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Domingo

Centroamérica, la mezcla mortal: violencias y empleos precarios


¿De qué huyen los miles de migrantes centroamericanos que van hacia Estados Unidos?

Tres sociedades adentro de cada país. Para dar respuesta a esta interrogante ensayaremos un modelo con el que dividiremos a El Salvador, Guatemala y Honduras, en tres tipos de sociedades.

1) En la primera parte de nuestro tríptico vemos a las sociedades más pobres. De aquí no salen migrantes, porque para emprender el viaje se requiere de un mínimo de ahorro para hacer frente a los costos que un viaje de este tipo implica;

2) En el otro extremo de nuestro tríptico tenemos a las sociedades de ingresos altos. De aquí tampoco salen migrantes, porque no lo necesitan; y, si acaso llegan a migrar lo hacen en condiciones de una inserción laboral privilegiada, lo que aquí, en estas notas, no nos interesa analizar;

3) En el centro de ese tríptico tenemos a quienes se hallan en el medio de las otras dos sociedades. Quienes aquí sobreviven se enfrentan al aguijoneo constante de una forma muy particular de violencia: la violencia de las maras; y, tienen una inserción en los mercados de trabajo bajo formas de empleo extremadamente precarias. Es en este grupo en el que –a continuación– concentraremos nuestro análisis.

***

La violencia de las maras: una violencia muy particular. Las cifras dan cuenta de los muertos: los números, la intensidad, etiquetas: “la región más violenta del mundo”. Son aproximaciones cuantitativas a un fenómeno que en lo profundo está arruinando vidas, moldeando comportamientos y culturas políticas, y destruyendo sociedades locales.

Las tasas anuales de homicidios por cada 100 mil habitantes reflejan números altos para El Salvador, que cerrará 2018 con una tasa menor a los 60.2 que alcanzó en 2017. Será el tercer año consecutivo de la tasa de homicidios disminuye. Se viene del 103 con el que se cerró 2015 (2016 se cerró en 81.7). Con el dato de 2018 se estaría regresando a los niveles de violencia que se registraban en 2008 (52).

En Guatemala se mantiene el ciclo de reducción de la tasa de homicidios que empezó en 2010. Se cree que este año (2018) podría cerrar hacia los 23 homicidios (por 100 mil habitantes), el dato más bajo desde 1995. Veníamos de un pico de 45 (homicidios por 100 mil habitantes) registrados en 2009, el año más violento.

En Honduras también continúa un ciclo de reducción de la violencia. Este año podría cerrarse en una cifra de 40 (homicidios por cada 100 mil habitantes). Con ello, al igual que en Guatemala, se estaría frente al año de menos homicidios desde 1999.1   

Aun así, en promedio, la tasa de homicidios de El Salvador, Guatemala y Honduras es de 40 homicidios por cada 100 mil habitantes, un dato extremadamente alto, que, en América Latina únicamente alcanza a ser superado por Venezuela y Jamaica.

Pero las cifras a escala nacional sirven para describir tendencias para la región y el país. Lo concreto ocurre en las ciudades. Y allí, aunque también se observan tendencias hacia la reducción de homicidios, los datos no han dejado de ser alarmantes. Las tasas de homicidios (por 100 mil habitantes) son los siguientes: 59 en San Salvador; 54 en Ciudad de Guatemala; 51 en San Pedro Sula; y, 48 en Tegucigalpa.

Pero más allá de las cifras, la violencia que se halla en estas sociedades centroamericanas es de un tipo especialmente mortífero porque destruye los espacios urbanos. No es un robo, un asesinato, una violación, de forma aislada, sino la implantación del miedo en los territorios: una presencia permanente, el control de territorios por parte de estas organizaciones criminales que reparten sus ganancias de manera horizontal. De allí la debilidad y fortaleza de estas organizaciones. No son como las típicas organizaciones del crimen organizado, sino que constituyen redes más densas con una profunda implantación socio-territorial.  

***

Centroamérica, la república de los empleos precarios. Centroamérica es hoy en día la república de los empleos precarios. En ello se combinan una serie de realidades que veremos a continuación:

1) bajos salarios: en promedio, la mitad de los hombres y mujeres de El Salvador, Guatemala y Honduras, ocupados, recibe menos del salario mínimo;

2) sin contrato: en promedio, para los tres países, la mitad de los trabajadores no cuentan con un contrato de trabajo;

3) sin seguridad social: en promedio, para los tres países, apenas un 20 por ciento de los ocupados cotizan a la seguridad social, este dato es particularmente alarmante porque ocho de cada diez trabajadores prácticamente se está quedando fuera de los beneficios sociales en los próximos 30 años; más aún cuando se trata de las mujeres, quienes, en algún momento de sus vidas, requerirán atención médica por lo menos para el cuidado del embarazo; y,

4) sin pensión para el retiro: en promedio, para los tres países, menos del diez por ciento de las personas en edad de retiro cuentan con una pensión.2  

Estas condiciones de empleo precario no son producidas por la violencia incontrolable, sino por la interacción entre un Estado que no ha sabido imponerse, que ha decidido declinar en el ejercicio de su función rectora de la economía de estos países; y, unas elites económicas voraces, que anteponen sus beneficios a eso que ellos mismos llaman responsabilidad social empresarial.

Así, los motores de las economías de El Salvador, Guatemala y Honduras pueden seguir con el espejismo del crecimiento económico. Entre 2016 y 2018 las economías de Centroamérica y República Dominicana crecieron a un promedio anual del 4.4 por ciento. Pero mientras no se atienda esta combinación mortal de factores, más y más gente se unirá a estas caravanas que ahora son noticia pero que pronto dejarán de serlo, porque se habrán hecho parte del paisaje de estos países. (Continuará).


1.- Sobre estos datos y las proyecciones para 2018, ver: Carlos Mendoza: ‘Violencia homicida en Centroamérica’ (ponencia presentada en el Coloquio Centroamérica y México en la Encrucijada Hoy, organizado por CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, y, El Colegio de México, 2018).
2.- Humberto Soto y Ramón Padilla (coordinadores), ‘El mercado laboral en la subregión de Centroamérica y la República Dominicana: realidades y retos de la inserción laboral desde una perspectiva de género’ (México: CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2017).

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