[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

20 de octubre


“Convertir a Guatemala de país atrasado y de economía predominantemente semifeudal en un país moderno y capitalista; y hacer que esta transformación se lleve a cabo en forma que traiga consigo la mayor elevación posible del nivel de vida de las grandes masas del pueblo”.
Jacobo Árbenz Guzmán (del discurso de toma de posesión)

 

Cada año nos va alejando de esa fecha histórica sin que se concreten plenamente las ya inaplazables reformas en Guatemala. Al contrario, las iniciativas de luchar contra la corrupción se combaten desde el mismo Estado, Ejecutivo y Legislativo incluidos, con apoyo de la oligarquía. De nuevo ahora hay que señalar la gran derrota guatemalteca en junio de 1954 cuando los Estados Unidos en alianza con los sectores más conservadores del país abortaron un histórico proyecto de modernización. Se trataba de sacar al país del estado semifeudal y oligárquico para enrumbarlo a un capitalismo independiente.

La contrarrevolución oligárquica del 54 no merecería mayor atención si no fuera por los daños que hizo, aún irreparables, y el negativo impacto que causó al desarrollo social, moral y económico del país. Con la excusa del comunismo aplastaron las conquistas sociales y anularon las leyes agrarias que hubieran evitado el conflicto interno que se iniciaría a comienzos de los sesenta. También sembraron la generalizada actitud de desconfianza y baja autoestima nacional, derivadas del terror y la impunidad. Además, propiciaron la entrega de los recursos naturales del país a los intereses extranjeros y consolidaron un Estado corporativo en alianza con militares y burócratas con el fin expreso de enriquecerse, es decir fundaron el Estado corrupto que aún predomina.

La oligarquía sigue siendo en el fondo la misma. Sus descendientes biológicos e ideológicos continúan la dominación del país, impidiendo la democracia real al sostener un sistema corrupto que produce desigualdad sobre la base de la impunidad. No es capitalismo lo que tenemos, es un oligopolio. No hay burguesía sino una oligarquía corrupta.

El antagonismo ideológico se intensificó a mediados del siglo pasado con la ola de cambios. La polarización en Guatemala se fue patentizando y convirtiendo en un enfrentamiento nacional, producido por la reacción exacerbada de las derechas ultraconservadoras, las cuales partían de una fervorosa e imaginaria visión de la implantación del comunismo en Guatemala. Los anticomunistas guatemaltecos en alianza con La CIA y la Casa Blanca creían luchar contra la fundación de los primeros soviets en América.

El contexto de la Guerra Fría fue el marco negativo y decisivo para la invasión de mercenarios, apoyados con aviones de guerra piloteados por norteamericanos que bombardearon el país. El “glorioso” ejército no combatió, la soberanía se entregó ante las amenazas de Washington y fue así como 400 mercenarios “liberacionistas” tomaron la capital sin resistencia y con la bendición de las altas autoridades de la iglesia católica. Los “liberacionistas” declararon al Señor de Esquipulas como máximo comandante de la “liberación”. Llamaron comunistas a las reformas de Árbenz, persiguieron a los intelectuales y mantuvieron las estructuras del atraso que todavía imperan y que han producido un país de pobres y de migrantes en el marco de un Estado corrupto y una sociedad excluyente. Desde 1954 el ejército ha sido la gran máquina de corrupción dentro del Estado.

Está científicamente comprobado que se trató de una intervención. Designios de una gran potencia extranjera con la colaboración de oligarcas locales. El expresidente Clinton fue el primero de los mandatarios de los Estados Unidos en reconocer el gran error. Luego vino la desclasificación de documentos de la CIA. Colaborar, conspirando, con un país extranjero y con la oficina de inteligencia de ese otro país, es un hecho de lesa traición patria en cualquier parte del mundo. Los enemigos de la democracia vienen diciendo que el problema eran los comunistas, pero estos mismos liberacionistas asesinaron a su propio líder, el coronel Carlos Castillo Armas, cuando pretendió mantener y defender algunas de las reformas y alcances de la Revolución de Octubre. En la actualidad continúan viendo comunistas hasta debajo de las alfombras, ahora aliados con las mafias y con bendiciones evangélicas, luchando por hacer permanente la corrupción.

El anticomunismo, en suma, representaba no solo la visión del mundo del macartismo norteamericano, dentro del esquema de Guerra Fría, sino una adaptación local de de las tipologías fascistas importadas ya en los treinta por el general Jorge Ubico, las cuales habían transitoriamente disminuido y mantenido solamente latentes a causa de la gran ola mundial antifascista que coadyuvó a derrocar al régimen ubiquista en 1944. Con el advenimiento del macartismo y la Guerra Fría volvieron a la palestra política en Guatemala.

La Revolución del 20 de Octubre fue como un despertar de la modorra alienante de 14 años de dictadura. El espíritu era de recuperar el tiempo perdido. En los diez años que duró el proceso revolucionario, además de las leyes agrarias, la fundación del seguro social y la legislación laboral con un paradigmático Código de Trabajo, se alcanzaron grandes progresos en la cultura: fundación de la Orquesta Sinfónica Nacional, el Ballet Guatemala, la Escuela de Artes Plásticas, el Instituto Indigenista y la Facultad de Humanidades promovida personalmente por el presidente Juan José Arévalo en 1946. Se iniciaron las labores del Instituto de Antropología e Historia, la Editorial del Ministerio de Educación, la creación del Certamen Permanente de Ciencias, Artes y Letras, la Escuela Nacional de Danza y el Coro Nacional.

Se publicaron, como nunca antes en el país, revistas de arte y literatura, también se organizaron exposiciones, conciertos de música clásica y popular, giras el interior con grupos de teatro y talleres de arte y música en diferentes lugares de la República. Durante la década 1944-54, las prácticas literarias incluida la enseñanza e investigación universitaria y también la perceptiva o sea la lectura de obras, experimentaron un auge sin comparación histórica en el país. Los indicadores son el aumento de la producción editorial (un hecho notorio fue la fundación de la editorial Pineda Ibarra y la llegada del editor catalán Bartolomé Costa Amic para encargarse de la Colección 20 de Octubre), también la organización de las primeras ferias del libro y el surgimiento de grupos y organizaciones de artistas y escritores como el Saker-Ti, la Asociación Guatemalteca de Escritores y Artista Revolucionarios AGEAR, grupo Pro-letras, etcétera.

Se publican en ese período dos de las principales novelas de Miguel Ángel Asturias, El Señor Presidente en 1946 y Hombres de Maíz en 1949. Mario Monteforte Toledo, por su parte, dirige la Pineda Ibarra, donde publica Entre la piedra y la cruz en 1948 y Donde acaban los caminos en 1952.

El 20 de Octubre es marca imborrable de nuestra historia. La memoria colectiva debe otorgar un lugar de privilegio a aquella Revolución. Razones sobran. Una fecha en que lo mejor de la juventud guatemalteca, en patriótica unidad cívico-militar y con el notable liderazgo del joven oficial Jacobo Árbenz Guzmán, dieron al traste con la tenebrosa dictadura oligarca del general Ubico para dar inicio a la época más progresista que hemos tenido. Conmemorar los 74 años de la Revolución de Octubre significa hoy volver a la certeza de que el cambio SÍ es posible, siempre y cuando se asiente en la unidad amplia de todos los sectores democráticos y anticorrupción para derrotar a la oligarquía corrupta y sus aliados en el gobierno.

El filósofo Arévalo dio origen al presidente Arévalo. Anticipándose a su tiempo. Adelantando lustros. Fue visionario y dinámico. La idea de nación era el proyecto prioritario: “Unidos forjaremos una nueva Guatemala”, fue su lema. Y al sector mayoritario campesino e indígena no había “que incorporarlo”, sino “partir de que tienen su propia cultura”. El paradigma de Arévalo debe inspirar la dinámica y firmeza de los nuevos líderes. Y la transparencia y la honradez de los mismos.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Roberto Blum
La fragilidad de las democracias

“¿Qué significa todo esto? ¿Estamos viviendo el declive y la caída de una de las democracias más antiguas y exitosas del mundo?” Ojalá que no sea así.

noticia AFP
Perú destruye en 2020 unas 42,5 toneladas de drogas

El principal mercado de exportación de la cocaína peruana es Europa, donde ingresa por puertos africanos y España, según las autoridades peruanas.

noticia AFP
UE aprueba segunda vacuna contra el coronavirus

Los gobiernos de todo el mundo se plantean nuevas estrategias para acelerar las campañas de vacunación.



Más en esta sección

Las entrañas del poder VII

otras-noticias

Ocho décadas sin James Joyce

otras-noticias

Biden urge aprobar plan de rescate

otras-noticias

Publicidad