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Domingo

“Los triunviratos han sido las garitas de paso en los momentos cruciales de la historia del país”: Roberto Ardón


Roberto Ardón incursiona en el estudio de las Juntas de Gobierno durante el siglo XX en Guatemala.

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Las láminas que ilustran la secuencia cronológica de cada uno de los presidentes y triunviratos que estuvieron al frente del Ejecutivo, llamaron la atención del entonces estudiante Roberto Ardón. A él le molestaba ver esas composiciones de tres y hasta cinco personajes en estas series de la librería Piedra Santa. Años después, una conversación fue el detonante para dar inicio a una acuciosa investigación sobre el rol que desempeñaron estas juntas de gobierno, que ahora narra en su más reciente libro: Triunviratos.

El autor toma como punto de partida la caída del presidente Jorge Ubico, en 1944, hasta nuestros días, donde se registran ocho triunviratos y ocho intentos. Fueron momentos controversiales y definitivos en la historia política nacional, marcados en tres sucesos definitivos: la Revolución del 44, el Movimiento Liberacionista diez años después, y el Golpe de Estado de 1982, que desembocó en la actual Constitución.

Ardón, director del CACIF desde hace 25 años, comenta parte de los hallazgos y conclusiones encontradas en estos periodos tan cortos y poco documentados; donde extrae lecciones importantes; tales como que el poder no es compartible, que esta es una figura anómala e inestable, lo cual queda demostrado en las recurrentes rivalidades entre sus integrantes; la posterior carrera política en solitario de varios de ellos; así como también rescata una serie de sucesos que habían quedado en el olvido. 

¿Cómo funciona el poder compartido?

– En toda Teoría del Estado se insiste en la unidad de mando política y militar. Por eso, el Ejecutivo, está dirigido por una persona, y el Ejército, por un Comandante en Jefe. Por ello es un sinsentido fragmentar esta unidad de mando. Y los triunviratos eso son, fenómenos donde se produce una fragmentación de mando. En consecuencia, está llamado a ser un fenómeno temporal.

Las circunstancias normalmente demandan un solo tomador de decisiones. La historia nos demuestra, con estos ejemplos que no es posible funcionar con esquemas tripartitos y en algunos casos hasta cinco personas. Por ejemplo, en Uruguay, hubo una experiencia de hasta nueve miembros a cargo del Ejecutivo. Pero en Guatemala, los mismos militares decían: no es posible que sigamos esperando instrucciones de tres, solamente se requiere que una persona decida, por jerarquía y orden.

En la antigua Roma, se dieron dos triunviratos, y ambos terminaron en peleas a muerte. En la Revolución Francesa, también. La historia ha probado consistentemente el riesgo que representa experimentar con el manejo del poder.

Es decir, ¿no había consenso común antes de dar instrucciones?

– No. Es más, algunas juntas de gobierno casi no se reunían. Fue el caso de Efraín Ríos Montt, Francisco Luis Gordillo y Horacio Maldonado Schaad, en donde fueron contadas las veces que funcionaron como un cuerpo colegiado. Quien mandaba era Ríos Montt, además de que encarnó la jefatura del movimiento del 23 de marzo de 1982. También hay que decirlo, tenía carisma. 

¿Por qué fracasan?

– Pronto empiezan las fricciones, los roces de personalidades, los cotos de poder y eso es lo que lleva al colapso por sí mismo del Triunvirato. Gobiernan, además, sin carta de navegación, lo que provoca que empiecen las luchas internas para ver quién de ellos asume el poder.

Aunque hubo experiencias para intentar organizarse mejor. Es curioso que la Junta Revolucionaria de 1944 (Francisco Javier Arana, Jorge Toriello, Jacobo Árbenz) no tenía jerarquías. Hubo una distribución de funciones que se respetaron y eso fue parte del éxito. Pero lo que contribuyó al resultado de esa junta fueron dos factores: uno, se pusieron una fecha de caducidad: entregar el poder el 15 marzo de 1945. No ha sucedido esto con las demás juntas.

¿Fue entonces esa Junta de Gobierno de 1944 la que mejor se integró?

– Sí, el segundo factor fue que ellos encarnaron el espíritu de la época. Es impresionante, al consultar los medios de la época, que había un consenso generalizado de la necesidad del cambio y los tres representaron ese sentir colectivo. No tuvieron presiones externas que les condicionaran el ejercicio del poder. Fue una experiencia no fallida. 

Sin embargo, hubo roces entre los militares Javier Arana y Jacobo Árbenz

– Sí, pero fueron posteriores. Los tres miembros de la Junta Revolucionaria asumieron puestos en el gobierno del doctor Juan José Arévalo. Pero ambos militares comenzaron a aglutinar detrás de sí, a facciones políticas y militares que pensaban en la posibilidad de llegar a la jefatura del próximo gobierno. Esta fricción de quién de los dos debía suceder, apareció muy temprano. Y se generó una corriente progresista o de izquierda, cercana a Árbenz; como de los grupos conservadores, también revolucionarios, que apoyaban a Javier Arana. Esto va creciendo y termina en el incidente del asesinato de Arana en el puente La Gloria, en Amatitlán en 1949. Hay muchas historias de esto. Se sabe que la intención era capturarlo y llevarlo al exilio para sacarlo de la carrera por el poder. 

¿Qué pasó con el primer triunvirato después de la caída de Jorge Ubico?

– Fue otro caso donde las fricciones fueron posteriores. Buenaventura Pineda, Eduardo Villagrán Ariza y Federico Ponce Vaides son escogidos casi por azar, y su periodo de gobierno fue de cuatro días, muy fugaz. Allí las fricciones empezaron a las pocas horas de desintegrarse el triunvirato. Cuando Ponce Vaides asume el poder, percibe que los otros compañeros eran una amenaza, relacionándose con militares y visitando cuarteles. Lo primero que hizo fue evitar su presencia en los cuarteles, prohibiéndoles el acceso a los mismos. Luego, les prohíbe acercarse a cualquier evento conmemorativo del 15 de septiembre. Esto indica que había una preocupación por parte del entonces mandatario de qué estaban haciendo los otros compañeros. Además, los mandó a espiar, según consta en informes de Inteligencia Militar a los que tuve acceso. 

Tras la caída de Árbenz, se dio una crisis muy seria ¿por qué hubo tantas juntas en ese periodo?

– Tuvimos cuatro gobiernos en menos de 48 horas. En 1954 hubo cuatro juntas de gobierno y dos intentos de conformar otras. Todo proceso de cambio político suele venir acompañado de grandes convulsiones, persecución, asesinatos, violencia y fuerza.

Mi tesis en este caso, es que las juntas fungieron como bisagras para producir cambio entre un régimen que caía y uno que llegaba de la manera más transicional posible. Pretendo probar que estas fueron una especie de colchón histórico entre el régimen de Árbenz y Castillo Armas. Fue menos intenso y dramático. Hubo persecución, asilados, exilios, pero hubiera sido peor si no hubiera habido modulaciones por estas juntas. 

¿Qué tipo de dificultades se dieron en la Junta de Gobierno de 1982? 

– Hubo fricciones importantes entre el general de brigada, Efraín Ríos Montt y el coronel Francisco Luis Gordillo. De los tres triunviros, quienes tenían más experiencia política eran Ríos Montt y Gordillo. El primero había participado como candidato presidencial en 1974 por la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG), y Gordillo había estado en los Estados Mayores de presidentes como Carlos Arana Osorio y Romeo Lucas García. La vocación política la tenían Ríos y Gordillo.

Se dice que hubo interés de posicionar la imagen del coronel Gordillo, lo que generó molestias, y al terminar el periodo el 9 de junio de 1982, el único triunviro que cuestionó la solicitud de renuncia fue él, que no quería aceptarla. 

Esta serie de triunviratos no se había estudiado antes, como fenómeno.

– Me parecía raro que no se hubiera estudiado esta figura porque están allí, son las garitas de paso de los momentos cruciales de la historia del país y ameritaban un análisis más profundo. En la primera y última parte me esfuerzo en darle un carácter académico, el contenido es narración histórica. Buscaba caracterizar esas juntas y extraer lecciones.

Sí hay textos sobre la Junta Revolucionaria de gobierno de 1944, aunque percibí que la mayoría de los libros están escritos en una deriva apologética, por escritores revolucionarios bajo un cariz en extremo positivo. Hubo cosas buenas e importantes, pero creo que uno hace un mejor favor a la historiografía presentando un balance.

Cuando en sus hallazgos habla de que hubo cegueras intencionadas de la sociedad, ¿cuál fue el rol de sociedad civil en estos triunviratos? 

– Muy poca. Dos cosas: primero, los partidos políticos de la época eran mucho más estructurados, vocales, más representativos y mejor organizados. Hoy hablamos más de sociedad civil que hace 30 años, pues ahora juegan un papel político dentro de ese vacío de liderazgos con estructuras partidarias.

Vale decir que los gremios profesionales, medios de comunicación y sector privado han sido actores relevantes en la discusión política. Su reacción frente a estos episodios, en algunos casos fue de cautela, de evitar que se produjeran grandes sobresaltos a la estabilidad política, y producir lo más rápido posible el regreso a la normalidad. Hubo una especie de ceguera selectiva, de no querer regresar sobre los episodios, sino básicamente hacer un pase de página. Por ejemplo, en la junta de generales que entrega el poder al general Ponce Vaides, nadie les pidió cuentas de esos cuatro días, sin embargo era un poder inconstitucional. 

¿Y el sector privado qué papel jugó en esos momentos políticos importantes? 

– Diría que poco, pues se manejaba más un concepto de élites, las cuales estaban entrelazadas en los ámbitos profesional, económico y político. Es difícil distinguir unos de otros. En 1944, el papel de Eugenio Silva Peña, Arenales Catalán y Jorge Toriello. Se ve recurrente de los años 1944 a 1954. Entonces, no existían los gremios organizados, eran más las élites. 

Pero buscaban tener incidencia en el gobierno.

– Sin duda. Jorge Toriello fue el hombre clave para dotarle al Gabinete de la Junta Revolucionaria un carácter plural. Si no hubiera estado, difícilmente se hubieran sumado personalidades y hubiera sido una junta militar. Él llama a profesionales, gente del mundo económico. Ese es el concepto de élite que se manejaba en esa época. 

Ud. comenta que, aunque los triunviratos son cosa del pasado, todavía persiste el fantasma de esta figura en momentos de crisis política. 

– Sí, creo que existe en la psiquis de los liderazgos sociales del país de qué personajes notables pueden ser llamados a salvar el país en momentos de crisis. Se considera que hacerlo de forma colectiva es más representativo, menos riesgoso y balanceado. Se piensa que puede ser una fórmula temporal, por eso se ha llegado a estas ocho juntas, lo cual es insensato. 

En uno de los capítulos abre con una frase del expresidente Alejandro Maldonado Aguirre que dice: “en el Tarot del poder solo salen los oros y las espadas”, ¿cómo la interpreta?

– Que eso es el poder, le da oros como espadas. Como puede tener fortuna en un momento, puede terminar perseguido y las espadas se clavan en su espalda. Es muy significativo. En asuntos de poder, son las dos caras de una misma moneda. 

¿Ha considerado incursionar en la política partidista?

– La política me ha acompañado siempre, incluso desde el mismo seno familiar. Pienso que la promoción y defensa de los valores en los que uno cree exige que ello pueda y deba hacerse en ciertos momentos desde el ámbito de lo político.

 

Roberto Ardón. “Triunviratos. La controversial historia de las Juntas de Gobierno desde la caída de Jorge Ubico hasta nuestros días”. Editorial GrafiaETC 2019.

> Roberto Ardón Quiñónez es abogado y notario con posgrado en Empresas y Derechos Humanos.
> Director Ejecutivo del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF) desde 1994.
> Columnista del diario digital República GT y fundador y columnista del grupo “Sociedad de Plumas” en la edición dominical de elPeriódico.
> Autor del libro Los debates políticos en Guatemala, publicado en 2015.

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