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Domingo

Enójese, pero con la corrupción


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La agresividad va en aumento, en nuestra -frágil- sociedad. Las mascarillas, portadas aún dentro de automóviles con ventanas cerradas y una sola persona a bordo -ignoro el propósito- enfatizan miradas agrias, otras de confusión, miedo y algunas de odio. Peatones reciben insultos desde vehículos, por no portar mascarilla o, por atreverse a caminar son filmados desde apartamentos, llamándoles tontos y en las redes sociales, desde donde la psicología de masas es exacerbada. En estas se profieren todo tipo de insultos, desde “idiota”, hasta “maldito”, a quien sale de su casa. Es decir, los furibundos, mientras insultan y desean el mal al prójimo… acusan de “falta de empatía” a quienes deben salir a buscar el sustento -diario- y se mueven, en medio de sus penurias, para conseguir lo indispensable.

La única pandemia de la historia que contabiliza muertos -en tiempo real- genera pánico, alimenta el morbo y empobrece súbitamente… ha convencido malamente a -muchos- guatemaltecos, de dos cosas: 1- Antes de la llegada del coronavirus era “inmortal”, vivía en un país “seguro” exento de riesgos, ello pese a que se contabilizaban una decena de muertos diarios por la delincuencia, y fácilmente una veintena por falta de asistencia hospitalaria y enfermedades “comunes” (comunes claro en países bananeros). y 2- Para preservar la integridad, es toral viva enclaustrado, no -necesariamente- en su casa, los que no tengan -piensa este grupo- puede hacerlo en: su choza, su barranco, bajo “su” puente… o “mejor aún”, sería, quienes no tienen casa desaparezcan o mueran, si es de hambre “no importa”, pero de coronavirus, “está prohibido”. Es decir, la publicitada pandemia que mata apenas una fracción, si se compara con el hambre, la influenza, la diabetes o la violencia… saca a luz lo peor de la humanidad y revela -tristemente- la dureza de una caterva chapina que visualiza su burbuja, como el universo, y se identifica mucho más, con la tragedia del primer mundo que con la de su tierra, la cual ve… como ajena.

Un grupo amplio de guatemaltecos aparentemente “pensantes”, se niegan a razonar; no quieren enterarse de la forma de evitar el contagio y repiten el estribillo desesperado y desesperante “vamos a morir todos por culpa de la gente mula que no entiende…”, otros agregan la expresión que pensé extinta “¡El indio no entiende!”. El presidente, lidera, desde ayer esta paranoia, difundiendo -oficialmente- videos horrorosos, cuyo origen realmente se desconoce, a través de los cuales se ven apilados muertos, en bolsas negras, en calles, pasillos y salones; con este acto, “endosa” la responsabilidad de la mortandad a un pueblo pobre y confundido, acostumbrado al hambre y la miseria… ello es inmoral.

Se hace creer a la población que puede morir si sale de su casa y que quienes lo hacen -para buscar el pan diario- (recordar 60 por ciento de los guatemaltecos son pobres), se convierten en potenciales asesinos y habrá que exterminarlos; hasta se difundió -como heroica- la noticia del presidente de Filipinas, ofreciendo disparar en la cabeza a quien salga de su casa. ¿Eso quiere y celebra la humanidad, la extinción de los derechos humanos básicos? ¡Qué locura! Ojo, mucho ojo… los estados de “calamidad” “de excepción” o “de emergencia”, abren la puerta a las dictaduras más terribles y por ende extinguen desde la movilidad, hasta la libre expresión y cuando esta no exista, nuestros pensamientos estarán sujetos -como ya lucen los de muchos- a lo que quieran imponernos. El proceso de alienación masiva está teniendo éxito rotundo y reportará más víctimas que el aterrador virus.

“Nada es lo que parece”, es, en estos tiempos, una sentencia más vigente que nunca. Varios líderes y pensantes se aventuran a exigir que se “apoyen” todas las decisiones gubernamentales, es decir, claman por darle un cheque en blanco, tanto al Ejecutivo como al Legislativo. Note usted lo que hacen con ese cheque: 1- El gasto del Estado superará los Q90 millardos, eso quiere decir que el gobierno gastará Q247 millones diarios. 2- De esa suma, Q210 millones -diarios- tienen como destino funcionamiento: sueldos, burocracia, seguridad de los burócratas, empleo para sus amantes, inútiles “asesores” y amiguetes… así como innumerables plazas fantasmas. 3- Q400 millones del nuevo endeudamiento o déficit, propuesto por el Ejecutivo, irán a parar a las manos de las empresas de los diputados y otras personas “Políticamente Expuestas” que -al menos desde la letra muerta- debían inhibirse del botín, pero la “emergencia” hace posible se harten y lo hagan, a manos llenas. 4- Los sindicatos estatales que se multiplican como una peste y son liderados por tristemente célebres criminales y extorsionistas de la cosa pública, recibirán -aún si trabajar- aumentos de salario, ya aprobados también, en torno a la “emergencia”. Es decir, pese a la “calamidad”, lejos de proponerse austeridad o reorientarse el gasto a las ingentes necesidades de nutrición y salud, se defiende -y acepta- la falacia de que todas las plazas del Estado -incluidas las fantasmas- son “indispensables” ¿Qué tal? ¿Cómo es posible que aceptemos esto, desde el emprendimiento y empresarialidad privada?

En dos platos, “apoyar” al gobierno en la emergencia, de forma irreflexiva, implica respaldar el festín del erario y ser copartícipes de la inestabilidad económica que se viene, con motivo de provocar gasto excesivo… para funcionamiento y corrupción. Los quince centavos -por quetzal gastado por las entidades de gobierno- que se debieran dedicar a inversión (ya es marginal), tampoco llegarán ilesos a los más afectados, de manera tal que, el río revuelto -por el Coronavirus- será ganancia ilícita de los grupos que infaltablemente han vivido de la teta del Estado.

Muchos quieren creer, el gobierno salvará a empresas de la crisis, preservará empleo o llevará alimentos a sus hogares… pero esa esperanza insustentable, pasará y estallará el caos. Seremos entonces, los mismos ciudadanos que nos esforzamos todos los días, para producir y tributar, quienes deberemos afrontar las consecuencias de las insensateces y populismos, tan pródigos en esta época. Recuerdo mientras escribo estas líneas, la anécdota que contaba a menudo, Facundo Cabral: “Alguna vez un presidente de mi país, cuando le presenté a mi madre le dijo: Qué gusto de conocerla Sara, en qué puedo ayudarla. Y mi madre le contestó: Con que no me joda es suficiente. Por eso nunca esperé a que mi vida me la resuelva el Estado, porque me devuelve menos de lo que me ha quitado”. ¡Piénselo!

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