores trastocada- “un imbécil”, pero al menos tendrá opción de hacer lo que debe y no lo que otros quieren. ¡Piénselo!

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia
Kanye West y Kim Kardashian viven separados, según medios… ¿Se divorciarán?
noticia Sputnik
Un restaurante ofrece platillos con cannabis a sus comensales en Tailandia

En el año 2017, Tailandia legalizó el cannabis para uso médico y desde entonces se han abierto numerosas clínicas de marihuana medicinal.

noticia Evelin Vásquez/elPeriódico
La actriz mexicana Yalitza Aparicio se reúne con mujeres guatemaltecas reconocidas


Más en esta sección

EE. UU. sigue de cerca acciones del Congreso

otras-noticias

Guatemala rompe su récord de corrupción

otras-noticias

Gobierno asegura que Presupuesto será de Q94.3 millardos

otras-noticias

Publicidad