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Domingo

Garínagu: un pueblo migrante que lucha por preservar sus raíces


El 26 de noviembre se celebra el Día Nacional del Pueblo Garífuna. Una comunidad, cuyos constantes desplazamientos reducen su población local y pone en peligro la continuidad de su cultura.

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La costa atlántica de América Central ha sido el lugar común de una nación autodenominada como tal por los garínagu, asentados hacia fines del siglo XVIII en los territorios de Belice, Guatemala, Honduras y parte de Nicaragua, tras ser deportados de la isla de San Vicente, en las Antillas Menores.

Identificados en un principio como caribes o morenos, después de más de dos siglos, los garínagu –plural de garífuna– se han constituido en un grupo étnico con elementos culturales propios y distintivos tales como el idioma, la gastronomía, la música y una espiritualidad particular, producto del mestizaje entre indios caribes y arawakos con africanos. Este conjunto de valores únicos les permitió ser proclamados en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad; y ser inscritos en 2008 en la lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Este 26 de noviembre se conmemora el Día Nacional del Pueblo Garífuna (Decreto 83-96), ocasión donde sus pobladores acostumbran a celebrar el rito del Yurumein (la patria anhelada, San Vicente) donde se recrea el arribo de sus ancestros a tierras centroamericanas. Una oportunidad también para reflexionar sobre sus propios derroteros como grupo cultural y como nación, en donde el desplazamiento y la movilidad parecieran ser una constante a lo largo de la historia. Actualmente, la mayor parte de su población, más de 200 mil habitantes (se carece de cifras), reside en Nueva York, Estados Unidos. Muchos otros han migrado hacia la ciudad de Guatemala en busca de mejores oportunidades, lo que hace más complejo preservar sus tradiciones.

Ritual a los ancestros

Livingston, Izabal, es el corazón de la fiesta garífuna en Guatemala. Con el despuntar del sol, rememoran la llegada de sus ancestros desembarcando en canoas, ondean su bandera con los colores amarillo, blanco y negro; entonan himnos propios al ritmo de tambores, tortugas y chinchines, llevan palmas. Conforme avanzan por la calle principal del municipio, algunos bailan punta, un ritmo tradicional. El día transcurre entre celebraciones religiosas, culturales y deportivas aderezadas con platillos distintivos que incluyen el cazabe, coco, plátanos y mariscos.

Para los garínagu, Marcos Sánchez Díaz es un héroe y su espíritu protector.

 

Bugawaguwadiwa Yurumein giñe, waluwahwinañanu garinagu waladei, que significa: “hemos sido expulsados de San Vicente, vamos de costa en costa buscando a nuestros hermanos”, reza la primera frase de su himno, refiere el antropólogo Alfonso Arrivillaga-Cortés en el documento Nación garífuna. Arrivillaga ha dedicado tres décadas de su carrera al estudio de este grupo y fue el primero en identificarlos como “garífunas” en la literatura científica. “Como ellos se nombraban”, afirma.

Un acto diferente este año será el hermanamiento entre la Municipalidad de Durcos, Martinica, con la Municipalidad de Livingston, informó la recién nombrada responsable de la Comisión contra la Discriminación y el Racismo (Codisra), Olivia Nineth Núñez. En la capital, Carlos Nolberto Caballeros prepara la presentación de su grupo de jóvenes Halágate garínagu, quienes tendrán una presentación artística el 17 de noviembre.

Un personaje clave que también se conmemora en estas fechas es su líder y fundador, Marcos Sánchez Díaz, quien arribó a la Costa Atlántica guatemalteca después de 1821, y no en los albores del siglo XIX, como suele afirmarse, según las investigaciones de Arrivillaga.

En sus inicios, el territorio fue llamado Labuga que en lengua garífuna significa La Boca. Así llamaban a las desembocaduras de los ríos.  

Para la mayoría de guatemaltecos, Sánchez Díaz es un personaje desconocido, pero para los garínagu es más que un héroe. Es un espíritu protector que ocupa un lugar privilegiado en su memoria e identidad.  

Amerindios

En 2015,  Naciones Unidas proclamó el Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024), grupo que se identifica a sí mismo como descendientes de africanos que viven en América y representan a cerca de 200 millones de personas.  

Pero algunos garínagu no se sintieron identificados con este reconocimiento. “Nos costó mucho llegar a ser garífunas para convertirnos en afrodescendientes”, es una cita recogida por Arrivillaga, que explica que muchos de ellos expresaron su duda ante la proclama de la ONU.

De acuerdo con el antropólogo, “ellos son amerindios, no afrodescendientes”. Su color proviene de una deriva genética negra, pero culturalmente son un pueblo indígena. Explica que en realidad, la identidad calinago o calíponan de San Vicente, (fusión entre caribes y arawakos), existía antes de que los negros llegaran a América. Esta identidad logró permanencia y se renovó a partir de la llegada de los contingentes africanos a las Antillas Menores. Y fueron los migrantes los que adoptaron la cultura propia del lugar.

De esta cultura resalta tres elementos que los marcan notoriamente. Primero, el idioma, que viene de la familia lingüística caribe-arawak, que proviene de los pueblos kalinas, en la desembocadura del Orinoco.

El segundo elemento es la yuca. “Si los mayas son al maíz, los incas, a la papa, los garínagu son a la yuca”, compara. Este tubérculo forma parte esencial de la dieta diaria, que también ha implementado toda una batería de instrumentos de cocina para transformarlo.    

Un tercer elemento es la concepción múltiple de las almas, la cual se modifica en la vida y en la muerte. Un estado es cuando se duerme y el alma puede salir a pasear, y no regresar. Y otro estado es la muerte, cuando el alma abandona al cuerpo y no regresa.  

David de Gandarias, etnomusicólogo que ha realizado estudios sobre la música garífuna, indica que esta expresión artística tiene características particulares. Parte de raíces africanas y se manifiesta en dos vertientes: en lo orgánico instrumental por medio de tambores, caparazones de tortuga, conchas y caracoles, “pero lo más importante es el canto, la palabra, es único”, afirma.   

Refiere que esta es una expresión cultural muy alejada de las influencias occidentales. Nace en las propias casas o templos, y tiene la particularidad de que es el bailarín quien dirige al músico. “La danza es protagonista”, dice.

Invisibilizados

Erick Hernández, excomisionado de Codisra, considera que conmemorar el Día Nacional Garífuna no significa más que materializar el repudio que siente este pueblo hacia el Estado. “Como garífunas nos sentimos invisibilizados en los planes y programas de gobierno”, afirma.

Hernández considera que los espacios de participación política son muy limitados, los cuales se reducen a dos instituciones: Codisra y el Fondo de Desarrollo Indígena Guatemalteco (Fodigua), donde solo son tomados en cuenta por mandato institucional.

Esta falta de planes y políticas han sido parte de las razones por las que en la última década la mayoría de sus miembros se han visto obligados a emigrar del país, no solo fuera de nuestras fronteras sino hacia la capital, lo que ha provocado la reducción de su población en su natal Livingston.

Para el exfuncionario, esta ola migratoria provoca además una fuerte pérdida de los elementos culturales garínagu, en donde el idioma, la vestimenta y las costumbres se van diluyendo por la adaptación de nuevos patrones culturales.

Por su parte, Arrivillaga confirma como estas migraciones recientes han llevado a cambios en la ocupación del territorio en Livingston donde cada vez tienen mayor presencia los grupos q’eqchi’s. En principio se trata de una convivencia territorial, pero ahora en su cabecera hay mayor predominancia de q’eqchi’s. “Me preocupa su territorio, conozco algunos garífunas que están comprando de nuevo su tierra”, afirma el antropólogo.

Carlos Nolberto no considera esta situación una amenaza como tal, pero efectivamente reconoce que la tierra en este municipio no está en manos de los pueblos originarios. Concuerda sobre la falta de políticas de desarrollo para su grupo, con el objetivo de preservar una cultura viva, que a la vez atraviesa una realidad migratoria irreversible.   

Una historia de desplazamiento y mestizaje

El mestizaje cultural entre esclavos africanos y pobladores nativos de la isla de San Vicente, en el mar Caribe, es el comienzo de la historia de los garínagu. Esto se remonta al incidente sucedido en 1635 cuando dos barcos que llevaban esclavos hacia las Indias Occidentales naufragaron cerca de la isla. Los sobrevivientes logran nadar hacia tierra firme y son acogidos por los indios caribes y arawacos, con quienes se fusionan.

La lucha por el control de este territorio entre ingleses, franceses y caribes acabó con la expulsión de estos últimos. Fue una evacuación numerosa, documentada por la antropóloga Nancie L. González (1983), consistente en 4 mil 480 personas. Después de un viaje de más de siete meses y una pequeña escala en Jamaica, desembarcaron en la isla de Roatán el 12 de abril de 1797. Arribó una población diezmada de 2 mil 26 sobrevivientes.

Poco después se desplazan hacia el puerto de Trujillo, Honduras y posteriormente, se expanden por las costas centroamericanas, de acuerdo con una nota aparecida en la Gazeta de Guatemala, que recogen las investigaciones de Arrivillaga.   

Actualmente las población más numerosa de garínagu reside en Nueva York, Estados Unidos. En la región, la mayoría se encuentra en Honduras, con cerca del nueve por ciento de la población, le sigue Belice con un siete por ciento de la población. En Guatemala, según el censo de 2002 se identificaron 5 mil 40 garínagu, y en Nicaragua, según el censo de 2005, identificó una población de 3 mil 271 habitantes, distribuidos en siete comunidades, según el portal Territorio Indígena y Gobernanza de dicho país.

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