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Domingo

El incierto porvenir de San Juan Alotenango


Un pueblo que pasa de la solidaridad a la discordia y que lucha por levantarse para volver a la normalidad después de la tragedia del volcán de Fuego.

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Ha pasado mes y medio después de la tragedia del volcán de Fuego y la calma parece retornar al municipio de San Juan Alotenango, Sacatepéquez. Es una tarde soleada. Las mujeres lavan ropa y platican en la pileta comunal, mientras los niños juegan un partido de fútbol en el parque municipal. A un costado, la iglesia de estilo colonial recién pintada y remozada. Muy cerca, en la estación de Bomberos Voluntarios, se erige un pequeño altar en honor de los dos rescatistas caídos, aún con tarjetas y flores de papel que dignifican su heroica tarea y les recuerda ese fatal 3 de junio.

El recuento de daños después de la tragedia reporta un promedio de más de 800 afectados del lado de Sacatepéquez. Un total de 206 personas evacuadas del caserío El Porvenir, Alotenango y pobladores de cinco viviendas de la comunidad San José Las Lajas, según la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred). Con la emergencia llegaron a ocuparse dos escuelas oficiales y dos centros privados convertidos en albergues, en donde permanecen hasta el momento 764 personas. Otras cuatro escuelas pasaron a ser centros de acopio. En estas aulas han convivido, desde hace seis semanas, grupos familiares a la par de costales de ropa y pertenencias que han llegado de todas partes del país y de donantes internacionales.

Miles de lugareños también sufrieron los embates y secuelas del desastre. Perdieron sus cosechas; la carretera RN-14 que los conecta con Escuintla, quedó inhabilitada, los niños dejaron de asistir a clases durante cinco semanas y padecen daños a la salud por los efectos de la ceniza. Se consideran afectados y demandan la ayuda del Gobierno.

De allí que los gestos de solidaridad y apoyo manifestados en un principio por los vecinos de la localidad, se han ido desvaneciendo hasta convertirse en motivo de discordia y rechazo. Según expresan, los albergados han recibido ayuda en exceso, la cual, aseguran, se ha desperdiciado y ellos también la necesitan. Por otro lado, su demanda más notoria es que sus hijos han faltado un mes a clases y serán atendidos solamente durante dos horas en unas carpas.

Convivir con el coloso

San Juan Alotenango es un poblado de 95 kilómetros cuadrados, ubicado a 12 kilómetros de La Antigua Guatemala y a 57 km. de la ciudad capital. En el 2009, su población estimada era de 20 mil 906 habitantes, según la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan).

Se sabe que sus pobladores han convivido con los retumbos que suele lanzar el coloso desde que se asentaron en este punto en el siglo XVI. Según crónicas, esta comunidad estaba ubicada en finca Candelaria, pero las frecuentes correntadas que descendían del volcán durante el invierno los obligaron a pensar en su traslado, unos cuatro kilómetros hacia el norte, hasta el lugar donde se asienta actualmente.

De esa cuenta, la constante actividad volcánica ha pasado a ser normal, al punto que a todos los tomó por sorpresa las dimensiones de la erupción, la más fuerte en la historia reciente. La avalancha de flujos piroclásticos alcanzó más de 10 mil metros de altura. Ocasionaron, hasta el momento, un promedio de 113 muertos, 331 desaparecidos, 1.7 millones de personas afectadas, casi 13 mil personas evacuadas, además de pérdidas millonarias en la agricultura y daños en la infraestructura a su alrededor, puentes, carreteras, escuelas, viviendas y red eléctrica. Del lado de Sacatepéquez, se reportaron cifras oficiales de nueve fallecidos y siete desaparecidos, aunque Oswaldo Sanrey, de los Bomberos Voluntarios, estima que las pérdidas humanas ascendieron hasta 35 personas.

Los pobladores de El Porvenir fueron los más afectados. Esta área no fue declarada inhabitable por Conred, pero es zona de alto riesgo. Muchos consideran regresar a sus inmuebles, aunque no hay certeza de cuándo podrán volver, o si los ubicarán en otro lugar.

Descontento generalizado

En el parque de Alotenango, un grupo de mujeres se reúne para expresar su descontento con la situación que se vive, puesto que lejos de ser mejor, se ha vuelto negativa en muchos aspectos. Se sienten marginadas de la ayuda recibida por sus vecinos de El Porvenir y argumentan que sus familias también salieron perjudicadas con la emergencia. “Hay muchos que no fueron afectados y están recibiendo bastante, nosotros nada. Todos tenemos necesidad”, expresa Amarilis Navas, madre de cinco hijos.

“Están exagerando la ayuda. Mucha gente llegó a los albergues solo por esa razón y no les pasó nada”, reclaman. “Hay gente con buenas casas recibiendo apoyo como que fueran pobres. Van a poner tienda con todo lo recibido”, afirman.

Otra vecina agrega: “Los víveres están amontonados y ya se les están venciendo los alimentos. La ropa que les regalaron la están tirando al barranco”. Además, se quejan de que la gente de los albergues se va hasta la gasolinera de la entrada del pueblo a esperar la ayuda en forma directa, para que no ingresen hasta el centro de la ciudad.

Uno de los motivos del descontento generalizado es que sus hijos han faltado a clases durante un mes. Con la tragedia, dos escuelas de Alotenango se convirtieron en albergues y cuatro más en centros de acopio. Ahora que reinician clases, lo harán bajo carpas, no en los edificios a los que solían llegar, además los niños van a acudir solo media jornada, lo que tampoco es suficiente para aprender y tenerlos más ocupados.

Por otro lado, los daños en las cosechas de maíz y café también han tenido un impacto negativo en la economía de sus hogares, por la escasez de trabajo en el campo.

Una señora que trabaja en una finca de hortalizas dice que el salario apenas si le alcanza. “Me pagan Q6 la hora por cortar zuchinni. A veces solo sale para dos horas”. “¿Qué es ganar?”, se pregunta. “Ni para abonar lo contratan a uno”, agrega otra.

Para María Cuxil, madre de tres niños, lo que más les ha afectado en su familia es el cierre de la carretera RN-14. Su esposo solía viajar hacia Escuintla por esa ruta por distintos trabajos. Ahora, de pagar Q10 por el pasaje, le toca desembolsar casi los Q50, pues debe ir a dar la vuelta hasta Bárcenas.

Navas y sus compañeras demandan ayuda del Gobierno para volver a levantar las cosechas, pues los escasos ingresos solo les dejan margen para alimentarse. “Hablan mal de nosotros, pero en realidad cada quien conoce su necesidad”, expresa Cuxil.

Sobreviviendo

Wendy Paola Méndez, de 35 años, vive desde hace seis semanas en el albergue de la Escuela Mario Méndez Montenegro, el más numeroso con 459 personas. Cuenta que el rechazo lo ha percibido desde hace varias semanas por lo que siente miedo de salir sola a las calles de Alotenango. El brazalete que llevan en la muñeca los hace fácilmente identificables y sujetos a las amenazas. “Me preguntaron por qué razón venimos al pueblo, que si estamos aquí nos tenemos que aguantar, pues la ayuda es para todos”, indicó. Aunque admite que todavía no han tenido ningún incidente, procura salir a la calle acompañada por su hija.

Afirma que vivir en el albergue no ha sido fácil. Hay familias que se han ido porque no aguantaron estar conviviendo en un espacio tan reducido. También ha costado adaptarse al menú diario, pues no varía de ser el mismo: arroz cocido, frijoles y huevos revueltos.

La antropóloga Irmalicia Velásquez Nimatuj considera que el actuar confrontativo de las comunidades, es una respuesta al sistema que permanentemente le ha quitado a las poblaciones lo poco que tienen o que les queda esto es consecuencia de que no encuentran respuesta del Estado a las necesidades que por ley debe cumplir. “Por eso, ante la pobreza, el abandono, la ignorancia permanente y al no acceder a interlocutores que trabajen por establecer el equilibrio social a través de una adecuada gobernanza desde lo local hasta lo nacional, es normal que las diferencias se agudicen, con el peligro de que se transformen en el inicio de enfrentamientos entre sectores pobres por la ausencia permanente del Estado”.

En su opinión, las autoridades responsables de trabajar por mantener la estabilidad social, no están actuando por el bien común, al contrario, están concentradas en usar los cargos públicos para mejorar sus negocios o perpetuarse en el poder, dejando que la población resuelva como ellos puedan las múltiples diferencias o problemáticas que deben enfrentar después de que ocurren desastres naturales o tragedias provocadas por irresponsabilidades. “Precisamente, las tragedias, a lo largo de la historia de Guatemala, han sido aprovechadas por las autoridades que están al frente de las instituciones para promover la corrupción, siendo este un problema generalizado que se reproduce a todo nivel”, afirma. Resalta también que el Estado tiene la responsabilidad de acompañar de manera holística a las personas y poblaciones que sobreviven desastres, lo que incluye el acompañamiento psicológico para enfrentar los traumas individuales y colectivos que les permitan cerrar círculos de dolor y pérdidas, para que puedan retomar sus vidas.

Fernando Rodríguez, director departamental de educación de Sacatepéquez, indica que en lo que respecta al reinicio del ciclo escolar, se han generado los espacios para volver a la normalidad, aunque todo es resultado de un proceso gradual. Ciertamente, ante la emergencia, los centros educativos fueron utilizados como centros de acopio, pero se están buscando soluciones en conjunto con la Municipalidad, para desocuparlos pronto y que los estudiantes puedan regresar a los edificios escolares. “Todo esto es un esfuerzo interinstitucional”, expresó.

Otro de los temas a discutirse es si los pobladores de El Porvenir podrán regresar a su comunidad o serán trasladados a otro lugar. David de León, vocero de la Conred, indica que el dictamen es que esta zona está en un mapa de amenaza alta por los lahares y flujos piroclásticos. De manera que el análisis y traslado o no, corresponde analizarlo y decidirlo a las autoridades municipales y gobernadores, apoyados en las evaluaciones técnicas del caso.

En respuesta a esto, José René Sul Pamal, secretario de la Municipalidad de Alotenango, indicó que el Concejo Municipal pidió una ampliación del estudio científico de la Conred para tener mayor claridad en la delimitación del área de zona de alto riesgo de una amenaza alta. “En este momento, no es posible ni recomendable volver a habitar el lugar”, indicó.

Por tal razón trabajan con premura para terminar los albergues unifamiliares y poder trasladar a ese punto a los albergados y los estudiantes puedan regresar a sus escuelas en unas cuatro semanas, indicó. Respecto a los daños en las cosechas, comenta que se está gestionando con el Ministerio de Agricultura para que determine cuántos recibirán apoyo en especie para volver a levantar sus cultivos.

Un recuento general de los días transcurridos puede resumirse en la honra a los héroes caídos, el reinicio de clases, la construcción de los albergues transitorios y comenzar a desocupar los centros de acopio para trasladarlos a otras bodegas. Hace falta dictaminar si El Porvenir volverá a ser habitable o no. También hace falta restaurar el tejido social, curar las heridas emocionales y las penas comunes que les permitan vislumbrar si el porvenir se presenta oscuro o esperanzador.

Lugar del maíz tierno

Los orígenes de Alotenango se remontan a la época prehispánica. Fue mencionado por el personaje Vucub Caquix o Siete Guacamayo en el Popol Vuh. Su fundación se calcula alrededor de 1530 cuando los kaqchikeles fueron a dar obediencia al Adelantado. En la etimología Náhuatl su nombre significa “lugar rodeado de elotes” o “lugar del maíz tierno”. Más tarde, los españoles lo nombraron San Juan Alotenango.

Una leyenda contada por los indígenas de Alotenango refiere que el volcán de Fuego recibió este nombre por sus constantes erupciones. Cuando unos sacerdotes españoles intentaron bautizarlo con el nombre de “Catarina”, este se negó rotundamente a recibir las aguas bautismales, provocando una erupción muy violenta que arrojó la cruz del obispo hasta la ciudad de Santiago. A partir de entonces, los sacerdotes tuvieron miedo del coloso y no intentaron cambiarle más de nombre.

En el siglo XIX; el pueblo de Alotenango fue un punto de partida para los primeros ascensos al volcán de Fuego por parte de los exploradores. Los primeros relatos corresponden al escritor Eugenio Dussaussay en 1881. Una segunda expedición se hizo en 1892 liderada por el arqueólogo inglés Alfred Maudslay y Otto Stoll, quienes logran llegar al cráter.

El estudio más reciente sobre este municipio corresponde al plan de desarrollo municipal de la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplan) en el 2009 en donde evalúa, entre varios temas, las condiciones de pobreza. Para entonces, la pobreza general era de 61.2 por ciento y la pobreza extrema en un 10.02 por ciento. El plan identificó una problemática de riesgo ambiental derivada de una serie de amenazas como inundaciones, derrumbes y erupciones volcánicas, así como la carencia de una coordinadora local de riesgos y desastres.

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