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Domingo

El emperador desnudo y su ejército de terracota


“¡Pero si no lleva nada!” –gritó, al fin, el pueblo entero. Aquello inquietó al Emperador pues sabía que el pueblo tenía razón más pensó: “Hay que aguantar hasta el fin”. Y siguió más altivo que antes.
– Hans Christian Andersen

El comportamiento del gobierno y la difusión de sus mentiras flagrantes me recuerdan la saga del escritor danés Hans Christian Andersen, publicada en 1837, y que nos cuenta la historia de un rey engreído que desfila desnudo por vanidad, engañado por facinerosos que lo asesoran, haciéndole creer que lleva el traje más elegante del mundo y que el atuendo es invisible. El rey se cree el cuento. El relato de Andersen suele utilizarse en el marco de la política como una metáfora para referirse a alguna verdad obvia que es negada a pesar de la evidencia, especialmente cuando es proclamada por el gobierno.

Y es que hemos tenido otra semana llena de sucesos inadmisibles, en el borde de lo increíble e insólito, pero desgraciadamente cierto para el país. Hechos que vienen a demostrar una vez más lo profundo de la crisis del Estado guatemalteco y el desgobierno del cómico de profesión Jimmy Morales.

La coyuntura actual también me recuerda al extravagante ejército de terracota en la China Antigua. Este ejército de terracota lo forman 8 mil figuras de soldados y caballos de terracota de tamaño real. Fueron enterradas en el mausoleo del autoproclamado primer emperador de China Qin Shi Huang en el año 210-209 A. C. Este emperador fue un tirano detestado que engañaba al pueblo y a la vez preservaba el poder con el uso brutal del Ejército. Murió lejos de la capital de China y sus funcionarios íntimos, que eran una especie de juntita asesora, decidieron no informar de inmediato pues temían una insurrección. Retornaron con el cadáver del emperador en una carroza cerrada donde fingía de que seguía vivo y pusieron otra carroza llena de pescado para confundir con el hedor, ya que el cuerpo del emperador se descomponía. Al llegar a la capital anunciaron su fallecimiento y lo enterraron en el mausoleo que había mandado hacer él mismo, “protegido” por un ejército de figuras de terracota. Vano y en realidad ridículo ejemplo de mostrar fuerza. La dinastía fue destronada y el ejército de terracota permaneció oculto hasta 1974 cuando fue casualmente descubierto. Este ejército de terracota me recuerda al guatemalteco, sin equipos, sin capacidad, sin eficiencia frágil como una figura de terracota pero mostrando una agresividad para asustar al pueblo como es el caso de las figuras de terracota que dejara el emperador chino.

La coyuntura explota. La situación se torna insostenible. Ingobernabilidad y acciones de las mafias incrustadas en el Estado y en el Ejército. Ya vimos los bonos militares ilegales hace unos meses. También los gastos inescrupulosos en artículos de lujo del Presidente como los anteojos de 21 mil quetzales, las sospechas en torno a las 43 niñas muertas en el Hogar Seguro y ahora de nuevo con el financiamiento ilícito. Sin embargo, Jimmy Morales continúa con su discurso de polarización y odio contra todo lo que considera adverso. Ve enemigos por todas partes y acrecienta el tono autoritario. Habla de unidad nacional atrincherado en su ejército de terracota. Inaugura obras que él mismo no comenzó y habla de su buen gobierno como el emperador desnudo hablaba de su elegantísimo traje al pueblo incrédulo. Ataca a la ONU porque no responde a sus intenciones de romper el acuerdo de la CICIG, lo hace él mismo y por medio de su insolente y nada diplomática canciller Sandra Jovel, ella misma relacionada penalmente con un caso de adopción ilegal. El gobierno ha puesto al país en aprietos diplomáticos y la imagen de Guatemala es desastrosa en el extranjero, lo que traerá consecuencias económicas como menos inversión, perder dinero de la cooperación y alejar al turismo.

Arremete el mandatario contra la Universidad de San Carlos cuando es declarado non grato por el Consejo Superior Universitario. Critica sin base, en realidad increíblemente torpe en este ataque, al Tribunal Supremo Electoral que está a punto de cancelar a su corrupto partido el Frente de Convergencia Nacional FCN. En este partido convergieron corruptos y militares autoritarios.

En la foto de la prepotencia y el amedrentamiento, tomada el día que anunciara que echaría a la CICIG, solo le faltó el coronel prófugo de la justicia y fundador del FCN Edgar Puñalito Ovalle. Y lo más grave: anuncia y amenaza con un golpe de Estado institucional al insinuar que no obedecerá las resoluciones de la Corte de Constitucionalidad. Todo este zafarrancho de deslices y declaraciones infortunadas lo hace con el apoyo abierto del llamado Pacto de Corruptos en el Congreso, donde se intenta legislar maliciosamente para liquidar la separación e independencia de poderes. Es decir, poner fuera de combate al Organismo Judicial a través de reformar la Ley de Antejuicio con miras a consolidar defensivamente la impunidad. Un Pacto de Corruptos encabezado por diputados acusados también por la CICIG por corrupción y delitos similares, como el señor Felipe Alejos.

La situación recuerda al general Otto Pérez Molina cuando quería también que se fuera la CICIG, como siguen ahora queriéndolo las facciones de ultraderecha autollamadas antiterroristas junto a la banda de diputados del FCN que creyeron llegarían a disfrutar del perverso mecanismo de corrupción construido por el Partido Patriota y las estructuras que utilizaron durante el conflicto armado para robar y reprimir. Una maquinaria abominable de corrupción que fue descubierta por la CICIG en los emblemáticos casos de Cooptación del Estado y el de La Línea. Pérez sabía que estaba embarrado, como también sabe Jimmy Morales que él, su hijo y su hermano lo están por diversos delitos.

El Ejército guatemalteco no está a salvo de la corrupción estructural. Un funcionario europeo me señalaba que durante el conflicto armado nunca hubo batallas en Guatemala, solo masacres. Por eso se le denomina “de baja intensidad”. Ni una sola batalla, me aseguró. No hubo tampoco prisioneros solo ejecuciones extrajudiciales y desaparecidos. Agregaba el funcionario que durante el conflicto armado había muchos generales de brigadas que tenían en el papel 3 mil 500 elementos, oficiales, suboficiales y especialistas. Es decir 3 mil 500 sueldos, 3 mil 500 desayunos, almuerzos y cenas y muchos otros gastos. Pero estaban solamente en el papel ya que el presupuesto de tales brigadas iba a los bolsillos del comandante y su equipo. Si no hubiera habido guerrilla la hubieran inventado.

En la actualidad tenemos figuras como el coronel Ariel Salvador de León, segundo comandante regional de Occidente, en Quetzaltenango, sindicado de ser un colaborador de nada menos que de la Mara Salvatrucha. Según los señalamientos del MP, este militar manejó 14 millones de quetzales y más de cien mil dólares en diversas cuentas bancarias. Hace dos meses otro coronel, Otto Fernando Godoy Cordón, oficial de la Dirección de Personal del Estado Mayor de la Defensa Nacional fue arrestado en relación al hallazgo de una avioneta cargada de droga. Sigue la situación del general Melgar Padilla, ahora bajo arresto en su propia base militar, hermano de un diputado del FCN. El general es acusado por la CICIG y el MP de delitos gravísimos que pueden llevar a demostrar el parricidio. Y más recientemente la detención del coronel retirado Otto Bernal Ovando por el develado caso de Seguridad y Transporte.

En definitiva, cuando oímos decir a Jimmy Morales sus mentiras y tergiversaciones agresivas, nos acordamos del emperador desnudo. Jimmy está desnudo de moral, de verdad y de capacidad para el puesto de Presidente. Y los mandos del Ejército y sus tropas amenazantes se parecen al ejército de terracota del antiguo emperador chino. La verdad acabará por desnudar totalmente a Jimmy y desmoronará a sus soldados de terracota. No nos cansaremos de recordar la advertencia de un presidente norteamericano, Thomas Jefferson: “el arte de gobernar es el arte de ser honesto”.

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