[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

Catalina Soberanis: “Ahora la mejor credencial es no ser político”


Catalina Soberanis fue la primera mujer en presidir el Congreso de la República. Antes había sido Ministra de Trabajo y Secretaria General adjunta del partido Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG). Sus credenciales la muestran como una pionera en abrir espacios de participación política para las mujeres, especialmente cuando estos se reservaban en un alto porcentaje casi solo para los hombres.


Abogada y docente, Soberanis es consultora desde 2013. En la actualidad coordina la Unidad de Análisis Estratégico del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). Su 1.50 aproximado de estatura contrasta con su experiencia en la política, oficio en el que, según dice, “el que se enoja pierde”. De ahí el sentido del humor que la caracteriza.  

En la siguiente charla, ella se refiere al momento que vive el país y toca temas tan diversos como la mayor participación de las mujeres en las próximas elecciones, sin dejar de lado el estancamiento en que se encuentra el sistema de partidos políticos.

Estas elecciones se caracterizan por contar con más mujeres participando en primer plano en la contienda electoral. ¿Qué ha ocurrido en los últimos años para visibilizar esta realidad?

– Creo que sí hay un cambio en la percepción de la ciudadanía sobre el rol de las mujeres en la política. Esta ha evolucionado positivamente, al menos en la opinión pública, aunque hay problemas más estructurales de discriminación de la mujer en el subconsciente colectivo que todavía pesan. Sin embargo, en opinión, ya no se cuestiona si una mujer puede o debe estar en un puesto de decisión en el ámbito nacional.

Ciertamente, sí hay cambio sociocultural en la percepción e imagen de la mujer en la política; además de un cambio generacional con relación a quienes nos tocó vivir etapas anteriores. Vemos cómo ahora entre los jóvenes se observa mayor presencia de mujeres con naturalidad, al igual que estudiando carreras que antes eran más usuales en hombres.

Sin embargo, pareciera que a pesar de que hay mayor participación, también son sujetas a más ataques y mayormente expuestas a la censura. ¿Cómo lo observa?

– Diría que es producto de esa mayor visibilidad, pero además se constituyen en “amenaza” para otras posiciones. En la medida en que encarnan proyectos políticos propios, muy diferentes entre las tres mujeres que puntean en las encuestas (Sandra Torres, Zury Ríos y Thelma Aldana), esa mayor visibilidad también les hace estar más expuestas a la crítica y ser blanco de esta. También es verdad que una mujer en un puesto público es vista con ojos más críticos, incluso en aspectos que no suelen criticarse en los hombres como su apariencia física y su vida privada o doméstica.

Estos ataques ocurren en su mayoría en las redes sociales

– El auge de las redes sociales ha intensificado mucho los ataques como forma de descalificar a los adversarios políticos. Pero resulta que la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) no tiene normas respecto a la descalificación o para regular la propaganda en contra, pero sí la tiene para regular a favor. Hay un vacío en la ley y sus reglamentos. Cuando se está en contra, ¿cómo se califica? Diría que es el costo de la diversificación de los medios y la tecnología de la comunicación. Es difícil controlarlo, sobre todo si se hace desde lo individual y con perfiles falsos. Es parte de los costos de participar en política. Exponerse no solo a la crítica de los medios tradicionales, sino a cualquier persona que lo descalifique.

¿Cómo vivió usted el ser pionera e incursionar en política en las décadas de 1980 y 1990?

– Las amigas que ahora participan no han tenido que enfrentar los mismos obstáculos que tuvimos a quienes nos tocó abrir brecha. Para entonces ninguna mujer había dirigido ningún organismo del Estado. Fui la primera, y en ese momento, mi condición de mujer sí se utilizó como un argumento. Ahora ya no es así.

¿Qué anécdota recuerda en ese entonces?

– En dos oportunidades, para asumir la presidencia del Congreso, uno de los argumentos que esgrimían para no apoyarme o impedir mi participación, era que por mi condición de mujer no iba a poder ejercer la autoridad para “controlar a tantos hombres”, o que no iba a tener la fortaleza ante situaciones críticas. De hecho, algunos compañeros diputados me lo dijeron expresamente.

Actualmente, ¿cómo se encuentra Guatemala en cuanto a la participación femenina en diputaciones, respecto a los países que tienen cuotas de poder obligatorias?

– El pasado 5 marzo, la Unión Interparlamentaria publicó un estudio sobre la participación de mujeres en parlamentos del mundo. En general, no ha superado el 25 por ciento. Es decir, por cada cuatro representantes solo una mujer es diputada o senadora. Pero en los últimos años ha habido avances. En Guatemala no habíamos llegado más del 14 por ciento. En esta última elección solo se tenía a 22 mujeres diputadas, pero al salir varios congresistas por enjuiciamiento u otros casos, esta cifra subió a 30, es decir, 19 por ciento, pero no fueron electas. Esto nos demuestra que a la mujer se le relega a los puestos secundarios en los listados de candidatos.

Esa escasa participación política de las mujeres ¿también se debe al desinterés?

– No lo dicen las estadísticas. En las elecciones pasadas conformaron el 54 por ciento del padrón electoral y su participación como votantes fue del 55 por ciento. Como candidatas, a los partidos les interesa tener mujeres como activistas, simpatizantes o militantes. Pero cuando llega el momento de postularlas como candidatas no les dan el mismo espacio. Es lo que llamamos “techo de cristal”. Ellas pueden repartir volantes, conseguir financiamiento, pero al momento de elaborar los listados: “compañera, si usted tiene dinero…”. Ahora, con la nueva Ley Electoral y al reducirse el techo de financiamiento y acceso a los medios de comunicación, puede ser que se creen mayores condiciones para que se sumen mujeres y participen. Pero todavía no hay datos verificables.

Considera que la mayor participación de las mujeres puede garantizar una visión diferente en el ejercicio del poder. Algunas han dejado una mala imagen de su gestión.

– No es automático que nuestra condición de mujer genere una diferencia. He sido parte de la iniciativa Mas mujeres, mejor política. Pero no necesariamente, por naturaleza, las mujeres vamos a ser mejores políticas, con más altas capacidades o valores morales. Más bien eso es perpetuar los estereotipos. Cuando decimos que la política es mejor con más mujeres es porque permite tener la visión de la mitad de la población, de cómo experimentamos los problemas, que no es en la misma forma que los varones.

Las cifras lo demuestran: violencia, femicidio, desigualdad laboral, acceso a educación, salud. Esa parte que las mujeres vivimos en lo cotidiano no lo puede tener alguien que no lo vive. Eso es lo que aportamos nosotras. El hecho de ser mayoría nos permite visibilizar esa realidad socialmente diferenciada que las mujeres tenemos.

Un segundo aspecto es que esos contenidos van a formar parte de las políticas públicas y leyes. Se demuestra en la serie de normas aprobadas para abordar esta problemática como: femicidio, maternidad temprana, violaciones de menores; o en propositivo: la ley de dignificación y promoción integral de la mujer, la política de desarrollo rural, han sido agendas postuladas como propuestas de políticas públicas por mujeres funcionarias en alianza con grupos de la sociedad civil. La política debe ser inclusiva, que en las normas constitucionales se atiende también desde la perspectiva de mujeres. Por último, por tratarse de justicia y equidad.

Qué piensa del debate sobre las cuotas de poder vs. los espacios ganados por méritos propios.

– Una cosa no excluye a la otra. Las acciones afirmativas garantizan un porcentaje de igualdad en los cargos públicos. Lo que garantiza la norma o acción afirmativa es que determinado porcentaje de mujeres accedan a estos cargos, pero no determina un perfil. Los partidos deben escoger a las y los mejores. Pero si a las mujeres se les exigen competencias y capacidades para los cargos, lo mismo debería ser para los hombres.  

¿Cómo se piensa abordar la violencia electoral?

– ONU Mujeres apoya al Tribunal Supremo Electoral (TSE) para desarrollar estrategias y prevenir ese tipo de violencia. A su vez, el TSE tiene un acuerdo con el Ministerio de Gobernación, para prevenirla, no necesariamente la cibernética, sino la física. Hay expectativa y también especulación. Pero sí se puede hacer campañas en medios de comunicación para propiciar el respeto que todas las personas tienen de sumarse a un cargo público.

Después de 40 años de ser parte de la política nacional, ¿cuál es su diagnóstico? ¿Cuáles han sido los avances y retrocesos principales?

– Considero que se ha debilitado el sistema de partidos políticos. Un elemento fundamental en la democracia es la existencia de un sistema de partido sólido, que plantee diferentes opciones a la ciudadanía. En tal sentido, se ha dado un debilitamiento de estos partidos, a partir de la reforma constitucional de 1993. Esto debido a que se empezó a preconizar una cultura de participación ciudadana apartidista. Uno de estos casos fue la conformación de las Comisiones de Postulación donde la condición expresa es no ser político. En tal sentido, se estigmatizó la política partidista. De manera que el mensaje que se ha venido dando, al menos en los últimos 25 años, es que actuar en política automáticamente descalifica a las personas para muchas otras cosas, lo único es para ir al Estado para cargos de elección popular.

Estigmatizar la política ha provocado que la sociedad no valore la política partidista. Vemos cómo el Congreso de la República y los partidos políticos son los actores sociales más rechazados por la ciudadanía. En consecuencia esto ha traído la despolitización de la política, un contrasentido y la falta de ideología de los partidos. Esta corriente cultural no ha beneficiado al país, puesto que ahora la mejor credencial es no ser político. Entonces, se necesita revalorizar, que los propios partidos asuman su papel de intermediarios de los intereses de la ciudadanía hacia el Estado.

El desgaste de los partidos políticos tiene su génesis en que la mayoría se corrompieron al llegar poder. Es así como los mismos políticos terminan haciendo daño a la construcción del país.

– Efectivamente, la corrupción de muchas personas en las instituciones públicas ha contribuido en gran medida al desprestigio de los partidos políticos y de la política, pero el problema es la generalización, es decir la descalificación de la política en sí misma. Toda sociedad necesita que las autoridades tomen decisiones en beneficio del bien común. Pero al descalificar de una manera absoluta se potencia la desconfianza en las instituciones y se provoca que muchas personas que pudiesen tener la intención de postularse o acceder a cargos públicos con el interés de aportar al país tengan el temor de hacerlo por el desprestigio que les acarrearía.

Por otro lado, con el antecedente de financiamiento de campañas políticas en los últimos años, es natural que la sociedad estigmatice la política partidista y a los políticos.

– Precisamente, la revelación de varios casos de financiamiento electoral ilícito demuestra que actores ajenos a los partidos los penetraron o lograron cooptarlos por ese medio. Por eso se hace énfasis en que los partidos deben volver a basarse en el aporte voluntario de sus propios miembros, en el acercamiento a la ciudadanía y en la representación de sus intereses.

¿Cómo evitar la proliferación de tantos partidos políticos?

– Alguien comentó que no hay 26 ideologías diferentes, lo que hay son matices, incluso ahora los partidos hacen gala de que no tienen ideología, o están por encima de esta. Más bien lo que significa es no tener proyecto político, carecen de ideas o valores a los cuales se adscribe este proyecto y no informan sobre los intereses sociales a los cuales representa. Es por eso que, en general, la sociedad civil organizada ha sustituido a los partidos políticos. En ese seno, se da el verdadero debate político.

Hay excepciones. Algunos partidos deben visibilizar qué ideología está detrás de ellos, luego fortalecerse y consolidarse con sus seguidores para trasladar esta visión a la gente. Por un lado desde la cultura general, por otro, se debe revalorizar la política, pero también que estos partidos funcionen como canales de comunicación para recuperar el civismo a través de la educación, y así recuperar el sentido de servicio al país.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia
Fallece la viuda de Céline
noticia
Médicos notables del siglo XX
noticia
Día mundial de la libertad de prensa


Más en esta sección

5 minutos

otras-noticias

La portada del día

otras-noticias

Red Medrano conserva propiedad de 24 bienes

otras-noticias

Publicidad