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Domingo

La república y la democracia en la Época de la Posverdad Digital


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Las repúblicas democráticas que valoran las libertades políticas necesitan de una ciudadanía responsable, bien informada, capaz de tomar buenas decisiones. Necesitan de ciudadanos con la posibilidad de ejercer juicio crítico y crear consensos.

Pero en la actualidad la estructura de las redes sociales está erosionando esa posibilidad. La forma e intensidad en que consumimos información en estas redes facilita la “distorsión deliberada de la realidad para manipular creencias y emociones, con el fin de influir en la opinión pública”, la posverdad, como lo define la RAE. Nunca antes se había abierto la posibilidad de manipular tanto la opinión pública, desinformar, mentir sin consecuencias y explotar políticamente las divisiones sociales como en este momento de la historia.

La distorsión es posible por el refinamiento de las principales plataformas digitales para explotar nuestras debilidades cognitivas y por nuestra propensión (adicción a veces) al consumo constante.

Las posibilidades para hacer efectiva la propaganda política es el primer peligro, hoy en día las redes sociales son el sueño de propagandistas de la Guerra Fría. El informe “The Russian Firehose of Falsehood Propaganda Model” de la Corporación RAND muestra la efectividad de la propaganda del gobierno ruso en su política nacional e internacional, utilizando las redes sociales como principal herramienta.

Cuatro características hacen efectiva la propaganda rusa hoy en día. (1) Alto volumen: varios canales, medios y cuentas (anónimas) bombardeando diferentes “hechos” del mismo suceso; (2) Rapidez, continuidad y repetición: el principio básico propagandístico de repetir hasta que sea cierto, las redes lo han vuelto mucho más fácil; (3) falta de compromiso con la realidad objetiva: lo que importa es lograr una reacción, si se necesita mentir a medias o maquillar/editar la presentación no importa, igual el tiempo de atención es corto y el interés limitado; y (4) falta de compromiso con la consistencia: siempre se puede cambiar la narrativa si se mantiene la intensidad, se olvida rápidamente la vieja.

Pero la propaganda no sería efectiva sin nosotros; nos engañan, engañamos y nos dejamos engañar. Nos gusta interactuar con contenido “familiar” y cercano a nuestras propias opiniones, censuramos lo contrario y los algoritmos de las redes nos lo hacen más fácil. El mismo informe de RAND indica que esta es de las principales razones por lo cual es tan fácil para un medio o un político el no comprometerse con la realidad objetiva, solo se debe decir lo que el público objetivo quiere oír o repetir lo que cree.

Y es que no solo es de compartir opiniones similares, tendemos a compartir mensajes cargados de emoción y división. El paper cualitativo “Emotion shapes the diffusion of moralized content in social networks” publicado en el PNAS analizó una muestra de 563,312 tweets de tres temas controversiales para llegar a la conclusión de que se puede predecir si un mensaje se hará viral tan solo al analizar su carga emocional. Cuando imprimimos emociones morales (emociones asociadas a normas societales; indignación, enojo, tristeza, felicidad) a nuestros mensajes políticos aumentamos su capacidad de ser compartidos por personas que “piensan igual que nosotros”, un efecto de “contagio”. La presencia de una de estas emociones significaba un aumento del 20 por ciento en su factor de difusión. Cabe resaltar que el enojo es una de las emociones más usadas y efectivas. “Me indigna”, “me enoja”, “no aguanto” acompañado del debido sarcasmo y un buen #.

A su vez esto tiene una grave consecuencia que merece su propia reflexión: el tribalismo, la preocupante tendencia de agruparnos en pequeños y desconfiados grupos políticos, como señala Francis Fukuyama en su artículo “Against Identity Politics”. Las redes sociales “exacerban” la polarización señala el paper de PNAS, estas “cámaras de eco” dificultan crear consensos.

Los efectos políticos son preocupantes. Ya vemos polarización y radicalización en las votaciones, la interacción digital está condicionando la interacción real. Las redes sociales son los nuevos espacios políticos vivos en donde podemos ser anónimos, se tiende a ser hostil, se habla con personas parecidas, no existe el lenguaje corporal y al cual accedemos cada vez que miramos el celular.

Las reglas no están cambiando a favor de las repúblicas democráticas. Hoy en día el “mentir” públicamente es una declaración de poder  -que no me importan los hechos como lo describe Masha Grissen-; el “creer” es una demostración de lealtad a la tribu y las “noticias falsas” todo lo que no quiero creer.

Si muere la posibilidad del pensamiento crítico muere la ciudadanía y nuestra defensa del autoritarismo. El primer paso para ser un ciudadano responsable de la Época de la Posverdad Digital es estar conscientes de que nos manipulan, manipulamos y nos dejamos manipular. Más si hay elecciones cercanas.


Sociedad de Plumas es una red de colaboradores comprometidos con promover en las páginas editoriales el balance, el contraste y la propuesta constructiva.

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