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Domingo

Honduras flagelada por la sequía


En Tegucigalpa, se raciona cada cinco días el servicio a 1.3 millones de habitantes.

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A bordo de una maltrecha lancha de tablas, los hermanos Gutiérrez pescaron 20 kilos de tilapia en las aguas lodosas de la laguna Jucutuma, convertida en un gran charco por la sequía que ha provocado en Honduras la pérdida de cultivos y que tiene a varias ciudades sin agua potable.

La laguna “se está quedando sequita”, lamenta Javier Gutiérrez, de 50 años, mientras lava con agua ennegrecida el fruto de su pesca.

En la faena lo acompañan sus hermanos menores, Iván (46) y Denis (28). Todos muy callados, como dolidos porque su patrimonio sucumbe.

Las lagunas de Jucutuma, de 400 ha, y Ticamaya, de 317 ha, son joyas de la naturaleza que se encuentran apenas 10 km al noreste de San Pedro Sula, cerca de la costa caribeña. Pero la sequía las tiene al borde de su  desaparición.

En condiciones normales, Jucutuma “es como cuando estamos en el mar: se levantan las olas”, dice Orlando Mezquin, de 60 años, avistando la laguna desde el frente su casa de zinc y cemento construida en la cima de una colina, a la orilla de Jucutuma.

Tanto Jucutuma como Ticamaya han quedado reducidos a charcos negros cubiertos por una alfombra flotante de maleza, en cuyos alrededores pastan vacas y caballos.

“El único que aprovecha es el ganado”, dice Héctor Mejía, de 39 años, un lugareño propietario de tres vacas que pastan a la orilla de Jucutuma. “Este verano ha sido cruel, como nunca”, asegura.

En los arbustos y pastizales posan bandas de garzas, patos y otras aves acuáticas, amenazadas con morir si las lagunas no se recuperan en las próximas semanas.

“Esto da tristeza”, lamenta Rosalio Zamora, un noventón que nació en San José del Boquerón, una aldea a la orilla de Jucutuma.

El presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, declaró emergencia el 5 de septiembre a causa de la sequía.

El jefe de Meteorología de la Comisión Permanente de Contingencia (Copeco), Francisco Argeñal, dijo a la AFP que la severa sequía agotó las fuentes de agua para consumo humano y provocó pérdidas de cosechas.

En la capital, el sistema estatal de aguas racionó cada cinco días el servicio a sus 1.3 millones de habitantes, luego de que las dos principales represas cayeron a niveles históricamente bajos.

Según el organismo gubernamental, la represa La Concepción, con capacidad para 36 millones de m3 de agua, está a 20 por ciento, y Los Laureles, de 10.5 millones de m3, a 35 por ciento.

El titular de la Dirección de Ciencia y Tecnología Agropecuaria (Dicta), Guillermo Cerritos, estimó que en las áreas donde se cultiva la mayor parte del maíz de Honduras se perdió 41 por ciento de la cosecha.

Agua y alimentos 

Los hondureños consumen cerca de 20 millones de quintales de maíz al año, la mitad es importada de Estados Unidos.

Cerritos lamentó que la sequía es tan grave que ha estado muriendo ganado por falta de agua en el oriental departamento de Olancho, donde pondrán a disposición de los ganaderos una máquina para perforar pozos.

El productor “podrá instalar sistemas de riego para irrigar pastos e instalar acueductos para que el ganado pueda consumir agua en calidad y cantidad requerida”, dijo.

Argeñal explicó que el cambio climático ha hecho que el fenómeno El Niño, causante de sequías, se produzca cada dos años, cuando en décadas anteriores afectaba cada siete años. El Niño desapareció el pasado 8 de agosto, pero la atmósfera sigue sin recuperarse de sus efectos, dijo.

Añadió que las sequías, cada vez más frecuentes y más severas, secan el manto freático, por lo que las aguas subterráneas están cada vez más profundas, haciendo más difícil que ríos, lagunas y embalses se llenen con las lluvias.

“En Centroamérica estamos en la zona más vulnerable a las sequías y los huracanes”, alertó el experto. “Con el calentamiento global también los huracanes se están volviendo más fuertes”, lamentó.

Indicó que para lo que resta del año se pronostican nueve tormentas tropicales, de las cuales seis se pueden convertir en huracanes que amenazan a Honduras.

Pronosticó que por mucho que llueva en los próximos dos meses del año, a partir del 7 de septiembre que es la fecha en que se vaticina iniciarán las lluvias, el agua siempre será insuficiente para el abastecimiento en la época seca de 2020, entre febrero y mayo.

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